::1:: ANTOLOGÍA 2024 CONVOCATORIA 2024 Los cuentos, poemas y dibujos que conforman esta Antología fueron realizados por niños, niñas, jóvenes y adultos de todo Chile para el concurso Historias de Nuestra Tierra, que organiza FUCOA gracias al apoyo del Ministerio de Agricultura. ANTOLOGÍA
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::2:: Fundación de Comunicaciones, Capacitación y Cultura del Agro, FUCOA. Ministerio de Agricultura Coordinación de contenidos Área de Cultura y Extensión, FUCOA Diseño y diagramación Área de Diseño, FUCOA Portada Caroline Carmona Aravena, Área de Diseño, FUCOA Edición Cuento mayor de 14 años: Cristian Triana Doza Poesía: Francisca Werth Coello Cuento menor de 14 años: Juana Inés Casas Corrección de texto: Área de Cultura y Extensión, FUCOA Ilustradores Sara Viloria Norono Daniels Charmay López Mariel Sanhueza Venegas Dannaé Álvarez Rivas Tomás Olivos Achurra Valeria Araya Tamayo Derechos reservados El presente libro no puede ser copiado, reproducido, distribuido, publicado, difundido ni en todo ni en parte, ni archivado ni transmitido por ningún medio mecánico, ni electrónico, de grabación, fotocopia, microfilmación u otra forma de reproducción sin la autorización escrita de FUCOA. Inscripción Registro de Propiedad Intelectual N° 2025-P-1896 ISBN: 978-956-7215-83-6 Marzo 2025, Santiago de Chile. Imprenta: A Impresores
::3:: ANTOLOGÍA 2024 PRESENTACIÓN MINISTERIO DE AGRICULTURA 9 ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Jurado 12 Palabras del jurado 13 PREMIOS NACIONALES El entierro, Javiera Padilla Aedo. Región de La Araucanía 15 La cantinera auquincana, Alonso Fonseca Paredes. Región de O'Higgins 17 El chanchito de Pomaire, Mila Yurac Waltemath. Región de Antofagasta 21 La tierra de la felicidad, Francisco Cravero Huenuqueo. Región de La Araucanía 25 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA El círculo de Azapa, Sebastián Altamirano Leiva 27 El valle de la novia, Josefa Escobar Navarro 28 El pez dorado, Dominique Mardones Castillo 29 REGIÓN DE TARAPACÁ Textiles mágicos, Demian Quezada Egaña 31 Cuadros, Karen Quispe Escarza 32 Cálida tierra, Luz Huaracha Mayta 34 REGIÓN DE ANTOFAGASTA El diablo en Parinacota, Mila Yurac Waltemath 35 REGIÓN DE ATACAMA El renacer de la esperanza, Dana Reyes Álvarez 37 El caballo que llega hasta las puertas de Huasco, Victoria Saldaño Bernales 39 La chinchilla y el chanchito de tierra, Francisca Chávez Castro 41 REGIÓN DE COQUIMBO Don Gregorio y las abejas del entierro, Yoeli Anjel Arancibia 43 Emilio y la luna, Francisco Torrejón 45 Un perro fiel, Mauro Aracena Arellano 46 REGIÓN DE VALPARAÍSO La carroza, Mariano Espinoza Bustamante 47 El legado del campo, Valentino Cantellano Sánchez 48 Las almas de las esculturas, Mia Cisterna 50 REGIÓN METROPOLITANA El favor, Camila Vilches Ramírez 51 Cristian y su curiosidad, Dafne Gómez 52 El campo misterioso, Alonso Reyes Pino 54 ÍNDICE
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::4:: REGIÓN DEL LIBERTADOR GENERAL BERNARDO O'HIGGINS Los caballos de la independencia de Chile, Sebastián Púa Valenzuela 56 Mi aventura en el golf, Josefa Vera Aránguiz 57 REGIÓN DEL MAULE Licantén: una historia de valor y amistad, Laura Hernández Ávalos 58 Del vino a la verdad y de la verdad al corazón, Amelia Gonzáles Sepúlveda 60 El pebre más rico del mundo, Francisco Morales Cerpa 61 REGIÓN DE ÑUBLE El racimo de uva dorado, Fernanda Fuentealba Rojas 63 Pintando el bosque, Ana Utreras 65 Días de amor, Valeria Cerda 67 REGIÓN DEL BIOBÍO El puma que se bebió mi vino, Jhasper Sánchez Vargas 69 La humita, Maximiliano Antonio Calonge 71 El farero del bosque, Celeste Ces Garrido 72 REGIÓN DE LA ARAUCANÍA El Chukao sabio, Fernando Rodríguez Ovalle 74 La tragedia de los mineros del sector Lucero, Maythe Muñoz Mora 76 REGIÓN DE LOS RÍOS El duende prendado, Edgardo Poblete Poblete 77 Una tarde en casa de la Lela, Emilia Becker Castro 79 El viaje a Coique, Agustina Jaramillo Baeza 81 REGIÓN DE LOS LAGOS La doncella del lago, Joaquín Ascencio Velásquez 82 La leyenda de Vicente Pérez Rosales, Maite Navarrete Jochannes 83 REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO El canto de los ventisqueros, Ramón Miranda Araya 84 Guardianes de la Patagonia, Ramón Miranda Araya 85 La historia de la Patagonia rural, Kazandra Haymar 86 REGIÓN DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA Preciosa, la corderita regalona, Milena Noria Bauk 87 El tesoro de las estrellas: la leyenda de Isla en Magallanes, Sebastián Villa Cárdenas 90 El poder de una flor, Mladen Monsalve Águila 92 HISTORIAS CAMPESINAS Jurado 96 Palabras del jurado 97 PREMIOS NACIONALES El arriero que dormía el sueño eterno, Paulina Aros. Región de Valparaíso 99 El cura peregrino, Pablina Galleguillos Pizarro. Región de Coquimbo 103 Huellas en el Paso de los Chanchos, José Muñoz Serón. Región de Aysén 105
::5:: ANTOLOGÍA 2024 El orgullo de ser lakita, Loreto Fernández Leiva. Región de Tarapacá 109 Herna, Paula Troncoso Velásquez. Región de La Araucanía 113 Las palomitas de La Ligua, Giorgio Vaccaro Alcayaga. Región de Valparaíso 115 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA Generaciones, Andrea Balderas Zamora 118 La llorona de los muertos, Jürgen Baumann Galleguillos 120 Las desventuras de Primitivo Choque, Hernán Chávez Cabello 121 REGIÓN DE TARAPACÁ La escafandra de Hualaihué, Gonzalo Ramírez Sáez 124 El misterio de Ño Carnavalón, Arhantxa Abreu Luzardo 127 El guardián de los sueños, Maximiliano Arriagada 128 REGIÓN DE ANTOFAGASTA La carretilla, Luis Aciares González 130 Mañungo el chungungo, Any Roa Bravo 132 El alma en busca de paz, Alejandra Tello Salvatierra 134 REGIÓN DE ATACAMA Mi hermana Tencha, Juan Poblete Ramírez 135 ¿Mi amigo es un asesino?, Carmen Castells 138 Corre y Vuela, Milko Urqueta Torrejón 140 REGIÓN DE COQUIMBO La Ésta, Mirna Veliz Contreras 143 Un suceso memorable, Rodrigo Pizarro Cortés 145 REGIÓN DE VALPARAÍSO Ngarau Hiva Aringa e Rua: El guerrero de los dos rostros, Sandra Abarca Faría 147 El desconocido, Abel Moyano Olivares 149 REGIÓN METROPOLITANA Tras la huella de la santiguadora de San Pedro de Melipilla, Estefanía Toro Rosález 151 Los últimos arpegios, Rita de La Fuente Faúndez 154 La soga, Cristian Lagos Fernández 156 REGIÓN DEL LIBERTADOR GENERAL BERNARDO O'HIGGINS La animita de los boldos, Luis Ibarra González 158 La carreta negra, Héctor Peña Cubillos 161 La Gollita, como me la contó Manelo, José Contreras Zamorano 164 REGIÓN DEL MAULE El tazón de porcelana, Vilma Leyton Miranda 167 El huaso no comprendido, Allan Henríquez Escobar 170 El vuelo de la loica, Franco Fornachiari 171 REGIÓN DE ÑUBLE Valores, Juan Pablo Garrido Urrejola 174 La manta campesina, Gonzalo Jeldres Meza 177 Una dulce espera, Yarikza Torres Gajardo 178
