ANTOLOGÍA 2024

::37:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS REGIÓN DE ATACAMA El renacer de la esperanza Dana Reyes Álvarez Primer lugar regional Copiapó 13 años Había una vez una semilla que fue arrastrada por el fuerte viento llevándola hacia el desierto florido y que cayó bruscamente al suelo soltando un gemido de dolor por el fuerte impacto que sintió al caer a la tierra. Comenzó a mirar a todos lados desorientada y confundida, observó el lugar y se dio cuenta de que estaba muy colorido y lleno de hermosas y bellas flores. Al pasar un día ya había quedado atrapada en la oscuridad y en la humedad de la tierra. Pensaba que sería una semilla insípida, quedó deprimida al no poder ver más el hermoso paisaje que antes tenía y que ahora era solo oscuridad y humedad, sin saber que ella estaba recién comenzando a germinar y que eso sería el principio de algo hermoso. Al comenzar a brotar sus primeras hojas, unas flores malvadas la vieron y con envidia le arrancaron sus hojas impidiéndole crecer de la manera correcta. Esto ocurría porque se habían dado cuenta de que la semilla era diferente y temían que al desarrollarse fuera más hermosa y bella que ellas, por lo que fueron más insistentes en arrancarle sus hojas evitando todo su crecimiento. La pequeña semilla asustada y deprimida se escondió para no ser más dañada por aquellas flores malvadas y llenas de envidia, así resguardándose por mucho tiempo y no queriendo crecer por el miedo a que le arrancaran de nuevos sus pobres y maltratadas hojas. Pero, de pronto, una lombriz y una mariquita fueron donde la semilla y le dijeron: —¿Qué pasa pequeña semilla? ¿Por qué no creces? —dijo la lombriz. —¿Algo anda mal? ¿Por qué te ves tan desanimada? —preguntó la mariquita. —No he podido crecer porque aquellas flores me arrancan mis pobres hojas todos los días y he decidido no crecer más para no molestar a las flores —respondió la semilla. —¡Pero debes crecer y dar lo mejor para ti! No puedes simplemente dejarte opacar por las demás flores solo porque a ellas les molesta —dijo la mariquita. —¡Es cierto! ¡No te puedes dejar opacar solo porque a ellas no les guste! —afirmó la lombriz. —Pero debo encajar en las demás flores —respondió la semilla.

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