::85:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS REGIÓN DE AYSÉN DEL GENERAL CARLOS IBÁÑEZ DEL CAMPO Guardianes de la Patagonia Ramón Miranda Araya Segundo lugar regional Aysén 12 años En las profundidades de la Patagonia chilena, donde los picos nevados besan los lagos azules y los ríos rugen con una fuerza ancestral, vivía una joven llamada Camila. Ella creció entre los bosques frondosos y los fiordos serpenteantes de Aysén. Era una chica curiosa, con los ojos del color del glaciar y el espíritu de los vientos patagónicos. Una mañana, mientras exploraba el bosque cerca de su casa, Camila encontró una huella misteriosa en el suelo húmedo. La huella era grande y profunda, estaba rodeada de hojas aplastadas y ramas rotas. Intrigada, decidió seguir el rastro, que la llevó más adentro del bosque de coihues y lengas. El camino se volvió cada vez más empinado y rocoso, pero Camila persistió, guiada por la emoción de la aventura. Finalmente, después de horas de caminata, llegó a una pequeña cueva oculta bajo un acantilado cubierto de musgo. En la entrada de la cueva, yacía un enorme puma descansando tranquilamente. El corazón de Camila latía con fuerza, pero se recordó a sí misma que los pumas rara vez atacan a los humanos si no se sienten amenazados. Con cautela, se sentó a cierta distancia y observó al majestuoso animal. El puma, sintiendo la presencia amistosa de la joven, se levantó lentamente y se acercó a ella con curiosidad. Así comenzó una amistad inesperada entre Camila y el puma, al que llamó Nahuel, que significa “tigre” en lengua mapuche. Durante días, Camila visitó la cueva para compartir momentos con Nahuel, contándole historias sobre leyendas de la Patagonia y enseñándole palabras en español. Un día, mientras Camila y Nahuel exploraban las orillas del rio Baker, escucharon gritos de auxilio. Siguiendo el sonido, encontraron a un anciano pescador atrapado en una corriente peligrosa. Con valentía, Camila y Nahuel trabajaron juntos para rescatar al hombre, utilizando la fuerza del puma y el ingenio de la joven para salvarlo. El anciano, agradecido por su salvación, llevó a Camila y Nahuel a su hogar donde compartieron historias y leyendas junto a su familia. Desde ese día, se convirtieron en guardianes de la Región de Aysén, protegiendo la naturaleza y ayudando a quienes lo necesitan. Y así, en la vastedad de la Patagonia chilena, la amistad entre una joven valiente y un puma noble se convirtió en una leyenda que perduró a lo largo de los años, recordando a todos que el verdadero valor reside en el corazón valiente y el respeto por la tierra que nos sustenta.
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