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::6:: REGIÓN DEL BIOBÍO Cabecitas rosadas, Ivette Bouldres Valenzuela 180 Alma de la fiesta, Elizabeth Valenzuela Pulgar 181 El Justino, Sergio Melgarejo Fuentealba 183 REGIÓN DE LA ARAUCANÍA Nunca habrá un adiós, Oscar Medina Maureira 186 Millamán, cóndor de oro, Luis Narváez Vilche 189 El hombre de sal, Luis Viscarra Astudillo 191 REGIÓN DE LOS RÍOS La última cena de quien nace chicharra, Nataly Lagos Montecinos 193 Un saco de perros, Camilo Gómez Gómez 195 Los bolseros, Iván Espinoza Riesco 198 REGIÓN DE LOS LAGOS La noche de los chalilos, Jorge García Fuentealba 200 Regalo, Mirna Yáñez Paillayao 203 Día de escuela en las islas, Luis Soussi Contreras 205 REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO Clara Morales, Victoria Foster Muci 208 Un hombre extraordinario, María Quintana Sánchez 210 REGIÓN DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA Cuatro Generaciones, Maritza Loaiza Medina 213 El desafío de los castores, Patricio Díaz Flores 215 Lección de honradez en Navidad, Carlos Burnes Torres 217 POESÍA DEL MUNDO RURAL Jurado 222 Palabras del jurado 223 PREMIOS NACIONALES Defensa del agua, Juan Carlos Robles Robles. Región de Coquimb 225 Faltan palabras, Andrea Carvajal Almonacid. Región de Tarapacá 227 El huaso León, Camilo Gómez Gómez. Región de Los Ríos 229 Mawidanche, Álvaro San Martín Mera. Región de La Araucanía 231 Soy pampino, Osvaldo Piñones Olmos. Región Metropolitana 235 El motemei, Jorge Quezada Morales. Región Metropolitana 239 REGIÓN ARICA Y PARINACOTA Mara T’aqa, Walter Flores Velásquez 240 Las salitreras murieron, José Morales Salazar 242 Los pueblos de quebradas, Graciela Valencia Flores 244 REGIÓN DE TARAPACÁ Algo llamado Willancha, Héctor Barraza Ahumada 245 El despertar diaguita del fin del tiempo, Andrea Carvajal Almonacid 246
::7:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE ANTOFAGASTA Cultivo en las alturas, Tania Sepúlveda Inzunza 248 El abuelo que llora, Tania Sepúlveda Inzunza 249 Geografía, Gustavo Tapia Araya 250 REGIÓN DE ATACAMA La recién venida, Andrés Pulgar Marín 251 Seguir sembrando, Wilson Díaz Plaza 252 Jardín de Atacama, Wilson Díaz Plaza 253 REGIÓN DE COQUIMBO Hombres de Cordillera, Juan Carlos Robles Robles 254 Silueta vital, Rodolfo Milla Araya 255 REGIÓN DE VALPARAÍSO La montaña, Carolina Ferreira Soto 256 ¿Me ayuda vecina?, Rose Butto Gallardo 257 Ngenechen, Luis Gajardo Olavarría 258 Madre araucana, Cecilia Vargas Retamal 259 REGIÓN METROPOLITANA Infancia de Chile, Gastón García Sepúlveda 261 Un pedazo de campo, Dauno Totoro Navarro 263 Juana Espinaza cuenta cómo ojearon a su hermana en Panimávida, Daniel Viscarra Aranda 265 La partida, Jorge García Villagra 267 REGIÓN DEL LIBERTADOR GENERAL BERNARDO O'HIGGINS Estero de Peor es Nada, Pilar Leiva Cáceres 269 Chile, entre temporales, Tomás Marambio Cornejo 271 Maestro rural, Claudio Ramírez Lagos 272 REGIÓN DEL MAULE Ser campo, Felipe Maturana Molina 274 Calzado de ojotas y vestido de sueños, Braulio Alfaro Gatica 276 Inundaciones, Berlín Correa Hernández 277 REGIÓN DE ÑUBLE No todo lo que brilla es oro, Nicole Contreras Aguayo 278 Uvas carmelinas, Gonzalo Jeldres Meza 280 Génesis de un artesano, Mariana Riquelme Navarrete 281 REGIÓN DEL BIOBÍO Fruta y sol, Cecilia Muñoz Franulic 283 La cantora y su guitarra, Blanca Reyes Esparza 284 De Quilín p´adentro, Rosa Inostroza Rodríguez 286 REGIÓN DE LA ARAUCANÍA Choique pürún, Kamila Rosales Ballesteros 288 Quiero fundirme con el río, Rodrigo Leiva Leiva 289 Hombre de la tierra, Laura Cancino Faúndes 290
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::8:: REGIÓN DE LOS RÍOS Río Quinchilca de ensueño, Ramón Vergara Gallegos 291 Venían, Erwin Nettig Rosales 293 REGIÓN DE LOS LAGOS Augurio, María Burgos Soto 295 Deseo a[u]stral de equinoccio de otoño, Constanza López Cabello 296 Anümka Trekakelü, Sara Aucapan Aucapan 298 La última gota del sur, Julio Torres Sánchez 299 REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO Décimas del hambre, Moisés Araneda Galarce 301 Atardeceres del lago General Carrera, Idania Yáñez Avilez 303 María, Erik Varas Manríquez 304 REGIÓN DE MAGALLANES Y DE LA ANTÁRTICA CHILENA El mapa de mi infancia, Moira Aicon González 306 Elegía de voces apagadas, Rodrigo Gaete Salazar 308 Me crece en el alma Patagonia, María Barrientos Bahamóndez 310 DIBUJO Jurado 314 Palabras del jurado 315 EDUCACIÓN BÁSICA La leyenda de la carreta del diablo, Trinidad Zamora Delgado 316 El Tue Tue, Josefa Espínola Fernández 317 La casa de los sueños, Amalia Salas Gajardo 318 Granja mítica del sur, Lilian Buschmann Haro 319 Monstruo del lago Ranco, Ángela Maturana Sepúlveda 320 La minga en Puerto Cisnes, Isaías Klocker Runin 321 EDUCACIÓN MEDIA Un clásico, Fernanda Zambrano Cancino 322 Buscando ranas, Aiko Mejías Nishimura 323 La mariscadora, Rosario Sandoval Guaquiante 324 El viaje misterioso de la Cuca cordillerana, Roger Sanders Marabolí 325 Pawa, Elizabeth Sánchez Molina 326 La travesía, Nora Garrido Nactosch 327
