ANTOLOGÍA 2024

::128:: ANTOLOGÍA 2024 REGIÓN DE TARAPACÁ El guardián de los sueños Maximiliano Arriagada Tercer lugar regional Iquique 15 años En un rincón remoto de las montañas sagradas, vivía el pueblo Isluga, conocido por su profunda conexión con el cielo y la tierra. Allí, las estrellas eran más que luces en la oscuridad; eran guías y guardianes de los sueños de cada habitante. En una pequeña aldea, un joven llamado Kuntur, cuyo nombre significa "águila", sentía una conexión especial con los cielos. Desde niño había soñado con volar más alto que las nubes y conversar con los espíritus de las estrellas. Su abuela, Amauta, la sabia del pueblo, le contaba historias sobre Inti, el dios sol, y sobre Killa, la diosa luna, quienes gobernaban el ciclo de la vida y la muerte, el día y la noche. Una noche, mientras Kuntur observaba el cielo estrellado, vio una estrella fugaz cruzar el firmamento. Sin pensarlo dos veces, pidió un deseo: "Quiero ser el guardián de los sueños para proteger y guiar a mi pueblo". Al cerrar los ojos, sintió una suave brisa y, al abrirlos, estaba en un lugar desconocido, rodeado de una luz cálida y acogedora. Frente a él apareció un anciano de cabellos plateados y ojos brillantes. —Soy Chakana, el puente entre los mundos —dijo el anciano—. Tu deseo ha sido escuchado, pero para convertirte en el guardián de los sueños, debes superar tres pruebas. La primera prueba llevó a Kuntur al corazón de la montaña, donde debía encontrar el cristal de la verdad. Guiado por su intuición y las enseñanzas de su abuela, Kuntur escuchó los susurros de la tierra y, tras días de búsqueda, halló el cristal en una cueva oculta. Al tocarlo entendió que la verdad reside en el corazón de quien busca con sinceridad. La segunda prueba lo llevó al río sagrado, donde debía capturar el reflejo de la luna llena. Kuntur esperó pacientemente hasta la noche perfecta. Con la mente clara y el corazón sereno, consiguió atrapar el reflejo en un cuenco de plata. Al hacerlo comprendió que la paciencia y la calma son claves para reflejar la verdadera esencia de las cosas. La tercera y última prueba lo llevó a las alturas, al pico más alto de la montaña. Allí, debía liberar un águila herida que había sido atrapada por las sombras del miedo. Kuntur, con valentía y compasión, sanó al águila y la liberó. Al ver al ave volar, entendió que la libertad es un derecho inherente de todos los seres vivos.

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