ANTOLOGÍA 2024

::77:: ME LO CONTARON MIS ABUELITOS REGIÓN DE LOS RÍOS El duende prendado Edgardo Poblete Poblete Primer lugar regional Panguipulli 14 años En mi pueblo el otoño y el invierno se mimetizan y crean una estación muy larga. Por lo tanto, hay poco que hacer en el exterior por el frío y la lluvia intensa. Por eso, el mejor panorama son las tardes al lado de la cocina a leña y tomando tecito de hierbas o matecito, escuchando las historias de mis viejitas, mi abuela y bisabuela. El calor del fuego nos acompaña y se ve su resplandor por entremedio de la pequeña puerta de la cocina a leña. No importa si cortan la luz: la vela y su resplandor nos alumbran perfectamente y dan una atmósfera ideal para escuchar historias, como la de los duendes que ahora se las confidencio a ustedes. Mi abuela Berta vive en Puerto Pirihueico y cada mañana se levantaba al primer canto del gallo para tener todo listo en casa y el almuerzo servido para cuando llegara mi abuelo de su trabajo, esa era su rutina diaria. En cambio, mi bisabuela Adelina se quedaba acostada porque había tenido un accidente a caballo y con suerte daba unos pasitos afirmada a su viejo bastón. El día del accidente, ella había ido a uno de los lugares que más le gustaban, el de la quebrada. Estando ahí escuchó que alguien pedía ayuda. Como era muy valiente, bajó por la quebrada a mirar quién pedía ayuda, pero no se veía a nadie en toda la quebrada, entonces su yegua soltó un relincho y se paró en dos patas, seguro algo la asustó. Ella cayó al suelo, la yegua pasó a aplastar su pierna con su musculosa pata. Mi bisabuelita quedó tirada en la quebrada hasta que por suerte pasaron los del SAG que andaban registrando animalitos, ellos la ayudaron a volver a casa, y le dijeron que de seguro fue una culebra que asustó a la yegua. Desde ese día, mi pobre viejecita está en cama. Volviendo a esa mañana rutinaria de mi abuela, ella fue al gallinero a buscar huevitos frescos y al volver a casa, no encontró a mi bisabuela en cama, entonces con su agilidad habitual corrió al corral. Al ver a la yegua supo que por lo menos no había salido a cabalgar, pero se sintió asustada e intrigada. Fue a buscar a mi abuelo, juntos recorrieron los lugares donde podría haber estado la viejecita, pero nada. Cuando ya venían de vuelta, cansados y con las chompas38 de lana hechas agua por tanto caminar, vieron a la bisabuela venir apenas caminando por la huella del camino, afirmada en su bastón, con su voz entrecortada y agitada de tan cansada de caminar, les contó que había despertado en la orilla del río y que tenía todo su cuerpo con moretones y rasguños. 38 Chompas: chalecos de lana de oveja tejidos a palillos (nota del autor).

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