::9:: ANTOLOGÍA 2024 CLAUDIO URTUBIA CORNEJO Director Ejecutivo FUCOA ESTEBAN VALENZUELA VAN TREEK Ministro de Agricultura Santiago, marzo 2025 PRESENTACIÓN MINISTERIO DE AGRICULTURA El presidente Gabriel Boric ha manifestado su constante preocupación por los niños, niñas, adolescentes y jóvenes, interés que ha transformado en acciones concretas durante este período de Gobierno. El concurso Historias de Nuestra Tierra, ya en su versión 32, asume esta prioridad presidencial, acogiendo la creación y sensibilidad de centenares de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de todo el país, abriendo espacio a su voz, su diversidad y al colorido de sus vivencias con la naturaleza, con sus mayores y, a través de ellos, con la riqueza de las tradiciones y relatos de nuestros campos. En el trazo de sus dibujos y en sus relatos, nuestros jóvenes creadores y creadoras recrean leyendas como las de los entierros, el chanchito de tres patas de Pomaire, la carreta del diablo o el Tue Tue. Pero también indagan en ese mundo perdido que tiene su sede deseada en el espacio rural, donde está la casa de los sueños o la tierra de la felicidad, escenificadas en relatos de niños de Quinchao en Chiloé o en la Araucanía. No hay novedad en la fortaleza creativa de nuestra infancia, adolescencia y juventud, como lo ha destacado el presidente Boric. Tampoco en que ella se refleje en los cuentos y dibujos de Historias de Nuestra Tierra. Pero cada año recibimos con alegría el aire fresco que nos traen las obras de autores y autoras, sobre todo los más jóvenes, sustentadas en los valores que les han transmitido sus ancestros, valores que movilizan día a día la vida en el mundo rural.
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::10::
::11:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS Me lo contaron mis abuelitos Cuentos escritos por niños, niñas y jóvenes menores de 14 años
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::12:: JURADO NACIONAL CATEGORÍA CUENTO MENOR JOSEFINA HEPP Es agrónoma, máster en Protección y Manejo Ambiental de la Universidad de Edimburgo y doctora en Ciencias de la Agricultura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. También es escritora de libros infantiles informativos y de ficción, como La época de las semillas (2020), De brujas caprichosas y hadas desencantadas (2022) y Auxilio, socorro. Historia de un malentendido (2020), que escribió junto a su padre. LUZ REYES Es directora ejecutiva de IBBY Latinoamérica y el Caribe y presidenta de IBBY Chile, coordinadora del Premio de Literatura Infantil y Juvenil Medalla Colibrí 2014-2021 y la colección de libros para mediadores de lectura “Alas de colibrí”. Profesional en el programa de Bibliotecas Escolares CRA del Ministerio de Educación y actualmente como profesional de la coordinación de Fomento Lector del Sistema Nacional de Bibliotecas Públicas del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio. NICOLÁS CRUZ Escritor y guionista. Licenciado en Literatura Creativa con Mención en Edición en la Universidad Diego Portales. Con estudios de guión en Escuela de Guión Guionarte (Buenos Aires, Argentina). Es autor de los libros El golpe; No le debo nada a Bolaño y otros delirios; El Cristo Gitano; Narraciones quiltras; Plegarias a la Virgen de la Revolución, y los libros infantiles Leo León, las asombrosas aventuras de un perro campeón, El viaje del guarén Abelardo; y De allá y de acá, libro escrito para la OIM (ONU).
::13:: ANTOLOGÍA 2024 PALABRAS DEL JURADO CATEGORÍA CUENTO MENOR “Existe una historia muy antigua…” que se va contando de generación en generación. “En un hermoso lugar…” donde crecen libres los hualles, canelos, arrayanes, maquis y copihues. Algunos de estos relatos nos llevan lejos, a valles remotos, en busca de tesoros y entierros. En el camino aparecen personajes improbables: mesas, carrozas, cueros, también brujos, fantasmas y otros viejos conocidos del campo; nos hablan en un lenguaje que nos atemoriza a la vez que nos fascina. Encontramos además la voz cálida de las abuelas, ¿y quién no querría quedarse a escuchar cómo tejen sus cuentos? Aprendemos a hacer pebre y humitas, observamos animales en sus misteriosas andanzas, nos dormimos a la luz de la luna, viajamos en el tiempo y regresamos. En la selección de este año hay una variedad de voces que muestran inquietudes e intereses de la vida moderna pero, sobre todo, costumbres y temáticas que nos acompañan desde antaño. Su transformación en relatos originales, no necesariamente perfectos, pero que revelan una actitud atenta, una emoción respecto al territorio, una alegría y una libertad en la creación literaria, es lo que quisimos destacar como jurado. Con la masificación de la inteligencia artificial, nos enfrentamos al desafío de describir lo que vemos a nuestro alrededor, lo que hemos oído o nos han contado, manteniendo una voz propia. Rescatar esa capacidad para fortalecer las expresiones e identidades ligadas al territorio, es una tarea que debe ser compartida. Renovamos ese compromiso; una vez más, ha sido un privilegio recorrer Chile a través de sus narraciones. Josefina Hepp Castillo Presidenta del jurado
CONCURSO HISTORIAS DE NUESTRA TIERRA ::14:: Ilustración: Mariel Sanhueza
::15:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS PREMIOS NACIONALES El entierro Javiera Padilla Aedo Primer lugar nacional Primer lugar regional Región de La Araucanía Villarrica 13 años En un hermoso lugar cerca de Villarrica, donde crecían libres los hualles, canelos, arrayanes, maquis, copihues y otros árboles nativos, vivía la familia Chincolef Huenchumán. Ellos habían construido su ruca1 cerca de un río, que les permitía tener agua para beber y regar algunas verduras y legumbres, además de criar gallinas negras que les proveían de huevos azules. Elikura, el padre, y Rayen, la madre, tenían tres hijos: Manuel, Aukan y Ayelen. Su vida transcurría apacible entre recolectar frutas silvestres según la estación: en invierno recolectaban changles y en otoño, piñones, manteniendo ocupada a la toda la familia y amigos de otras rucas cercanas. Este fruto del pehuén o araucaria les servía de alimento para pasar las noches de frío y lluvia, asándolo en el rescoldo, cociéndolo en la olla de fierro, que Rayen había recibido de herencia de su madre cuando se casó. También lo cocían en la piedra para hacer churrascos enterrados en la ceniza. Como recolectaban tantos piñones, los enterraban cerca de la ruca, en un hoyo profundo, cubriéndolos con paja y tierra, conservándolos por mucho tiempo. La primavera y el verano eran las estaciones predilectas de Manuel y Aukan, que se entretenían pescando truchas a mano en el estero, haciendo tranques, mientras que Ayelen ayudaba a su madre en el fogón haciendo catutos2, hilando y tejiendo en el telar; pero lo que más le gustaba era cuidar los pollitos nuevos, porque los que se “mancaban” eran sus mascotas, los criaba mansitos y luego los devolvía a la gallina. Así transcurría la vida de esta familia mapuche hasta que una noche de invierno vino a interrumpir la paz. Esa noche, Elikura salió de la ruca a cerrar la puerta del gallinero porque podía venir la huiña3 a comer aves y, a lo lejos, divisó una luz como una fogata que subía y bajaba. 1 Ruca: palabra mapuche para designar las viviendas en que habitan algunos aborígenes pampeanos y patagónicos (nota de la edición). 2 Catutos: comida tradicional mapuche que consiste en una masa hecha a base de trigo (nota de la edición). 3 Huiña: felino salvaje que habita en el sur de Chile y Argentina (nota de la edición). Escucha este cuento aquí
