ANTOLOGÍA 2024

::191:: HISTORIAS CAMPESINAS El hombre de sal Luis Viscarra Astudillo Tercer lugar regional Temuco 76 años Mucho tiempo atrás, Trovolhue era una pequeña villa situada al poniente de Carahue, la antigua Imperial de Pedro de Valdivia, el Conquistador. Trovolhue está rodeada de cerros que forman las últimas estribaciones de la cordillera de Nahuelbuta. Entre esos cerros nació Juan. Sus abuelos habían talado los bosques milenarios para construir sus rústicas viviendas y establecer sus incipientes sembrados. Entre sus primeras imágenes, Juan pudo apreciar los enormes laureles, lingues, ulmos, lleuques, tineos, olivillos y tepas que crecían a la par con los quilantos, maquis, lumas y helechos. También se quedaba mucho tiempo admirando absorto la belleza de las flores con el tono rojo de los copihues y notros, el rojimorado de los chilcos, el blanco de las huellas de los arrayanes y la multitud impresionante de dedaleras que poblaban las laderas de los cerros, tiñéndolos de púrpura, rosado y blanco. En los primeros años de su infancia vivía muy contento correteando a las aves domésticas, chapoteando en los arroyos que fluían cantarines en las quebradas donde nacían los cerros, jugueteando con los renacuajos y tratando de cazar los escurridizos camarones. También le encantaba salir a recolectar maqui, murtillas, avellanas, picha pichas y chupones, aunque, en este caso, terminara con sus manos arañadas por las traicioneras espinas de sus hojas aserradas. A veces, se quedaba muy quieto escuchando el trinar de los zorzales, tencas, loicas o el estridente grito de los chucaos, la alegre algarabía de las cachañas y choroyes o el acompasado golpetear en los troncos por parte de los pitíos y pájaros carpinteros. Así, día a día, la vida de Juan transcurría apacible entre el verdor de la naturaleza, contemplando el paso de bueyes, vacas, terneros, ovejas y chivos. Era completamente feliz. Pero, un buen día, los padres de Juan tuvieron un ofrecimiento que no pudieron rechazar. En la minería del norte grande necesitaban personal: hombres para el trabajo en los yacimientos y mujeres para las cocinerías. El salario era muy bueno, tentador, así que partieron con el pequeño Juan a las tierras del norte. Tomaron el tren en el ramal de Carahue a Temuco y, desde esta ciudad, iniciaron su viaje hacia el norte. Fueron horas y horas de viaje donde Juan observó, perplejo, cómo los grandes árboles y la nutrida vegetación que él conocía tan bien iba dando paso a campos de sembrados y arbustos más pequeños y espinosos, entre los cuales corrían caballos y pastaban vacas y terneros. Más al norte seguían las extensas explanadas y después unas hileras de plantas que más tarde sabría que eran las vides que producían el vino que tan buena fama daba a Chile. REGIÓN DE LA ARAUCANÍA

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