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2 Edición, diseño y diagramación Fundación de Comunicaciones, Capacitación y Cultura del Agro del Ministerio de Agricultura. Junio 2025 Este proyecto se realizó con el apoyo de la subvención municipal otorgada por la Ilustre Municipalidad de General Lagos y el Honorable Concejo Municipal.

3 Las escenas a las que estos relatos nos permitieron transitar nos ofrecieron la posibilidad de palpar eventos sin tiempo: despertar entre el ganado, caravanas de horas junto a la familia, los cielos estrellados en las noches de trashumancia, los partos de rodillas en un ambiente seguro y acompañado, las fiestas de los pueblos, la música de la voz aymara cantándole a los animales, el licor cayendo por el cuerpo del titi hasta el awayo regado de hojas de coca, la k’oa, bandejas con wiphalas blancas, hogueras iluminando cada cerro durante el año nuevo aymara y, a la mañana siguiente, el agua de la vertiente cristalizándose o derritiéndose en las cabezas antes del amanecer. El autor y la autora.

4 AUTORA: Küyen Railén Gerter, licenciada en Filosofía por la Universidad de Chile, magíster en Antropología: Investigación avanzada e intervención social por la Universitat Autònoma de Barcelona. Becaria del programa Escuela de Verano sobre Derecho Indígena, Perspectiva de Género y DDHH en Latinoamérica de la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido becaria del programa Santander como estudiante de intercambio en 2014 en la Universidad Autónoma de Madrid, y como investigadora en 2020 en la Universidade Estadual de Campinas, Brasil. Sus líneas de trabajo han sido, desde la filosofía: los estudios filológicos, filosofía de la liberación y teoría del conocimiento; desde las ciencias sociales: la antropología de la danza, antropología simbólica, danzas afrolatinas y ritualidad aymara en torno a la ganadería camélida. Ha trabajado con la Fundación Markas Layku desde el 2023 como investigadora principal para las publicaciones “Don Germán Flores Mamani, el Mallku de Ancara” y “De pastoras, pastores y memorias: la ganadería camélida en la Región de Arica y Parinacota”. AGRADECIMIENTOS A: Emmanuel Sepulveda, profesional Servicio País, y a don Luis Chambilla Chura por su apoyo para la elaboración del mapa que muestra los trayectos que recorría don Jorge Quelca en la comuna de General Lagos.

5 Primeros años 11 Chapoco 13 Visviri 16 Migración y retorno 19 Rutas y tránsitos 22 Tripartito 23 Ancolacane 27 Proyectos desarrollados 31 Últimos cargos dirigenciales 32 Bofedales 34 Manejo de bofedales 36 Frutas silvestres 46 Chillawa 47 Q’eña 48 Misk’i t’ula 50 Lima 52 Tuna silvestre 53 Canglia 55 Hanco t’ula 56 ÍNDICE Airampo 57 Pinco pinco 58 Amañoco 59 Virso 59 Paco 60 Paco sik’e 66 Paja brava 67 Construcciones tradicionales 74 Techado de paja brava 75 Construcción con adobe 89 Construcción de corrales 96 Ritualidad del ciclo 100 agrario y ganadero Monta dirigida 101 Primera esquila 103 K’illpa 105 Vilancha 106 Fiestas patronales 107 Palabras finales 112 Glosario 114 Bibliografía general 116

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7 PRESENTACIÓN Los textos que se condensan en las próximas páginas corresponden a una recopilación de memorias y conocimientos de don Jorge Quelca Flores: constructor, ganadero, ex dirigente y gran entendido en el manejo de los bofedales. A través de la publicación de su biografía, narrada en primera persona, se ha buscado poner en valor saberes que aún siguen presentes en el altiplano pero que, debido a la dispersión demográfica, migración a las ciudades y a los procesos de escolarización y occidentalización, han ido desapareciendo entre las familias y descendientes aymara. El testimonio de don Jorge Quelca nos invita a adentrarnos no sólo en la interesante -y difícil- vida que llevó, sino que también nos permite acceder a valiosos conocimientos ancestrales como: la construcción con adobe y paja brava, el amplio mundo dentro de los bofedales, desde su cuidado y riego hasta los frutos silvestres que don Jorge podía comer de niño -aún crecen, la mayoría de ellos, en el altiplano-, el manejo de animales y la ritualidad que comprendía la práctica ganadera cotidiana. El texto ha sido dispuesto de modo tal que la voz de don Jorge fuera interferida lo menos posible. Únicamente se cuentan excepciones, pertinentemente demarcadas dentro de recuadros, al inicio de cada apartado y cuando se consideró enriquecedor entregar contenido adicional para otorgar, así, un panorama más amplio de aquello que don Jorge Quelca relata. Al final de cada apartado se entrega una referencia bibliográfica, la cual es utilizada en los recuadros antes mencionados, aunque sin citar específicamente para no entorpecer la lectura general del texto. Los dibujos que acompañan el relato se utilizaron con el fin de dar un contexto visual a la oralidad y a las memorias que don Jorge Quelca Flores, tan amablemente, compartió para la confección de este libro. Estos fueron generados con Inteligencia Artificial, intentando respetar las descripciones hechas por don Jorge Quelca. Posteriormente, se conversó con él sobre la pertinencia de dichos dibujos y se pidió su opinión de estos. Así, se determinó el uso de aquellos que se podrán apreciar en las próximas páginas y, para el caso de los bofedales, las construcciones tradicionales, Chapoco y Ancolacane, se utilizaron las fotos hechas en terreno. La imagen que se tomó para la portada de este libro fue escogida por don Jorge Quelca quien, cuando se le mostró la propuesta -dibujo en blanco y negro hecho a trazos-, sugirió: podría ser con mi eucalipto, que aquí no prende y yo lo hice prender. La propuesta de don Jorge Quelca expresa su profundo amor