::16:: ANTOLOGÍA 2024 Recordó inmediatamente lo que le había dicho su abuelo Allún de los entierros4 y se armó de valor acercándose lentamente hacia la luz. Mientras más se acercaba, la luz crecía y crecía con fuerza. Se sacó el trarilonko5 de la cabeza y se acercó más a la luz, lo tiró con fuerza y dio la vuelta con el corazón que se le salía del pecho. Corrió hacia la ruca “patitas pa que te quiero” y empujó la puerta con tanta fuerza que casi la echa abajo. Su mujer Rayen y sus hijos miraron con preocupación al verlo con su cara pálida, sus ojos abiertos y casi sin aliento. Rayen preguntó: —¿Qué te pasó hombre? Él, sacando la voz como pudo, le dijo: —¡Mañana sacaremos el entierro y seremos ricos! —¿Cómo? —dijo Rayen. —¡Sí, fui a dejar una seña donde tenemos que cavar! —¡Ya! —le dijo Rayen— ¡te acompañaremos! Al día siguiente, casi sin dormir nada, Elikura y su mujer fueron al lugar de los hechos, y allí estaba su trarilonko, señalando el lugar de una piedra grande. Empezaron a cavar con las lanzas y palos con punta y con mucho esfuerzo lograron retirar la tierra y correr la piedra. Continuaron cavando hasta que tocaron algo duro, cavaron con más ganas, ahora utilizando las manos y allí estaba, un cofre de fierro con un candado que al golpearlo con una piedra se abrió sin dificultad. Dentro había monedas de oro y plata, además de un lingote de oro, que habían dejado los soldados españoles y que quedaron ahí, ya que todos habían muerto a manos de Caupolicán y su gente. ¡Suerte y bendición para Elikura, Rayen y su familia! 4 Entierro: palabra usada en algunas zonas rurales para denominar al lugar donde se encuentran tesoros y cosas de valor que se ocultaban bajo tierra (nota de la edición). 5 Trarilonko: faja similar a un cintillo empleada por el pueblo mapuche, es una especie de corona que se usa rodeando la cabeza (nota de la edición). PREMIOS NACIONALES
::17:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS La cantinera auquincana Alonso Fonseca Paredes Segundo lugar nacional Primer lugar regional Región de O'Higgins Chépica 14 años Soy Virginia Piñeda y nunca pensé que mi vida daría un cambio tan radical, del tranquilo campo a la desastrosa Guerra del Pacífico. Durante mi infancia crecí en Auquinco, desde pequeña me encantaba cabalgar por los inmensos valles de mi localidad, siempre me alimentaba con cultivos recién cortados al frente de mi casa. La vida en Auquinco para mí era más que perfecta, tenía una familia que me amaba, me protegía. Aun así, mi mayor anhelo era dejar mi ciudad natal, y explorar nuevos mundos, conocer el Valle de Colchagua, luchar por mi patria, dar mi vida por ella, pero mis padres no estaban de acuerdo con mis ideales, no querían que los abandonara. Dejarlos, para ellos, era una tristeza amarga. De todas formas, lo hice, dejé todo atrás, mi vida, mi campo lindo y los alimentos recién cortados. Antes de partir les escribí una carta que decía así: “Amados padres: Desde el momento que nací, tuve increíbles y hermosos recuerdos, reímos, lloramos, nos enojamos, de hecho, experimentamos más emociones de las que imaginan, sin embargo, mi mayor deseo es luchar por mi patria, dar todo por ella, pero por sobre todo cabalgar por las bellas cordilleras, descubrir nuevos lugares, me gustaría vivenciar lo que me depara el destino y mi Chile lindo. Recuerden que nunca los voy a olvidar, estarán siempre en mi corazón, van a formar parte de mí, en cada momento. Esté donde esté, los recordaré. Los ama, su querida hija” Virginia Piñeda. Luego de dejarles esa carta encima de la mesa, cargué mi hermoso caballo y partimos a explorar Chile, nos alejamos de nuestra región por los cerros, escalando, descubriendo nuevas travesías. Un momento que nunca olvidaré fue cuando me intentaron asaltar y quitarme mi caballo para, además, aprovecharse de mí solo por el hecho de ser mujer, lo que me dio mucha rabia, ya que no era una pajarita indefensa. Yo lograba defenderme sola, en lo personal no compartía la opinión de los conservadores de mi sector sobre el cómo las mujeres debíamos PREMIOS NACIONALES Escucha este cuento aquí
::18:: ANTOLOGÍA 2024 Ilustración: Dannaé Álvarez
::19:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS vestirnos, comportarnos o resignarnos a esperar al príncipe azul que viniera a rescatarnos, por lo tanto, me puse dramática cuando llegaron los delincuentes, implorando ayuda, piedad, entre otras cosas. Ellos, confiados, se burlaban de mí y me decían: —Uy ¿la nenita está asustadita? —se reían—. Llama a tu príncipe, para que te salve de esta. Yo, fingiendo que iba a hacerlo, di una afirmación asustada. Al rato estaban tan distraídos que les grité desconcertándolos: —¡Ayuda por favor! Ellos, bañados en cólera, me atacaron y, sin embargo, los palanqueé y derribé. Al final, me rogaron que los dejara en paz, me pidieron disculpas, pero de igual forma los golpeé, se lo merecían, por aprovechadores. Ese día me fui feliz, sabiendo que logré defenderme yo sola de unos ladrones pervertidos en medio de la nada, solamente tenía a mi fiel caballo de acompañante, tan cariñoso, valiente, que se adapta a su ambiente, agresivo cuando siente que hay peligro, de un color azabache, tan bello, que reluce en el atardecer, una piel tan suave como el algodón, mi gran