::100:: ANTOLOGÍA 2024 Dos son la noche y el día, mar y río, yo y usted. La segunda vez que soñó con muertos, Catrín andaba con sus compañeros en un arreo. Habían hecho un asado para aprovechar un animal que se despeñó. Estaba durmiendo la llenadera y despertó de repente, sospechando que vendría un temporal. Sus amigos porfiaban diciendo que el clima se veía estable, pero Catrín no hizo caso y acarreó los animales hasta el corral, también metió leña en una cueva para que no se mojara y en eso empezó el viento, la lluvia y los truenos. Los compañeros agradecidos lo dejaron tomar más trago del permitido y, curado, lo vieron dormir agitándose. Hablaba, gruñía y movía las manos con rastros de pesadilla. En su sueño aparecieron unos viajeros que mantenían una disputa. Se parecían a los difuntos que zamarrearon a Catrín en su primer sueño. Les había pasado lo mismo: hicieron descanso, se curaron y no advirtieron que venía una tormenta. Enojados entre ellos, pasaron sus últimas horas sin hablarse mientras se iban congelando. También querían pedirle algo, pero no alcanzaron porque Catrín despertó. En vano volvió a ese lugar cada invernada, para tratar de encontrarlos en sus sueños, pero no pudo. Al parecer, se había roto el camino. —Amigo, cuénteme tres. —Amigo, se las diré. Tres son las tres carabelas, las pascualas, las chauchas y la vencida que es la tres. Se veía una candelita en Los Boldos que se iba corriendo cuando alguien la seguía de noche, lo que es peligroso, pues adentrarse en las ramas y quedar metido en un tebal por andar siguiendo una luz es lo mismo que meterse al infierno: las espinas dejan entrar, pero no dejan salir, y la persona se mete más y más hasta que ya no puede ni moverse y queda ahí. Eso es lo que le había pasado a un traidor que se arrancó con la plata2 de su regimiento en el año mil ochocientos y tanto. Perseguido a muerte, ya débil, se metió en el tebal. Por ahí le tocó dormir a Catrín casi doscientos años después. Se le apareció el traidor, desesperado, rogándole que por piedad se metiera al tebal y le diera sepultura después de rezar por su alma. Catrín le explicó que era imposible. —Pero si yo puedo pagarte, oye. Cerca de mi cuerpo está toda la plata que robé. Tienes que buscarla después de haberme enterrado, porque si no, el tesoro se corre a otro sitio. Si no puedes solo, busca dos amigos, vengan los tres y tengan cuidado con mirar para atrás cuando estén trabajando. Fue Catrín con dos amigos. Con hachas y tijeras desmocharon el tebal, quemaron algunas partes y encontraron los huesos del traidor. Los llevaron al cementerio de Los Andes, hicieron misa, y regresaron con palas y picotas. Vieron la candelilla fija y empezaron a cavar. A la luz de una linterna estuvieron menos de quince minutos cuando dieron con una caja. Y entonces, desde atrás, sintieron un rugido tan fuerte como el de un león, que habría hecho arrancar al más valiente. PREMIOS NACIONALES 2 Plata: en Chile se refiere a monedas o dinero (nota de la edición).
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