::156:: ANTOLOGÍA 2024 La soga Cristian Lagos Fernández Tercer lugar regional Peñalolén 49 años Mientras me desempeñaba como procurador, tuve la oportunidad de asesorar a unos parientes que buscaban la reivindicación de un fundo cercano a Litueche. Aceptadas las condiciones, tuve que viajar con un delgado anciano de apellido Carreño que se caracterizaba por usar un enorme bigote al estilo mexicano. Levantamos planos, hicimos mediciones y encargamos diversas diligencias. Casi al anochecer, decidimos regresar a San Fernando. No recuerdo quién propuso el tema, pero comenzamos a charlar sobre añosos asuntos. La frente del anciano se arrugó casi juntando las cejas con el bigote mexicano, y me preguntó sin mayor sutileza: —¿Ud. sabe por qué se suicidó su abuelito Misael? —la pregunta me generó desazón e incomodidad. Yo había sacado algunas conclusiones de aquel tabú, pues era un gran tema familiar, pero nunca había tenido respuesta a tal interrogante. Por lo tanto, su inesperada pregunta me generó curiosidad. —No tengo nada claro. No sé por qué se suicidó mi abuelo —le respondí con tono seco. —Yo le voy a contar, si no le incomoda —respondió con profunda gravedad. Me dijo que el viejo Misael, mi abuelo, era arriero y peón de fundo, que trabajaba de sol a sol en la hacienda Quebrada de la Virgen. Me contó que mi abuela se dedicaba a hilar lana al huso y urdir ponchos, pero que en su hogar siempre faltaban velas y harina, ya que gran parte de los ingresos familiares quedaban en la taberna El Solitario, lugar que solía visitar mi abuelo Misael. Me dijo que, en una de tales visitas a la taberna, mientras se encontraba jugando al monte con otros parroquianos, tuvo una discusión con uno de ellos porque le dijo que, si era tan gallo, debería saber que, en ese preciso momento, su mujer le estaba siendo infiel con otro hombre. Ante esto, mi abuelo se retiró inmediatamente del Solitario cegado por los celos y el alcohol. Luego de cabalgar casi por media hora, llegó a su casa y vio a su mujer durmiendo desnuda con otro peón del lugar, uno que llamaban Colibrí. Mi abuelo Misael disparó un tiro al aire de su escopeta e insultó a su mujer que despertaba de improviso. Nada le dijo al amante furtivo. Dejó la escopeta en el suelo y volvió a montar en su caballo con destino al gran nogal. Ató su caballo a una rama y, con los lazos de su propio apero, construyó rápidamente una soga que usó para colgarse desde la rama más alta. REGIÓN METROPOLITANA
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