::118:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA Generaciones Andrea Balderas Zamora Primer lugar regional Arica 15 años Lo que más recuerdo es lo feliz que estaba ese día. Por fin me habían permitido bailar junto a la Banda de Bronce para presentarnos frente al patrono en la iglesia de San Martín de Tours, una antigua iglesia de la Región de Arica y Parinacota, en el pueblo de Codpa. Ese día fue muy especial para mí, siempre quise bailar, ir recibiendo comida y vino Pintatani mientras recorría mi preciado pueblo junto a los Hijos de San Martín e Hijas de la Virgen de la Candelaria. Ese día también conocí a un hombre que cerraba el ciclo que yo empezaba, pues ya no volvería a bailar. Eran dos los bailarines que entregaban el traje del caballero, mientras la Banda de Bronce interpretaba una canción triste para despedirlo. En ese momento yo no entendía cómo alguien podía dejar algo que ama tanto. Después de varios años, me siento orgullosa de lo que he logrado a lo largo de tantos bailes para el Patrono. Nuevamente se acercaba la fiesta y tenía que ayudar a los nuevos integrantes a aprender los bailes que inician el 10 de noviembre. Un día, los ensayos habían terminado tarde así que tenía que caminar a mi casa de noche. Cuando pasaba por la iglesia de San Martín, escuché un ruido extraño que me asustó un poco, pero creí que era un animal así que no le di gran importancia. Sin embargo, ese ruido se repetía cada noche que pasaba por ahí. Tenía tanta curiosidad que un día me armé de valor y fui a investigar de dónde venía el ruido. Vi a una persona con una máscara que me inquietó mucho. Él notó mi presencia y tomó un arma. Después se acercó a mí. Yo me asusté mucho y me eché a correr. Él venía detrás de mí. Yo corría asustada cuando escuché un grito ahogado. —¡Espera! — me dijo. Eso me distrajo e hizo que me tropezara, caí por una colina y choqué con unos arbustos. La caída me dejó con un dolor insoportable en la rodilla, pero no le di importancia. Él se acercó y pude distinguir claramente que todo fue un malentendido. Él se quitó la máscara de diablada y se disculpó diciendo que pensó que era un animal y por eso tomó el arma. Yo solté una carcajada, la peligrosa persona que me perseguía resultó ser solo un niño que ensayaba utilizando una máscara de diablada hecha con palos y piedras. Me ayudó a levantarme y, apenas apoyé el pie en el suelo, sentí un dolor en mi rodilla que no me dejaba caminar. La caída fue más grave de lo que pensé, el niño dijo que iría por ayuda y así fue.
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