ANTOLOGÍA 2024

::153:: HISTORIAS CAMPESINAS Cuando terminó de rezar, noté que le rodó una gota de sudor por la mejilla que secó de inmediato con un pañuelo de tela que tenía en el bolsillo del delantal. Luego de eso, mi hermanita vomitó un poco en el pecho de mi mamá, pero no fue nada grave, se limpió rápidamente y le pidió a mi papá que le pasara una toallita húmeda y la mamadera con agua cocida que tenía en el bolso. Así estuvimos como cuarenta minutos, descansando un poco del calor y reponiendo fuerzas para devolvernos a Santiago. Antes de irnos, mi mamá le agradeció a la señora con un beso y un abrazo, y mi papá se atrevió a preguntar: —¿Cuánto le debemos por su ayuda? La santiguadora respondió: —Lo que sea su voluntad, o lo que usted pueda dar. Mi papá sacó un billete azul y se lo entregó. Al despedirse de nosotros la santiguadora nos dijo con una sonrisa: —Espero no volver a verlos otra vez por acá, vayan con Dios. Así, partimos nuestro viaje de regreso a Santiago, con el mismo calor de la mañana, pero con el ánimo renovado. REGIÓN METROPOLITANA

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