::139:: HISTORIAS CAMPESINAS REGIÓN DE ATACAMA 11 Gallo: expresión coloquial para referirse a un hombre (nota de la edición). —Cuando yo era joven era pirquinero en un pique a varios kilómetros de Inca de Oro — comenzó diciendo el hombre— En esa época me gustaba ir donde las señoritas generosas que había allá. Hombre soltero, sin mujer, ¡no poh! Y con plata era otra cosa, uno llegaba y estaba varios días encerrado con ellas. Tomando, comiendo y, en fin, con todo. Pero siempre hay uno que se cree dueño de las señoritas y se enoja si otro está con ellas y eso fue lo que me pasó. Un gallo11 grande que era capataz de otra mina, se creía dueño de una flaquita harto linda, pero yo estuve con ella varias veces hasta que el gallo se enteró. Se puso violento y se me fue encima, pero yo no caí en eso y lo dejé gritando. Agarré el burro y me fui caminando pues tenía cargado el animal con mercadería. Casi al anochecer sentí pasos detrás de mí, y era el gallo, el capataz, que venía medio curado. Había caminado detrás de mí varios kilómetros desde el pueblo solo para pegarme. De nuevo me quiso dar unos combos y sacó un cuchillo. Yo también saqué el mío y, como era más rápido, lo abrí como un animal. Casi con las tripas afuera, quedó botado en la pampa. Y yo me fui. Ahí se quedó, medio muerto. Nadie nos vio y varios meses después supe que lo encontraron seco. La de vinchucas que deben haber llegado. Después de oír eso, mi colega y yo nos quedamos en silencio por unos segundos, medio perplejos ante tamaña declaración. Sin embargo, no sentí miedo, no sé por qué, su relato que no era exactamente amable era una especie de ventana al pasado de la vida de don Segundo, en medio de una tierra que a veces podía ser generosa y otras veces muy dura. Lo miré y le dije sonriendo: —O sea que tenemos quién nos cuide si andamos solos por estos lares —él asintió con su característica amabilidad. Nuestra amistad duró hasta que un día supe que había fallecido. Fuimos juntos a otras aguadas, otras quebradas y comimos queso debajo de otras rocas. A pesar de su relato, nunca lo vi como un asesino, era un alma amable que tenía también un lado feroz.
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