8 por las plantas y su gran maestría con el cuidado de ellas. Tienen en su vida un lugar esencial y asume la responsabilidad total en ese vínculo. Meses después de esa conversación, en nuestro último encuentro, antes de despedirnos, me comentó: El eucalipto sigue creciendo. No me creen de que en Ancolacane…”Noo”, me dicen, “en un valle, porque adónde va a haber eucalipto en la comuna de General Lagos”. Les dije: no, en mi casa. Esta es mi casa, mira. Cuando lo miran bien, bien, dicen: Ahh, de veras que dio. La dificultad de explicar a alguien el amor por una planta don Jorge la disipa con la práctica cotidiana; en saber leer los colores de sus hojas, su falta -o exceso- de agua o de sol, la fortaleza o debilidad de su tallo. La reciprocidad se materializa en el cuidado que don Jorge Quelca les da y en los frutos que estas, generosamente, le han ofrecido desde su infancia. Para el caso de las palabras en aymara, se optó por usar una transliteración según el Alfabeto Fonético Internacional, debido a que la escritura actual -en la mayoría de las publicaciones académicas y de difusión- suele representar la pronunciación del aymara hablado en el Estado Plurinacional de Bolivia, la que difiere -para ciertos términos- del aymara hablado en el altiplano chileno, específicamente, en la comuna de General Lagos. Por último, en lo que atañe a los aspectos formales, en el cuerpo del texto se demarca con corchetes [ ] aquello que no fue dicho por don Jorge Quelca, sino que fue agregado posteriormente a su relato; con cursiva las frases que fueron dichas por alguien (por ejemplo, en muchos casos don Jorge emula ser otra persona hablando), mientras que los diálogos extensos se presentan, directamente, enunciando los nombres de los interlocutores. En lo que atañe al fundamento teórico, el estilo que aquí se presenta y la vereda desde la que se formula esta propuesta, y a riesgo de parecer imparcial, admito desde ya la influencia de Eduardo Galeano, gran historiador -periodista de profesión- uruguayo, que ha dedicado su vida a denunciar la sordera crónica que este continente ha padecido por siglos. Su trabajo es una fuente de inspiración y, por lo tanto, fue una gran referencia para la confección de este libro. De “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” surge la idea de los recuadros como paréntesis que se desarrollan en paralelo al relato de don Jorge. Se quiso poner la voz de don Jorge Quelca como el pilar fundamental del texto y no, en cambio, como una cita que alimenta el discurso del cientista social o del filósofo.

9 Un antropólogo -y querido amigo- afrobahiano, dice que él es antropólogo con a minúscula, que no hay quien no lo sea. De alguna manera, todas las personas hacemos antropología. Pero el antropólogo con mayúscula delimita su quehacer, escoge el método y analiza rigurosamente. Él, dice, no quiere eso. No quiere ser objetivo, separarse de su historia personal, delimitar su quehacer o su metodología. No quiere dejar de escuchar su intuición. Adrede se escogió dar preponderancia al relato de don Jorge Quelca. Se considera esta una forma de honrar su voz y, con humildad, callar para escuchar lo que quiere compartirnos. Aunque no se citan, están de igual modo entre estas páginas, estos encuentros, diálogos y caminatas por los bofedales y antiguas construcciones, Adriana Guzmán, Moira Millán, Héctor Llaitul, Elicura Chihuailaf, Silvia Rivera Cusicanqui, Ailton Krenak, Rodolfo Kusch, Enrique Dussel, Antonio Bispo, Victoria Santa Cruz, Eduardo Viveiros, todas mis maestras y maestros, todas y todos mis ancestros. Que esta acequia que abrimos, con pala y picota, riegue las pacientes semillas secas y las impulse a germinar. Que sea en buena hora, Küyen.

10 ¿Quién soy? Batido de mil colores y sabores. Soy el origen de mis limitaciones, lo primitivo de mi existencia. Un mar de incertidumbre por descubrir. Soy tierra, agua, fuego y aire. Cultura andina añorada, tejido degradado y extenso, sangre firme y resistente brotando eternamente. Soy la danza del huayno y sus variaciones fragmentadas, pie forzado para mis migratorios lenguajes. Soy aymara, quechua… La manada transitando en sincronía. Soy un acto colectivo y reparativo, celebración y excusa constante para resistir, para tomar tu mano, cintura y zapatear en la misma vereda, abrir la tierra con mis pies y gritar: ¡¡¡Aquí estamos, esto somos!!! Mi danza, brebaje ancestral vivo e inmaterial Esta cuerpa física, energética y magnética soy, y estas serán mis semillas besando la tierra, abrazando en ayni el ajayu quebrantado por los sincretismos de la historia: Pueblo ramificado, híbrido y diverso, territorio de todes y cada una de las que ruedan por las polleras de los Andes. Pertenezco a esa raíz móvil trascendiendo de generación en generación, a las danzas que sanan mis raíces. Es aquí a donde pertenezco: a este tejido, a esta Pacha sagrada de huellas infinitas. Texto de la obra escénica “Pertenecer”, Ximena Alejandra López Humeres, bailarina y coreógrafa aymara.

