::171:: HISTORIAS CAMPESINAS REGIÓN DEL MAULE El vuelo de la loica Franco Fornachiari Tercer lugar regional Retiro 36 años Los arreboles del poniente entintaban de violeta las nubes. Un padre, que sostenía la pequeña mano de su hija, avanzaba sobre el sinuoso camino entre los montes hacia su hogar. —Y esa de allí —dijo el padre con un cálido tono de voz apuntando con el índice— es una loica sobre un hualo. La niña levantó su cabeza, con sus mejillas encendidas por el frío del crepúsculo, y vio, llena de asombro, al ave alzar vuelo para volverse minúscula en la inmensidad del valle. —Esa de allá es una zurzulita —dijo el padre, señalando hacia un raulí enguirnaldado con copihues de un pálido rosa. —Uh, uh —respondió la niña en un intento de ulular. El padre sonrió con dulzura y la tomó entre sus brazos, apretándola fuerte contra su pecho. El calor de ambos se entremezcló. Él apoyó su rostro contra la pequeña cabeza de la niña y disfrutó de ese revitalizador aroma que desprendía el cabello. Continuaron por el camino de piedras que reclamaba por el pesado andar del padre. No tardaron mucho en llegar hasta la casa. Allí, los recibió el quiltro de la familia, Trewa, a quien le atribuían tener el pedigrí de un perro de raza. Bajó a la pequeña al suelo, le tomó la mano para guiarla hasta el dispensador de agua y comida. Con atención, la niña observó al padre darle agua al perro. El animal bebió, mientras le recargaban el alimento. —¡No, hija! —advirtió el padre al ver a la niña con un puñado de alimento —es solo para perros. La pequeña miró al padre. Luego, observó la comida en la palma y la dejó en la bandeja del dispensador. Con el índice, hizo una seña de «no». Después, entraron al hogar. Allí, el padre encendió la radio para apartar la congoja que sentía porque su mujer estaba hospitalizada. El viaje había sido largo y le permitió pensar mucho. En un descuido, descubrió a su pequeña estirándose para alcanzar el picaporte de la puerta. Lo había intentado otras veces, pero siempre la atrapaban antes de que pudiera salir. La tomó y alejó. Le dijo que no debía hacerlo. La niña respondió con un gesto del índice, acompañado de un «ño, ño, ño».
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