::148:: ANTOLOGÍA 2024 La tranquila cara frontal, con actitud incrédula y sosegada, nunca quiso girar su mirada hacia atrás. Avanzando calmo y confiado prosiguió su andar pues Teave Roa, a pesar de pertenecer a la tribu rival, durante mucho tiempo había sido un buen amigo de Kainga, el padre de Ngarau Hiva Aringa e Rua. Kainga, a quien por su fuerza extrema llamaban “El que gana la guerra”, muchas veces se había compadecido de Teave Roa brindándole techo e incluso el alimento de su propia familia. Así, compartiendo tubérculos y pescados establecieron una gran cercanía, la que tuvo siempre como testigo a Ngarau Hiva Aringa e Rua. Aprovechando la lenta marcha de la cara frontal que dominaba el movimiento del cuerpo común y dirigía el paso, Teave Roa les tiró una lanza con tal precisión, que atravesó el centro del pecho de aquel excepcional guerrero de dos caras. El rostro posterior, consciente de que la herida era mortal, le dijo con gran pesar sus últimas palabras a su querido hermano: ya estamos muertos. Con el corazón destrozado por la pena y el cadáver de sus hijos entre sus brazos, Kainga gritaba “ka viviri mai ena ngarau hiva, ki raro ki vai tu taki”, expresión en lengua Rapa Nui antigua, que equivale a un muy sentido lamento. Pero Kainga inmediatamente secó sus lágrimas y decidió ajusticiar a Teave Roa, a quién él tantas veces había salvado del hambre y de la muerte. Entonces, lleno de ira tomó con furia su arma y se lanzó en su persecución para vengar el asesinato de sus hijos. Los ancianos que recuerdan esta historia antigua dicen que lo persiguió largamente por la costa sur de la isla y que su furia no le permitió pausa hasta encontrarlo. Lo atrapó y sin piedad lo atravesó con una lanza y lo arrastró moribundo por Motu Nui, Motu Iti y Motu Kao-kao, los islotes que se encuentran frente a la ciudadela ceremonial de Orongo, en los acantilados del volcán Rano Kao. Se dice que ese era el lugar donde vivían algunos miembros del clan Miru Ra’a al que pertenecía Teave Roa. Allí, su gente destrozó el cuerpo del infame a mordidas, arrancándole la piel, desgarrándole sus tendones y quebrándole los huesos, dándole como venganza una muerte lenta y dolorosa, sirviéndoselo también como un rico y poderoso festín. REGIÓN DE VALPARAÍSO
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