compañero de travesías. Nunca imaginé que viviría tantas aventuras con él. Meses después de recorrer y conocer los hermosos valles campestres, tomé la decisión de ir a la gran ciudad para enlistarme como cantinera del Ejército de Chile. Llegando a la capital, noté que el ambiente era completamente diferente, yo era la única que andaba a caballo, todos los demás andaban en carretas, aunque gracias a los caballos, claramente. Todos me miraban de una manera un tanto extraña por mi forma de vestir; estaba ocupando pantalones y no tenía el pelo tomado, ni un vestido, ni tomate como las “señoritas”. Pero la verdad de las cosas es que no le tomé importancia, no era de mi interés la opinión de los demás ya que había venido con el propósito de enlistarme como cantinera y participar de la guerra que pronto se avecinaría. Días después fui a postularme y no me pusieron problemas porque había pocas mujeres valientes, rudas, pero por sobre todo que se adaptaran a diversas situaciones. Salí emocionada de la oficina pues, por fin, cumpliría mi último objetivo, por lo tanto, mi visita a la gran ciudad se tuvo que ampliar. Al siguiente mes, comenzaron los entrenamientos para la guerra que se aproximaba —la Guerra del Pacífico, un conflicto bélico entre Perú y Bolivia— que se basaban netamente en habilidades de supervivencia y curativas, aunque yo en todas las instancias entraba en discusión con mis superiores porque quería aprender a hacer uso de las armas, pero ellos se negaban pues supuestamente no estaba preparada como mujer para portar armas de tal envergadura. Nunca acepté un “no” como respuesta, de tal manera que se aburrieron tanto, que terminaron accediendo solo para burlarse y contemplar como realizaba un mal uso de las armas. PREMIOS NACIONALES
::20:: ANTOLOGÍA 2024 En tan solo una semana, logré dominar los rifles y les cerré la boca a todos los que no confiaron en mí. Desde esos días me convertí en la líder de todas las cantineras del regimiento, la de mayor rango. Nunca lo consideraron posible, pero lo fue. En ninguna instancia habrían decidido nombrarme líder de las cantineras, aunque entre las pocas que se encontraban con nosotros llegaron al consenso de que sea su líder por ser ágil, fuerte, tener excelentes reflejos y ser adaptable a las situaciones. En los meses siguientes, estábamos preparando nuestra mente para ir a la guerra, debíamos tener pensamientos claros, fijos, pero, por sobre todo, quitar lo negativo. Los inicios de la guerra fueron desastrosos, lo único que se lograba visualizar era desgracia, dolor y sufrimiento. La verdad es que me acostumbré a observar desgracia. A mí me daba igual ver muertes, mientras tuviera a mi fiel corcel conmigo. Con él ganaba satisfactoriamente las batallas, iba con la frente en alto, con mi rifle y espada, a derrotar a los enemigos con los relinchos del valiente caballo guerrero. Seguía extrañando a mis padres, cada vez que me dormía los recordaba de una manera nostálgica que no imaginan. Mis sueños mostraban claramente todo lo que viví con ellos: las actitudes sobreprotectoras de mi padre o las exageraciones de mi madre cuando me accidentaba. Ahora pienso que abandonar a mis padres no fue una buena idea. Estuve más de 10 años desolada, con mi caballo, solo para explorar Chile y servir a mi país. En cada momento que iniciaba una batalla, recordaba mi cálido hogar en Auquinco, con mi familia esperándome con una comida exquisita. Estoy pensando en abandonar el ejército para volver a mi ciudad natal, ver a mis amados padres, esperando que me den una bienvenida cálida y amorosa, como siempre lo han hecho. PREMIOS NACIONALES
::21:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS PREMIOS NACIONALES El chanchito de Pomaire Mila Yurac Waltemath Tercer lugar nacional Primer lugar regional Región de Antofagasta Antofagasta 12 años Mi abuelito Papín me contó que existe un pueblo muy pintoresco, donde los habitantes se dedican a realizar todo tipo de artesanías en greda. Este pueblito se llama Pomaire. En ese lugar, hace muchos años, una familia tenía una chancha lista para parir. Era un gran acontecimiento para ellos, pues eran muy pobres. La chancha tuvo cinco crías y al nacer la última, la familia quedó impactada al ver que ésta solo tenía tres patas y eso, según las creencias, era un mal augurio. Comenzaron rápidamente a surgir muchos rumores en el pueblo y la gente incrédula iba a comprobar si eran ciertos y si en verdad había nacido un chanchito de tres patas. Al ver al chancho, como eran muy supersticiosos, decían asustados: —¡Miren ahí va el chancho de tres patas! —¡Esto es de mal agüero! —¡Deberían sacrificarlo! ¡Nos traerá mala suerte a todos! —¡Esto es obra del diablo! La familia no sabía qué hacer, así que decidieron tomarse un tiempo para pensar qué harían con el pobre chancho. Un día, el chanchito, que era muy inquieto, se salió del corral y empezó a correr por el pueblo. La gente al verlo empezó a gritar: —¡Atrapen a ese chancho! —¡Corran! ¡Corran! Escucha este cuento aquí
::22:: ANTOLOGÍA 2024 Ilustración: Mariel Sanhueza
::23:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS PREMIOS NACIONALES El chancho corría aterrado por su vida, pues lo perseguía la mitad del pueblo y a pesar de que tenía tres patitas era más rápido que todos y no lo podían alcanzar. Logró escapar hasta su casa y se escondió en un hoyo que había hecho en la tierra. La familia al oír los gritos de la gente salió de la casa y encontraron al chancho oculto en el agujero. Al sacarlo vieron algo muy brillante, se acercaron y se dieron cuenta que era una olla llena de oro en su interior. Eso solucionaría para siempre todos los problemas de dinero que afectaban a la familia. Estaban muy agradecidos con el chanchito y, a su vez, muy contentos de no haberlo sacrificado. Los lugareños, asombrados por la suerte que tuvo la familia gracias al chancho, empezaron a verlo como un símbolo de buena fortuna para el pueblo, por lo que todos los artesanos del lugar comenzaron a fabricar chanchitos de greda de tres patas. Por eso, si alguna vez te regalan un chanchito de Pomaire, ese regalo significa que te están deseando suerte y prosperidad en tu vida.
