ANTOLOGÍA 2024

::185:: HISTORIAS CAMPESINAS Y hasta ahí nomás llegó la fiesta, oiga. Yo estaba chico, pero igual me acuerdo. Las cantoras callaron las guitarras y algunos de los presentes bajaron corriendo por la ladera del callejón enarbolando herramientas para comenzar a podar la zarza y sacar al hermano de la novia con mucho cuidado, ya que el pobre muchacho estaba todo claveteado desde la cabeza hasta los pies. A cada corte que se hacía, gritaba como si lo estuvieran matando. Hubo que hacer un gran ruedo alrededor de su cuerpo y proceder a retirar con pinzas las espinas que lo cubrían. La operación se prolongó por más de dos horas. Mis amigos se habían ido y quedaba yo solo acompañando a mi padre que, irritado, no dejaba de mirarme alternando esa mirada hacia las sábanas blancas con las que habíamos cubierto nuestra cara. En ese momento decidí contarle toda la verdad. Me escuchó atentamente mientras su cara cambiaba de expresión. Luego se puso severo y me explicó que la vida tenía respuestas y esa falta merecía un castigo. Estaría un mes sin salir de casa. —¡Para que aprendas! —me dijo. A la mañana siguiente escuché voces en el corredor y me arrimé a escuchar. Era el patrón que conversaba con mi padre. Le decía que Justino se había culpado de todo y que no merecíamos ser castigados. —¡Pero algunos días no estará nada de mal! —le respondió mi padre—, ¡para que sean más considerados! REGIÓN DEL BIOBÍO

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