11 PRIMEROS AÑOS Mi abuelo era luchador. Mi abuelo se llamaba Eustaquio Flores Tapia. 1963 - 1975

12 Iglesia de Chapoco. Antigua construcción de piedras encajadas. Registro personal.

13 1. El apóstrofe indica que la consonante es aspirada, mientras que para la aspiración de las vocales se opta por anteponer la “h” (como en el caso de “hok’o”), parecida a la “j” del castellano, pero más suave. En este apartado don Jorge Quelca se presenta, se refiere a su abuelo y a su lugar de procedencia: Chapoco. Además, narra la lucha de su abuelo para conseguir que los niños de su pueblo y alrededores recibieran educación, el contexto de la escolarización y las largas caminatas que debía hacer para llegar a la escuela cuando esta fue desplazada a Putani. Asistió a la escuela en ese poblado hasta 1970. CHAPOCO Bueno, de niño, nosotros…mi abuelo y yo…yo soy de Chapoco, estancia Chapoco. Ahí hay una iglesia de pura piedra que mi abuelo dejó, entonces…Mi abuelo era luchador. Mi abuelo se llamaba Eustaquio Flores Tapia. Mi abuelo me decía por qué se llamaba chap’a hok’o1: porque el bofedal no es dulce. Chap’a hok’o. Como en español le pusieron Chapoco, para pronunciar más fácil. Chap’a significa desabrido. Hok’o es bofedal. Chap’a hok’o. De ahí, pronunciarlo en español: Chapoco, listo. Como que no fuera dulce. Se le dice bofedal dulce al que da fruta…Chapoco hay puro, muy helado, pero en las quebradas no. En las quebradas ya es más abrigado. Mi abuelo me mostraba las hierbas medicinales como pinco pinco. Me llevaba al cerro a buscar. Entonces íbamos trayendo… íbamos, pero bien buenas. No, no era [yatiri; era] negociante no más. Compraba en ese tiempo, cuando Arica era chiquitito. Limpiaba carbón, yareta. Antiguamente, Arica vivía con yareta y con carbón. Entonces ahí él enviaba. Tenía gente trabajando por los cerros haciendo carbón, juntando yareta…y él iba a General Lagos: solicitaba un carro de estos cargados…para Arica, y allá manejaba. Y de allá traía mercadería. Tenía su negocio en Chapoco, un almacén. Entregaba todos sus trabajos. Era de negocios y ganadero, comerciante. Llevaba lana, mandaba para Arica igual. Y él era mi abuelo y, bueno, él era luchador. Él iba a solicitar, no cierto, un profesor para que no queden analfabetos los niños. Antes, antiguamente, no había escuela. Entonces mi abuelo traía, buscaba a través de municipios… Bueno, tenía que andar para allá, para acá, buscando profes para Chapoco, porque habían varios niños ¡hasta de 30 años! que no sabían ni el abecedario, entonces mi abuelo estaba preocupado.

14 Yo era niño en ese tiempo, pero otros vecinos eran más grandes… Bueno, entonces mi abuelo, hasta que consigue… bueno, él, yo no. Yo solo veía lo que hacía. Bueno, ahí consiguió con la junta de adelanto: unos columpios, para tirarte. Los niños venían de Putani, de Papilla, de Sajala, de Challepujo, de varias estancias venían a Chapoco. Y de tanto eso, bueno, mi abuelo tenía en Chapoco ahí, de 1.500 m un canal, así: natural, para que vengan a Chapoco. Y los niños, como venían de Putani, Sajala…entonces ahí venían como 5 niños de ese lado. Hacían maldades, cortaban no se qué, cortaban…pero como chiste…pero entonces mi abuelo de tanto se aburrió, cortaban, claro el agua psss [hace onomatopeya] corría así, por la pendiente. Ya, a trabajar, a trabajar, a trabajar. Mi abuelo ya estaba cansado y, a la final, cuando aparecen los de Putani, dice…Martin Flores, se llamaba. Usted tiene 1 solo, y nosotros éramos 4. Entonces dijo: “No, nosotros tenemos más niños”, le dijo. “¿Sabe qué? Que se traslade la escuela a Putani, porque nosotros tenemos más niños acá, más cerca. Porque ustedes son pocos”. Mi abuelo, como ya estaba aburrido con eso, dijo: “ya, bueno. Usted se hará responsable de los chicos. Como yo ya he luchado…”. Ya. Se cambió a Putani. Duró como 2 años la escuela allá. Nosotros íbamos de Chapoco a Putani después. Ahí estaba el profesor como representante. Bueno, sabía. No era profesional mismo, pero sabía leer, escribir, todo. Se llamaba Martín Flores, y duró 2 años. Y después se terminó po’, ya no…Todos nos vinimos a internado aquí. Yo también me vine. Todos mis primos también se vinieron. Aquí nos encontramos todos… Mis compañeros de curso, como: Gregorio Vista de Chapoco hacia la carretera. Registro personal.