::24:: ANTOLOGÍA 2024 Ilustración: Dannaé Álvarez
::25:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS PREMIOS NACIONALES La tierra de la felicidad Francisco Cravero Huenuqueo Premio especial pueblos originarios Región de La Araucanía Nueva Imperial 11 años Existe una historia muy antigua que cuenta sobre un lugar llamado Ayiwün Mapu, que significa “tierra de la felicidad” en mapudungún6 y existe en lo más profundo del bosque cordillerano de la Región de La Araucanía, en medio de grandes montañas, donde apenas se logra ver el cono del volcán Lonquimay y donde viven solo tres familias, que siempre vivieron ahí y nunca quisieron emigrar ni conocer otros lugares. Este sitio es un pequeño valle rodeado de árboles nativos, mucha vegetación y un cristalino río. Los antepasados de sus habitantes llegaron hasta ahí huyendo de la conquista, de la civilización y de la fundación de ciudades de esa época. Se reconocen a sí mismos como pehuenches, pues la base de su alimentación es exclusivamente el fruto de las araucarias llamado pehuén o piñón que utilizan para sus comidas diarias y también en la preparación de sus banquetes. A estas personas nadie de esta época las conoce, nunca las han visto a pesar de que las han buscado. Se dice que el mismísimo bosque las protege de la vista de todos. Cada cuatro años se escuchan levemente sus cantos, con fuertes sonidos de küll kull7, kultrún8, pifilkas9, trutrukas10 y kaskawillas11, se cree que se trata de un nguillatún12, ya que es la costumbre del pueblo pehuenche realizar esta ceremonia cada cuatro años. En algunas ocasiones también se escuchan las risas de los niños cuando juegan, pero estos sonidos se pierden porque el viento también los protege confundiendo de lugar a aquellos que los escuchan y deciden ir en su búsqueda. Sin embargo, hay personas que han tenido contacto con ellos, los antiguos contaban diversas historias de encuentros que tuvieron con estas tres familias. Ellos ya no están por lo que sus relatos han sido modificados, y le han agregado o quitado información. Solamente una persona, el lugareño más anciano, siempre cuenta que un día, cuando él era niño, cuidaba su rebaño de ovejas y unos chivos. Como ya se hacía tarde, quiso volver a su casa, entonces se percató que le faltaba un pequeño cordero. Al ir a buscarlo se demoró y 6 Mapudungún: idioma o lengua utilizada por mapuches, pehuenches y lafquenches (nota del autor). 7 Küll kull: instrumento mapuche fabricado en base a un cuerno vacuno (nota de la edición). 8 Kultrún: instrumento musical mapuche de percusión (nota del autor). 9 Pifilkas: instrumento musical mapuche de viento (nota del autor). 10 Trutrukas: instrumento musical mapuche de viento (nota del autor). 11 Kaskawillas: instrumento musical mapuche de percusión (nota del autor). 12 Nguillatún: ceremonia religiosa del pueblo mapuche (nota del autor). Escucha este cuento aquí
::26:: ANTOLOGÍA 2024 PREMIOS NACIONALES se hizo de noche, en eso aparecieron unas personas desconocidas, pero muy amables que lo llevaron a su ruka13. Hablaban un mapudungún más rápido, pero se pudieron comunicar muy bien. Una vez allí le dieron de comer, le dijeron que no se preocupara porque al día siguiente le ayudarían con su búsqueda y así fue. Al amanecer del día siguiente, una amable viejita, vestida con su chamal14 y sus prendas de plata, le dio un nutritivo desayuno de piñones calentitos y leche de vaca. Varias personas, incluidos niños, niñas y jóvenes, le ayudaron a buscar a su pequeño cordero hasta que lo encontraron atrapado en unas quilas15. Entre todos lo sacaron, curaron sus heridas y en una carreta lo llevaron de vuelta por caminos desconocidos y muy lejanos. Él dice que ni recuerda cómo pudo llegar tan lejos caminando, pero de pronto se encontró con el resto de su rebaño y ese lugar ya era conocido para él, entonces se despidió de aquellas personas y les agradeció la ayuda. Al llegar junto a su familia contó lo sucedido y los adultos que habían oído historias de estas personas le pidieron que les indicara el lugar para ir a conocerlos, pero nunca pudieron encontrar el camino. Algunos llegaron a dudar de su relato, le decían que era mentiroso, que no era más que una fantasía, parte de su imaginación, o que lo había soñado y así pasaron los años. Él nunca volvió a verlos, pese a sus intentos no logró encontrar nuevamente el camino, solo recuerda a personas muy buenas y que vivían con las cosas mínimas, pero eran muy felices. Hasta ahora siguen buscando a esos pehuenches, quienes viven alejados del mundo. Cada vez hay más vegetación y no se logran escuchar como antes, solo cada cuatro años y cuando hay luna llena, porque con esa luz cantan y danzan toda la noche. Al parecer la vegetación, los pajaritos, la oscuridad de la noche, la luna y el viento siguen siendo cómplices del escondite de la tierra de la felicidad. 13 Ruka: casa construida de troncos, palos, barro y techo de paja (nota del autor). 14 Chamal: vestimenta mapuche (nota del autor). 15 Quilas: planta de la misma subfamilia del bambú (nota de la edición).
