::193:: HISTORIAS CAMPESINAS REGIÓN DE LOS RÍOS La última cena de quien nace chicharra Nataly Lagos Montecinos Primer lugar regional Futrono 35 años Como es costumbre en el campo, al difunto se le vela en su casa y se despide con abundante comida, pues así manda la tradición. Como es sabido en el campo, las tradiciones son ley y seguirlas te da el favor de Dios y el reconocimiento de los vecinos. Don Juan, hijo de doña Petronila y don Custodio a secas, falleció de un infarto un día después de las Cármenes, y como ya estaba en edad había dejado todo conversado, pues hace tiempo presentía que no pasaría agosto. El velorio de don Juan se realizaría en su casa y, como mandaba la tradición, debía irse con parte de su ropa. En la urna se echó el paletó de cachemir y el reloj de bolsillo que había heredado de su padre Custodio, le pusieron las prendas de más valor, pero, eso sí, se fue sin zapatos para que su espíritu no saliera a vagar. Algo que no podía faltar en el velorio era la cebolla y el lavatorio de porcelana. Estos serían los encargados de mantener el cuerpo los tres días, o al menos eso era lo que se creía. La tía Carmen se encargó personalmente de traer la cebolla más coqueta y dejarla debajo de la urna. Ese día, el yerno, el nieto y el compadre Lucho se encargaron de carnear el novillo para el cocimiento. La carne estaba justa para los tres días que duraría el velorio. El vacuno lo había elegido el finado Juan, según él para la muerte de su compadre Lucho, pero éste no intuyó que el mismo Lucho mataría al animal. La Rosa, la Juana y la María estaban comisionadas para el llanto por las tres noches. El vino, como fue prometido en vida, lo debía traer el tío Domingo, hombre longevo que de bautizos y velorios sí que sabía. Avisado el deceso a los cuatro vientos, llegó la familia desde todos los caminos, unos pocos conocidos y otros cuantos por conocer. Al festivo velorio estaban invitados, la tía de Argentina, el primo del norte y el hermano con el que no había hablado don Juan como en 25 años. Ese día, el finado fue el hombre más bueno del sector y la gente comió y bebió como si fuera el fin del mundo, pues esa fue la voluntad de don Juan. El llanto fue abundante y los parientes se abrazaban tras años, meses o semanas sin verse.
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