ANTOLOGÍA 2024

::32:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE TARAPACÁ Cuadros Karen Quispe Escarza Segundo lugar regional Alto Hospicio 14 años En una isla costera se encontraba un museo donde el único sonido que se escuchaba era el de los susurros de las olas. El museo estaba adornado con cuadros antiguos, sus pinturas parecían adquirir movimientos leves como si tuvieran vida propia. Solo aquellos que realmente observaban y apreciaban el arte notaban que había algo diferente cada vez. Un día, Isaac, un joven amante de los cuadros de pintura, descubrió que había un museo en la isla Quinchao que deseaba ir a visitar así que cuando surgió una oportunidad, no dudó en tomarla. Al llegar al museo, quedó atónito por los cuadros que estaba presenciando, percibía una conexión especial con cada uno de ellos. Al día siguiente, volvió para contemplar nuevamente los cuadros, pero al ver detalladamente se dio cuenta de que había algo distinto. Isaac descubrió que podía adentrarse en las profundidades de los cuadros y ver cómo se movían levemente cada uno de ellos. Se adentró en una pintura de Juan Francisco González, donde comenzó a reconocer los callejones de San Fernando. Más tarde salió del cuadro y por la noche, en pleno silencio y solo con el sonido de las olas, comenzó a ver cómo el retrato de Julio Fossa Calderón se movía poco a poco. Se acercó y vio que Julio, con los ojos ampliamente abiertos y una mueca de preocupación congelada en su rostro, parecía intentar comunicar desesperadamente un mensaje. Tenía la mirada intensa y sus manos extendidas hacia atrás como si intentaran detenerlo, sugería claramente el peligro que acechaba más allá de los cuadros. Isaac no prestó atención al mensaje que Julio trataba de transmitirle así que continuó adentrándose a las pinturas guiado por la obsesión de entrar a los cuadros. Él no sospechaba que este paso lo condenaría a la eternidad. En el transcurso, exploró los ambientes con una variedad de colores y cada vez más fascinado, entró y salió de los cuadros de aquel museo. Al finalizar de explorar todas las pinturas solo le quedaba una por adentrarse. Isaac vio un banco y decidió descansar ahí, con el silencio y la tranquilidad que había hasta que no aguantó y se quedó dormido. El sol se ocultó dándole paso a la oscuridad de la noche y al despertarse le dio un miedo inexplicable. Empezó a retomar su camino hacia el pasillo, pero, esta vez, al pasar vio que los cuadros estaban en

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