::27:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS El círculo de Azapa Sebastián Altamirano Leiva Primer lugar regional Arica 14 años Había una vez un valle mágico llamado Azapa, situado al norte de Chile, en la Región de Arica y Parinacota. Sus tierras eran tan fértiles que parecían acariciar las raíces de las plantas con cariño. En este rincón del mundo, la guayaba, la aceituna, el mango y el plátano crecían en armonía, como una melodía de sabores y colores. En el corazón del valle se alzaba el Cerro Sagrado, custodiado por geoglifos que parecían murmullos de antiguas civilizaciones. Los habitantes de Azapa cuidaban estos tesoros arqueológicos con devoción, pues allí se contaba la historia de más de diez mil años. Las momias más antiguas del mundo reposaban en el Museo Arqueológico y Antropológico de San Miguel de Azapa, un lugar donde el tiempo paraba para revelar sus secretos. Un día, un joven llamado Nicolás decidió explorar los túmulos del valle. Siguió los caminos marcados por los geoglifos de Atoka, que representaban caravanas de llamas y comerciantes danzantes. Nicolás se adentró en la pampa Alto Ramírez, donde los geoglifos tenían al menos seiscientos años de historia. Allí, sintió la presencia de los antiguos habitantes y se maravilló ante la grandeza de su legado. En su travesía, Nicolás llegó al mirador Las Llosyas, desde donde contempló los cultivos del valle extendiéndose como un tapiz verde. Las aldeas prehispánicas, datadas entre el 1000 y el 300 a.C., parecían susurrar historias de sociedades que vivieron en armonía con la naturaleza. Pero el mayor enigma aguardaba en el Pucará de San Lorenzo, una aldea defensiva en ruinas. Nicolás imaginó a los antiguos habitantes construyendo terrazas sobre el río San José, protegiéndose de los vientos y las adversidades. ¿Qué sueños habrían tejido en esas paredes de caña? Así, Nicolás se convirtió en un guardián del valle, un narrador de sus leyendas y un amante de sus frutos. Cada vez que el sol se ocultaba tras el Cerro Sagrado, él cerraba los ojos y escuchaba los ecos del pasado. En Azapa, el tiempo no era lineal; era un círculo que unía a las generaciones, como las ramas de un árbol que se entrelazan. Y así, el cuento de Azapa se tejía con hilos de historia, geoglifos y sabores ancestrales. En cada fruto, en cada piedra, en cada mirada al horizonte, el valle revelaba su magia a quienes tenían el corazón abierto para escuchar. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA
::28:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA El valle de la novia Josefa Escobar Navarro Segundo lugar regional Arica 14 años –Ya está lista señorita Barros —murmuró la estilista con una gran sonrisa. Me vi en aquel espejo: un vestido blanco cubría toda mi silueta, su largo era imaginable, con encajes florales que me hacían recordar a mi hogar, toques crema lucían en la parte de arriba, era una gran novia del gran valle de Azapa. Embarqué el camión que me llevaba a mi destino, la iglesia. Lamentablemente no tenía gran presupuesto para algo más costoso y privado, pero lo único que me importaba era llegar con mi gran amado. Vi al conductor demasiado volao, para ser sincera, iba demasiado rápido. Empecé a imaginarme lo peor, pero solo recé a Dios para que no pasara algo malo en ese día. —Por favor tenga cuidado, no queremos morir por su culpa —soltó una señora que se sentaba delante de mí. El conductor solo la ignoro, siguiendo el camino de una manera peligrosa. Me aferré a mi asiento, implorando por llegar lo más rápido posible. Mi madre me esperaba en la iglesia, junto a toda mi familia. Sabía que mi padre, al que obligué a usar traje, se enojaría por haberme ido sola. De un momento a otro mi visión se volvió casi nula, solo escuchaba como había gente gritando, algunas personas llorando. No entendía que estaba pasando hasta que me di cuenta. Habíamos chocado. Después mi visión se volvió negra, solo sintiendo el ardor de algunas heridas. Mi cuerpo me dolía, grité desgarradoramente, los gritos cada vez se escuchaban menos hasta que de un momento a otro dejé de respirar. Lo único que estoy consciente es que no pude llegar al altar que anhelaba con tanto pudor, ni tampoco ver al hombre que se iba a convertir en mi marido. Ahora deambulo por algunos kilómetros del valle, acechando a conductores que van en el mismo estado del que me mató.
::29:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS El pez dorado Dominique Mardones Castillo Tercer lugar regional Arica 14 años En la Región de Arica y Parinacota, en el extremo norte de Chile, existe un lugar mágico conocido como la Caleta de Camarones. Este pequeño refugio costero, encajado entre acantilados y el vasto océano Pacífico, es hogar de historias y leyendas que se entrelazan con la vida cotidiana de sus habitantes. Era una mañana tranquila cuando don Héctor, un pescador con más de cincuenta años en la caleta, se dispuso a lanzar su bote al mar. Su hijo, Nicolás, un joven de diecisiete años, lo acompañaba. A pesar de su juventud, Nicolás ya demostraba ser un hábil pescador, heredero de la destreza y la paciencia de su padre. Ese día, sin embargo, no era un día cualquiera. Las aguas parecían más calmas de lo habitual y un silencio inusual reinaba en la caleta. Los pescadores más viejos hablaban en susurros sobre un viejo mito: la aparición de un pez dorado que, según la leyenda, traía fortuna a quien lo pescara, pero sólo aparecía en tiempos de grandes cambios. Navegaron mar adentro, alejándose de la costa hasta perder de vista los acantilados. El sol se alzaba en el horizonte, pintando el cielo con tonos rosados y anaranjados. Mientras recogían sus redes, don Héctor notó algo extraño. Entre los camarones y peces habituales, había un brillo dorado. Nicolás, con ojos llenos de asombro, exclamó: —¡Papá, es el pez de la leyenda! El pez, de un resplandor casi celestial, parecía observarlos con inteligencia. Don Héctor, incrédulo pero emocionado, lo tomó con cuidado y lo colocó en un balde con agua. Sabían que la leyenda decía que debían devolverlo al mar para recibir su bendición. Pero la curiosidad y la codicia hicieron que dudaran. Esa noche, toda la caleta se reunió alrededor del fuego para escuchar la historia de don Héctor y Nicolás. Algunos decían que debían conservar el pez y venderlo, mientras otros insistían en seguir la tradición y devolverlo al mar. Don Héctor, después de mucho deliberar, decidió seguir su intuición y honrar la leyenda. REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA
::30:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA A la mañana siguiente, llevaron el pez dorado de vuelta al lugar donde lo encontraron. Con una breve plegaria, lo soltaron en el agua. Para su sorpresa, el pez no se alejó de inmediato. Nadó en círculos alrededor del bote, como agradeciéndoles, y luego desapareció en las profundidades del océano. Desde ese día, la Caleta de Camarones experimentó una época de abundancia sin precedentes. Los camarones eran más grandes y numerosos, y los peces casi saltaban a las redes. La comunidad prosperó, y el nombre de don Héctor y Nicolás se convirtió en sinónimo de sabiduría y respeto. Pero la verdadera bendición no fue solo material. La caleta se unió más que nunca y sus habitantes aprendieron el valor de la tradición y la humildad. Cada año, en el aniversario de la aparición del pez dorado, celebran una fiesta en su honor, recordando la importancia de respetar el mar y sus misterios. Así, la Caleta de Camarones no solo quedó marcada por su prosperidad, sino por la lección de que la verdadera riqueza está en la armonía con la naturaleza y en la unión de su gente. Y aunque la leyenda del pez dorado sigue viva, lo que realmente brilla es el espíritu de la comunidad que decidió hacer lo correcto.