15 Mendoza, Nicasio Marca, Tomás Mollo, el Robertico…varios niños que estaban acá. Aquí llegué yo. Bueno, hasta 5° básico, no más. No terminé 5°. No pude por motivos que…Bueno, yo no tenía mamá ni papá, po’, así que era incómodo para mí… Mi mamá me dejó con 3 meses, y mi abuela me dejó con 5 años. Mi papá se fue, po’…Casi no conocí a mi papá yo…ni a mi mamá, tampoco… con 3 meses. Conocí a mis tías, sí. La tía Celia… conocí a todas mis tías. De Chapoco me fui a Putani y después a Visviri. Pero eso fue por la escuela, no más; yo siempre he vivido en Chapoco. Eso es donde yo vivo, donde pertenezco. Cuando estudiaba en Putani, volvía a Chapoco todos los días. Iba a la escuela, no más; en la tarde, nos veníamos a Chapoco. Y, en la mañana, ¡nos vamos también! Porque en todas partes son así: si de 5 km, 3 km a la escuela. De Chapoco a Putani está como a 4 km. Para acá [Visviri] sí que es lejos. Después me vine a Visviri al internado.

16 Bueno, después, ¿por qué no terminé el curso yo? Por motivos que no tenía qué comer… sufría no más. Y había… don Germán Flores y la Mauricia Valdés era manipuladora del internado. Y también atendía el rancho del ferrocarril. De tanto esto, Germán me decía: Jorge, me decía, ¿por qué no trabajái conmigo? Me falta quien acarree agua para los hogares, ¡hay tantos hogares de los maquinistas! Y, a la tarde, te vas a la escuela. Acá tenís comida, tenís pan. Ah, ya po’, me fui para allá. Empezamos con eso. El caso canadiense Durante 1880 y 1996, el gobierno canadiense aplicó políticas asimilacionistas dentro de las familias de los pueblos originarios con el fin de integrar a las comunidades indígenas al proyecto nacional. Fueron más de 150 mil niños y niñas quienes debieron asistir obligadamente a los internados de escolarización donde eran prohibidas las lenguas y costumbres propias de sus comunidades. La finalidad era occidentalizar a una población que no formaba parte del ideal civilizatorio de la nación emergente. Alrededor del 70% de estos internados estaban a cargo de la institución eclesiástica. A medida que una mayor cantidad de tierras era confiscada por el Estado y dedicada a labores agrarias y ganaderas VISVIRI En este apartado, don Jorge relata el periodo en el que estuvo de interno en Visviri (1970 a 1975): cómo era la vida ahí, cómo se sintió y, posteriormente, cómo debió empezar a trabajar para poder alimentarse. Además, se comentan otros casos de internados para niños y niñas de pueblos originarios que funcionaron en el continente durante la época de expansión, delimitación fronteriza e instalación de discursos patrios desde los Estados-Naciones. Cuando fui al internado de Visviri, tenía como 7 años. Gracias a mi abuelo: porque si no hubiera venido aquí, no hubiera aprendido nada, po’. Aquí quedé internado. Aquí solamente te entregaban un casillero y una litera. Y una salamandra. Nada más. Y todo el resto tenías que traerte tú. Tenías que traerte tu mercadería para cocinarte…y no había leña. Salamandra: prendía un rato y consumía cualquier leña… no hervía ni té. Bueno, de tanto, por lo menos, podíamos tomar tecito. Pero ya, prepararse una cena: no podíamos. Porque se necesitaba mucha leña y…Entonces la salamandra es otra cosa: te chupa, te quema un rato. No es como cocina que nosotros tenemos a leña. La salamandra no. Es como una estufa y tiene sólo para poner una teterita. Pasa esto. Claro que calienta la pieza, pero consume harta leña. No hervía nada de agua, po’.

17 2. Concepto desarrollado por la filósofa Silvia Federici (2010). Mujeres, luchas por la tierra y reconstrucción de los bienes comunales. Veredas. Revista del pensamiento sociológico, (21), 81-106. Y después me dice la Mauricia, que es su esposa: - Jorge, ¿sabís qué? Mejor trabaja; te pagamos. - Ah, ya po. - ¿Sabís qué? Hay que lavar todas las bandejas de la escuela. - Chuta. - Y hay que baldear el piso. Ya no alcanzaba a ir a mi clase. Ya era tarde. Y así fue. Al final, uno ya veía platita. Entonces uno estaba emocionado de trabajar que, ya…a la final, hace falta… por eso es que… me quedé ahí. Ya, me fui a trabajar no más. A acarrear agua a los hogares. Tenía que llenar como 10 tambores diarios. Ni la mitad consumían los hogares: maquinistas, tracción… después, hacer camas. Todo eso hacíamos. Y, a la final, también tenía que limpiar bandejas, baldear el piso… ya dejé botada la escuela. A trabajar no más. Eso fue como a los 10 años. Y mi abuelo, como era viudo también, ya no me mandaba nada… La gracia es que [mi abuelo] me dejó en el internado. Pero no había nada… Ahora no po’. Ahora está todo arreglado. Tienen alimentación… todo tienen. Están bien. Pero en esos años, no había nada. Hasta frazada, todo [tienen hoy]… Pero donde más sufría era de alimento: cena, desayuno, once. No había, po’. Solamente almuerzo había en la escuela. administradas, a su vez, por los colonos, más reservas indígenas eran establecidas instalando, así, nuevos cercos2 que separaban lo privado de lo comunitario. En mayo de 2021 fue encontrado en Saskatchewan, Canadá, un cementerio clandestino junto al internado católico Escuela Residencial Indígena Marieval. Poco después, se encontró un segundo cementerio: ninguno tenía tumbas con inscripciones ni tampoco se han conseguido registros de las niñas y niños a quienes pertenecen esos cuerpos. Ambos sumaron la cuantiosa cifra de 966 tumbas. Se estima que murieron entre 3 mil y 6 mil menores en total. Los internados no estuvieron sólo en Chile -de norte a sur- y Canadá. También fue una estrategia homogeneizante en países como México, Bolivia, Perú, Argentina, Colombia y Estados Unidos, entre otros.

