::147:: HISTORIAS CAMPESINAS REGIÓN DE VALPARAÍSO Ngarau Hiva Aringa e Rua: El guerrero de los dos rostros Sandra Abarca Faría Segundo lugar regional Rapa Nui 58 años A veces la vida se manifiesta de modos extraordinarios y le abre caminos a seres asombrosos. Es así como, hace mucho tiempo, en Rapa Nui, una pequeña isla chilena situada en medio del Océano Pacífico, nació un niño muy especial. Se trataba de un pequeño cuerpo de varón con la increíble característica de poseer una cabeza con dos caras, una frontal y una trasera. Aunque impactados, sus padres lo amaron desde el primer momento y le llamaron Ngarau Hiva Aringa e Rua que significa Extraño Deforme de Dos Caras. En aquella época, el término Ngarau Hiva era el nombre que se le daba a toda persona extraña, débil, enferma o deforme. A pesar de que en un principio la gente se incomodaba ante la extraña presencia de este ser, en la medida que creció lo fueron integrando poco a poco hasta ser valorado como alguien especial. Un solo cuerpo proporcionado, fuerte y firme, pero con dos personalidades pensantes independientes que, con el paso del tiempo, logró ser respetado y querido por todos los miembros de su clan. Sin embargo, para su padre, quién había logrado comprender la diferencia de sus temperamentos, se trataba de dos hijos, inseparables pero distintos. Mientras el frontal era más confiado y distraído, el otro era cauteloso y prudente. A ambos los protegió siempre de toda adversidad. Se cuenta que por aquella época hubo un gran conflicto bélico entre una tribu de nombre Tupa Hotu Nui-Nui, cuyo territorio se encontraba entre el monte Poike y la ensenada Hanga Nui, y la tribu Miru Ra’a, quienes dominaban un gran paraje costero desde el peñón marino Motu Tautara hasta el islote Motu Nui. Estando estos clanes enfrentados, un bravo guerrero Miru Ra’a llamado Teave Roa, sin mediar razón alguna, se lanzó en ataque contra el inconfundible joven Ngarau Hiva Aringa e Rua, miembro de los Tupa Hotu Nui-Nui. Cuando el salvaje Teave Roa se arrojó en su persecución, mientras el rostro del frente caminaba de modo relajado, la cara trasera le advertía con angustia e insistencia que apurara la marcha y huyeran de la arremetida del guerrero enemigo. Con impotencia, pánico y gritos le prevenía del peligroso acercamiento del adversario, quien se aproximaba a pasos agigantados armado con una lanza dispuesto a asesinarlos.
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