::31:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS REGIÓN DE TARAPACÁ Textiles mágicos Demian Quezada Egaña Primer lugar regional Iquique 14 años En la pequeña comunidad de Enquelga, una anciana llamada doña Juana era conocida por sus habilidades como tejedora. Sus tejidos no solo eran hermosos, sino que parecían tener vida propia. Los colores vibraban con intensidad, y los patrones contaban la historia de los ancestros y la naturaleza. Una noche, mientras doña Juana tejía bajo la luz de la luna, sintió una presencia a su lado. Mirando a su alrededor, vio a una figura etérea, una mujer vestida con ropas tradicionales, pero translúcida y brillante. Era una achachila, un espíritu de sus antepasados. La achachila le habló con una voz suave y melodiosa: “Tus tejidos tienen el poder de sanar y proteger a nuestra gente. Debes tejer un manto especial, imbuido con la esencia de la Pachamama16, para salvar nuestra comunidad de la sequía que se avecina”. Doña Juana, conmovida por la visita, trabajó incansablemente durante días y noches, utilizando lana de alpaca y tintes naturales de las montañas. Mientras tejía, sus manos parecían guiadas por una fuerza superior. El manto final era una obra maestra, con colores que cambiaban según la luz y patrones que narraban la historia del pueblo y la Pachamama. Cuando la sequía comenzó a afectar a la comunidad, doña Juana reunió a todos en la plaza central y les mostró el manto. Al colocarlo sobre la tierra seca, una suave lluvia comenzó a caer. La tierra agradecida absorbió el agua y los cultivos volvieron a florecer. Desde ese día, el manto mágico se convirtió en un símbolo de esperanza y unión en Enquelga. Doña Juana continuó tejiendo, sabiendo que cada hilo era una conexión entre su pueblo y las fuerzas ancestrales que lo protegían. Y así, la comunidad aprendió a valorar y respetar sus tradiciones, sabiendo que en cada tejido se encontraba el espíritu de sus antepasados. 16 Pachamama: voz quechua que significa “Madre Tierra”. Para la cosmovisión andina es la denominación que se le da a la Tierra como madre de todo (nota de la edición).
::32:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE TARAPACÁ Cuadros Karen Quispe Escarza Segundo lugar regional Alto Hospicio 14 años En una isla costera se encontraba un museo donde el único sonido que se escuchaba era el de los susurros de las olas. El museo estaba adornado con cuadros antiguos, sus pinturas parecían adquirir movimientos leves como si tuvieran vida propia. Solo aquellos que realmente observaban y apreciaban el arte notaban que había algo diferente cada vez. Un día, Isaac, un joven amante de los cuadros de pintura, descubrió que había un museo en la isla Quinchao que deseaba ir a visitar así que cuando surgió una oportunidad, no dudó en tomarla. Al llegar al museo, quedó atónito por los cuadros que estaba presenciando, percibía una conexión especial con cada uno de ellos. Al día siguiente, volvió para contemplar nuevamente los cuadros, pero al ver detalladamente se dio cuenta de que había algo distinto. Isaac descubrió que podía adentrarse en las profundidades de los cuadros y ver cómo se movían levemente cada uno de ellos. Se adentró en una pintura de Juan Francisco González, donde comenzó a reconocer los callejones de San Fernando. Más tarde salió del cuadro y por la noche, en pleno silencio y solo con el sonido de las olas, comenzó a ver cómo el retrato de Julio Fossa Calderón se movía poco a poco. Se acercó y vio que Julio, con los ojos ampliamente abiertos y una mueca de preocupación congelada en su rostro, parecía intentar comunicar desesperadamente un mensaje. Tenía la mirada intensa y sus manos extendidas hacia atrás como si intentaran detenerlo, sugería claramente el peligro que acechaba más allá de los cuadros. Isaac no prestó atención al mensaje que Julio trataba de transmitirle así que continuó adentrándose a las pinturas guiado por la obsesión de entrar a los cuadros. Él no sospechaba que este paso lo condenaría a la eternidad. En el transcurso, exploró los ambientes con una variedad de colores y cada vez más fascinado, entró y salió de los cuadros de aquel museo. Al finalizar de explorar todas las pinturas solo le quedaba una por adentrarse. Isaac vio un banco y decidió descansar ahí, con el silencio y la tranquilidad que había hasta que no aguantó y se quedó dormido. El sol se ocultó dándole paso a la oscuridad de la noche y al despertarse le dio un miedo inexplicable. Empezó a retomar su camino hacia el pasillo, pero, esta vez, al pasar vio que los cuadros estaban en
::33:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS blanco, ya no tenían pintura, solo había un cuadro que sí, era el que había visto anteriormente y tenía un candado que decía “no tocar”. Isaac con el temor que tenía no quería adentrarse hacia el cuadro, pero por alguna razón sentía que era especial, vio que tenía una gran variedad de colores y los detalles eran perfectos. Se envolvió en una obsesión que lo consumió por completo. Isaac se adentró en el cuadro e inmediatamente la oscuridad de su mente se fundió con el silencio de su voz, y así entró en un sueño del que despertó entre los confines de un marco, con las manos atadas y la voz cautiva. Isaac se convirtió en lo que más anhelaba: un cuadro. REGIÓN DE TARAPACÁ
::34:: ANTOLOGÍA 2024 Cálida tierra Luz Huaracha Mayta Tercer lugar regional Alto Hospicio 14 años Una cálida tarde, Arrap ya se encontraba en los campos de cultivo, recolectando el delicioso alimento que la Pachamama17 le había proporcionado. En el camino se encontró con una mujer, una anciana, que era muy mal vista en Enquelga. Arrap con inseguridad tomó su canasta y acompañada del sonido de las aves, salió corriendo del lugar. Cuando finalmente vio las construcciones de piedra y paja, apresuró el paso y con la mirada fija en la gente del pueblo, no logró apreciar el barranco debajo de ella, cayendo en él y desmayándose. Cuando despertó, se fijó en que sus manos habían sido atadas, y que fueron intercambiadas por patas peludas y pezuñas. Arrap pegó un fuerte grito y reconoció ese sonido: era una llama. Arrap recordó que las amautas18 del pueblo anunciaron que ese mismo día, al atardecer, se sacrificaría una llama para honrar a la Pachamama, lo que la hizo temblar. En lo que se dio cuenta ya estaba siendo llevaba al matadero, la pobre no paraba de gruñir al ver su reflejo en el cuchillo que amenazaba rozar su lanudo cuello. Podía verse a sí misma degollada, siendo parte de la ofrenda, hasta podía sentir el frío aire en su nuca, pero para su fortuna, otra persona entró. Arrap aprovechó el descuido, dándole un cabezazo a la amauta. Fue entonces que movió sus patas hasta llegar al lugar del yatiri19. El anciano hombre no lograba comprender por qué una llama llegó hasta su hogar, mucho menos los frustrados gruñidos que Arrap soltaba, así que la tomó del vientre y la devolvió a las manos de las amautas para finalizar el ritual. Las amautas la recibieron, dando final a su pobre vida, entre las llamas y el filo del cuchillo, bendiciendo a sus dioses, acabando con su alma, que fue agradecida en las próximas semanas, otorgando lluvias y una buena cosecha. REGIÓN DE TARAPACÁ 17 Pachamama: voz quechua que significa “Madre Tierra”. En la cosmovisión andina es la denominación que se le da a la Tierra como madre de todo, el ámbito donde se reproduce la vida (nota de la edición). 18 Amautas: personas sabias y experimentadas en algunas comunidades indígenas que tienen algunas facultades de gobierno (nota de la edición). 19 Yatiri: palabra aymara para designar a un hombre de edad avanzada que generalmente es considerado como sabios o hechicero (nota de la edición).
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