18 Material consultado Beaucage, P. (2022). ¿Etnocidio o genocidio? El drama de los internados indígenas y la política indigenista de Canadá (1880-1976). Antropología Americana, 7(13). Fonseca, F. (01/12/2024). US grappling with Native American boarding school history. https://apnews. com Giraudo, L. (2010). De la ciudad “mestiza” al campo “indígena”: internados indígenas en el México posrevolucionario y en Bolivia. Guzman, D. M. (2003). Nación, identidad y cultura en América Latina. El indigenismo latinoamericano 1920-1970. Mopa Mopa, 1(15), 24-37. Laz, C. V. V., & Arias, F. (2022). Propuestas de escolarización de las infancias indígenas en el Territorio Nacional de Neuquén (1930-1938). Páginas (Rosario): Revista Digital de la Escuela de Historia, 14(36), 10. Sepúlveda, J. G. M., Billeke, C. A. H., & Menares, G. A. D. D. P. (2018). Infancia mapuche encerrada: internados de las escuelas-misiones en la Araucanía, Chile (1900-1935). Revista Brasileira de Educação, 23.

19 MIGRACIÓN Y RETORNO Don Jorge hace un repaso por sus recuerdos rememorando sus prácticas cotidianas, las enseñanzas de su abuelo y los frutos de los bofedales. Se aborda el tema de la migración campociudad y el despoblamiento del altiplano. Don Jorge fue uno de los pocos migrantes que, luego de bajar a los valles a desarrollar labores agrícolas, volvieron a sus localidades de origen. Bueno, después me fui otra vez a pastorear. Siempre más me dedicaba a hacer monta, más a… tradicionalmente, de mi abuelo: hacía tanta costumbre. Ahora ya no lo hacen. Antes era respetuoso. Se respetaba al agua, se respetaba a la lluvia, se respetaba a la primera esquila, se respetaba a la primera monta -de manejo-... alpaco. Y tener machaje separados, de ir al cerro, a pastorear. Entonces… era bueno. Y también… bueno, en esos años yo, mi historial… todos sabemos, que hay partes, los que somos de la comuna de acá: aquí hay como 20 variedades de fruta silvestre que se comen. Dentro de esos 20 -pero tiene su tiempo-: como 10 en este tiempo [abril], otros 10 en junio pa’delante. Entonces era buscar, conocer. Bueno, nosotros pasábamos feliz cuando estábamos en temporada, ese tiempo, con mis primos. Con mis primos sacábamos todos los días. Íbamos a pastorear y: ¡a sacar suche! Con palitos y con chinguillo3 (el otro tiene que molestar, pa’ que entre al chinguillo). Mucho suche comían. Suche es como esos pescaditos con bigote, el único que había en río Putani. Hasta 50 cm. También hay chicos. Y éramos maldadosos. Si sacábamos puros chicos, no llevábamos a la casa. Y cuando sacábamos 2 o 3 grandes, ahí sí llevábamos a la casa. Y las tías recibían: no, al tiro a preparar; estábamos comiendo. Pero yo no sabía cuando era niño, nosotros decíamos: ¿Sabís qué? Los chiquitos los dejamos para mañana y mañana volvemos a mariscar y sacamos uno grande, y ahí llevamos. Y cuando volvimos como a esta hora otra vez al pastoreo a ver los suches que dejamos en un pocito: no, estaban todos muertos…que se morían con el oxígeno ¿Y qué sabíamos nosotros? [ríe] Era llenar un pocito para que estén vivos para mañana sacar, y con eso vamos a llegar a la casa. No po’, y los encontrábamos todos muertos. Por eso decía yo que… era maldad no más [vuelve a reír]. 3. Malla de pesca.

20 Bueno, al final ya, ya después me fui a trabajar para el valle, pa’ Azapa. Trabajar ahí, haciendo… en ese tiempo no se regaba a goteo, se regaba a caracoles -decían los jefes ahí. Ya ahí tenía 12 años. Ahí trabajé un año y mi abuelo me fue a buscar, porque estaba triste y quería que lo acompañe. Me vine con mi abuelo a Chapoco otra vez… porque no había quien le ayude: quien le ayude a esquilar… acá se necesita gente po’. Pa esquilar en tiempo de lluvia, especialmente, hay que levantar las crías: que se están congelando, que están cayendo al río. Hay que estar o si no, no tendríamos animales. Mi abuelo duró como hasta los 95 años. Con 95 años se murió mi abuelo. Cuando empezó, me acuerdo, tenía sus llamos y alpacas: como 400. Después mi abuelo, como ya era viudo, no pudo pastear llamos. Tuve que eliminar los llamos; tuvimos que pastear pura alpaca no más. Migración y despoblamiento A mediados del S. XX se produce una masiva migración desde el altiplano a las zonas rurales aledañas a la ciudad de Arica. Aunque este proceso ya había comenzado décadas antes hacia los principales enclaves mineros, es a partir de la década del 70 que los poblados de Putre y General Lagos experimentan un fuerte descenso entre sus habitantes. Este fenómeno se advierte también en los pueblos-naciones mapuche y atacameño, donde sus integrantes vivían, principalmente, en entornos rurales. Poco a poco, se verá cómo las comunidades se hacen más pequeñas mientras crecen exponencialmente Santiago y Concepción en el sur, e Iquique y Arica en el norte. Para el caso aymara, la mayoría de quienes emigraron de sus localidades no volvieron a estas, lo que termina provocando un envejecimiento y alarmante descenso demográfico de los pueblos del altiplano y también de precordillera. En el último censo, se contaron en la comuna de General Lagos 684 personas. Del total, el 61% tiene más de 30 años.

21 Material consultado González Cortez, H., Gundermann Kroll, H., & Hidalgo Lehuedé, J. (2014). Comunidad indígena y construcción histórica del espacio entre los aymara del norte de Chile. Chungará (Arica), 46(2), 233-246. Gundermann Kroll, H., Vergara del Solar, J. I., & González Cortés, H. (2019). Relatos de violencia y muerte indígena en la frontera andina del norte de Chile (siglo xx). Diálogo andino, (60), 97-113. Gundermann Kröll, H., & González Cortéz, H. (2008). Pautas de integración regional, migración, movilidad y redes sociales en los pueblos indígenas de Chile. Universum (Talca), 23(1), 82-115. Moscoso, C. C., Oroz, S. S., & Zúñiga, P. C. Algunos antecedentes etnográficos acerca de la migración interna rural urbana de los sujetos aymara en el extremo norte de Chile (región de Arica y Parinacota). Yañez Medina, C. A., & Capella Sepúlveda, C. (2021). Construcción de identidad personal en niños y niñas aymara residentes en Chile. Revista de Psicología (Santiago), 30(2), 54-70.

22 RUTAS Y TRÁNSITOS Después me puse a trabajar en negocios, ¿Qué era mi negocio? En bicicleta.

23 Una vez de vuelta en el altiplano, -en 1976, con 13 años-, don Jorge se dedica al comercio entre la comuna y lo que consigue en la feria del Hito Tripartito (zona fronteriza entre Chile, Perú y Bolivia). Se problematiza el concepto de frontera desde perspectivas poéticoliterarias y académicas (donde se le hace dialogar con otro concepto, el de apacheta). Además, se comparte un mapa de la zona para complementar el relato de la itinerancia que don Jorge hacía para repartir la mercadería. TRIPARTITO Con esa bici trabajé 8 años. 8 años, imagínate, en puro de ahí de Chapoco a Tripartito ida y vuelta. Y cuando corría viento, no te dejaba avanzar, te aguanta. De allá para acá. Al Tripartito, teníamos que venir cargados: atrás y adelante. Con mis tíos, mis primos hasta llegar a Chapoco más acá. Mi tío se ponía a tomar. Y ahí nos quedábamos dormidos, a medio camino no más; echando fuego, a puro fuego no más. Al otro día avanzábamos y llegábamos a Chapoco. Traía golosinas, traía discos. Antes habían, como cassette. Después salieron cassettes. Todo eso vendía… y detergente. Mi primo me animaba: - Vamos, primo, vamos a ganar plata. Allá se cambia con trueque, con lana, con cuero chico… …”Cuñachi”, le decían. Íbamos de Ancolacane, salíamos a Humapalca, salía a Alcérreca, íbamos a Pahuta, a Chapuma, a Hospicio, a Surapalca, ahí al ladito de Tacora, a recoger lana ¡o carne! para vender al Tripartito otra vez. Ese era mi negocio. Así iba cambiando… porque aquí casi nadie tiene plata; tienen alpacos, llamos. Traía detergente, pan, pan dulce. A los abuelitos les gusta: ya po’, deme 2 libras, una libra… Cambiamos por el costo eso. Y, de ahí, con ese de nuevo partíamos al Tripartito. Más arriba no íbamos ya. Iba con mi primo Fernando. Todos los lados recorríamos vendiendo. De allá veníamos cargados de lana. Mi primo arreaba los quesos. Todo era negociable. Se compraba allá a un poco menos y aquí se vendía a un poco más, y así iba quedando la moneda.

24 Al final, nosotros traíamos mercadería y lo que nos vendían es: lana, cuero, queso, que comprábamos en la comuna. De allá traíamos puras frutas, verduras, pan dulce, pululo, traíamos fósforos, detergente. Todas las cosas así, que es necesario, que se necesita. Como música. Se llamaba discos antes. Y la gente los compraba, po’. De todos esos tipos traíamos. Encargaban papa, arroz, azúcar. Nosotros comprábamos allá (lana, cuero, queso) y después lo vendíamos a Bolivia, a Perú. Mapa elaborado por Emmanuel Sepúlveda González. La frontera abstracta Curioso sería pensar las fronteras como puntos de encuentro en vez de límites que separan naciones. No estados-naciones, sino que pueblos-naciones. Pero, ¿qué es pueblo y qué es Estado? ¿Hay que preguntarle a la historia o basta con mirar a los ojos al verdugo? Quienes legislan, aún no reconocen; quienes no reconocen, niegan la otredad.

25 Si la mayor validación a la existencia y autonomía de un pueblo es su reconocimiento constitucional, este Estado-Nación sigue faltando el respeto a los pueblos de los cuales hizo uso de sus tierras. Ya instalado, inventó leyes para legalizar el robo. Hoy, las leyes que encarcelan a quienes continúan defendiendo a la tierra proliferan con excesivo frenesí. La escuela del mundo al revés, diría un escritor uruguayo. El Estado-Nación es una ficción erguida entre guerras y banderas. El Pueblo-Nación, en cambio, es ese inevitable: aquel que aparece en el Hito Tripartito. Sin preguntar, sin pedir permiso, sin presentarse. Simplemente aparece porque existe. Porque sigue siendo. Cada domingo, en los límites compartidos por los estados-naciones Chile, Perú y Bolivia, las fronteras se desdibujan. Se encuentran familiares y autoridades aymara como colliris o yatiris; se venden las cosechas de tierras y animales; se intercambia dinero; también se cruzan de un lado a otro palabras en aymara y, otras cuantas, en quechua. Y, a la final, tuvimos que ir con burros. Porque en esos tiempos el burro era como camioneta. Había que arrendar. Yo arrendaba en Putani. La mamá del Cipriano [estancia Japuma] arrendaba burros. Tenía burritos mansitos, para cargar fácil solo. Porque, claro, los burros que son chúcaros ya necesitan 2 personas: para agarrarle, para afirmarle, pa’ que cargues. Tenía que ser burro mansito, así, de tira. La apacheta La diferencia fundamental entre un hito fronterizo y la Apacheta es que esta última es un demarcador de camino, mientras el primero es un demarcador de frontera. La Apacheta es un lugar de acogida mientras que el hito, un lugar de separación. La Apacheta es el umbral para un nuevo camino, y el hito fronterizo es la puerta de un territorio extranjero. Cada piedra que ha permitido levantar la Apacheta expresa a cada caminante en su singularidad y universalidad en tanto habitante. Son también el vínculo con el caminante que vendrá: el pasado se funde con el futuro en un ritual de integración tanto temporal como espacial. Miranda (2009), p. 30

26 Material consultado Galeano, E. (1998). Patas arriba: la escuela del mundo al revés. Siglo XXI. González Cortez, H., & Ruz Zagal, R. (2015). Fe en el papel: la inscripción del dominio de las tierras de comunidad en el altiplano chileno. Diálogo andino, (46), 143-152. Miranda, S. G. (2009). El Norte Grande de Chile y sus dos triple-fronteras: andina (Perú, Bolivia y Chile) y circumpuneña (Bolivia, Argentina y Chile). Cuadernos interculturales, 7(13), 27-42. Quitoran Retamazo, C. N. C. (2017). Pequeñas historias cuentan grandes realidades: análisis de la construcción narrativa en el documental peruano “Sigo Siendo (Kachkaniraqmi)”.

27 Don Jorge Quelca se asienta en Ancolacane en 1977, donde asume la presidencia del comité vecinal. En este apartado enumera algunos de los proyectos desarrollados y comenta la exigencia de asumir un cargo dirigencial. Se entrega información adicional sobre las juntas vecinales y la organización de pueblos originarios desde DASIN a CONADI. ANCOLACANE Y, a la final, conocí a mi esposa y me quedé en Ancolacane. Y me quedé ahí como con 16 años. No, con 17. Sí. Después me tocó ir a militar. Me casé a los 17. Mi esposa se llama Leandrina Flores Flores. A los 18 fui al servicio. Me llamaron, me tocó. Y justo en esa fecha había muchos soldados. Y como yo era “Q” -porque por abecedario te llaman-, y como éramos varios, entonces quedamos como reservistas no más, porque estábamos sobrando. Y como yo era “Q”, era último. Estábamos como reservistas, íbamos semanal no más. Más encima, que tenía señora yo. Y había en el municipio un asistente social y le pedí una cartita, porque ya tenía un hijo, entonces… Quedé, eso: haciendo trabajo… el fin de semana iba a la defensa civil. Ahí quedó. Y seguir trabajando. Y, a la final, ya tuve que tomar un cargo en Ancolacane como presidente del comité vecinal número 1. Y ahí aprendí a buscar soluciones. COMITÉS VECINALES Aunque las juntas vecinales se imponen a partir de 1960 con el fin de dar una posibilidad de canalización de las demandas desde los poblados pequeños hacia los entornos urbanos, la mayoría de estas fueron creadas entre 1968 y 1973. Debido a que la CONADI no aparece sino hasta 1993 -y, por lo tanto, tampoco habían sido constituídas legalmente, en ese entonces, las comunidades indígenas-, las juntas vecinales fueron los principales dispositivos de articulación y organización dentro de las familias aymara de la comuna. Si bien las organizaciones comunitarias aymara nunca han desaparecido, sino que sólo han ido transformándose, es cierto que en las últimas décadas estas se localizan fuera de los territorios ancestrales y presentan un carácter mucho más abierto debido, en gran medida, a la enorme diversidad cultural que han experimentado las y los aymara migrantes en las ciudades. Los comités vecinales funcionaron como un dispositivo casi natural dentro de los pueblos del altiplano, ya que las familias siempre se basaron en la comunidad local para articular su organización.

28 Ahí, ya, tuve que trabajar. Justo ese tiempo había una fiesta que se celebra allá: San Santiago. Y pasó un ventarrón justo el 28 de julio. Y se llevó todo el techo de la iglesia, que es tan querida del pueblo. Y yo justo me había venido para Chapoco un rato. Volví. Pero corrió cualquier viento y se llevó todo el techo. Y ahí aprendí de buscar soluciones, dinero para reparar, porque ¿de dónde íbamos a sacar, po’? Los abuelos de ahí tampoco tenían plata. Bueno, hablé con obispos. Por allá me conseguí unos materiales. Y, a la final, me ayudaron con la mitad de material, como: vigas, calaminas, y nosotros teníamos que aportar la otra mitad más los fletes, que teníamos que traer de Arica. Frontis de la Iglesia de Ancolacane. Registro personal. Un familiar mío, un tío tenía una camioneta. Entonces ¡cargamos mucho! Teníamos todo el material y se quemó un disco, quedó botado en Colpita…¡Una historia! Teníamos que ir después en caballo; Ancolacane tenía hartos caballos en ese tiempo. Mi abuelo en caballo pastoreaba. Íbamos en caballo a buscar, porque la camioneta estaba botada en Colpita, entonces teníamos que llevar a hacer un injerto… Bueno, buscamos un disco antiguo, de esos camiones antiguos que trabajaban azufrero: había un disco viejo. Pero tiene la lata, po’; es grande. La camioneta es más chica. Entonces qué hicimos: Ah, se corta esta. Le dibujamos; a la medida que era. La remachamos en 4 partes y le armamos [la pieza]…. Techamos… hasta ahora tiene ese techo en Ancolacane.

29 Así trabajamos, en ayni. Unos trayendo juguito… la única forma. Porque solo, uno no hace nada. Cuando asumí la presidencia tenía como 20. Porque ahí estuve 10 años, en ese comité vecinal. Todos… se vencía, me elegían otra vez; se vencía, me elegían otra vez. Y ya me cabrié’, ya no quería más ya. Porque… si uno toma cargo de eso… porque hay que trabajar ahí, hay que dejar de lado el trabajo… si tú quieres conseguir, tienes que estar encima. Porque si no, no pasa nada. Hay que buscar proyectos. Bueno, yo me consumía. Ahí estuve yo trabajando cuando, ¿qué año habrá sido? Cuando todavía no era CONADI, cuando era CEPI, se llamaba, cuando recién empezó. Aún no se llamaba CONADI, después se llamó ya con ese nombre. ORGANIZACIONES E INSTITUCIONALIDAD La ley indígena 19.253 se consiguió a partir de las 3 iniciativas legales propuestas por la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (CEPI), dando como fruto la creación de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) en 1993. Las otras dos iniciativas de la CEPI: la ratificación del tratado 169 de la OIT y la reforma constitucional en materia de pueblos originarios, fueron desestimadas por el Congreso en dicho momento. Si bien recién el 2008 Chile ratifica el tratado estipulado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT), el reconocimiento constitucional sigue siendo una deuda pendiente con los pueblos originarios. Antes de la CEPI -creada por decreto supremo en el gobierno de Patricio Aylwin, impulsada por el Consejo Nacional de Pueblos Indígenas (CNPI), y vigente hasta 1995- la organización de los pueblos originarios operaba en torno al Instituto de Desarrollo Indígena (IDI), el cual cesó sus funciones en 1978. Un año después, la dictadura militar comienza un proceso de parcelamiento y venta de tierras, proceso que se desarrolló en total ausencia de un organismo garante de los derechos de las comunidades o, al menos, representante de sus necesidades y demandas. Tal organismo (IDI) fue creado bajo el gobierno de Salvador Allende. En términos históricos, la primera institución levantada desde el aparato estatal para dedicarse a los asuntos relativos a los pueblos originarios fue la Dirección de Asuntos Indígenas (DASIN), la cual fue creada gracias al trabajo y presión de la Corporación Araucana, así como al apoyo del diputado Venancio Coñoepán en 1953.

30 Daban en ese tiempo corrales techados, unos gaviones para los ríos… Me gané un proyecto de 4 corrales techados. Y de los 4 corrales techados, yo hice ¡8 corrales techados! Y siendo, bueno, no comprando materiales nuevos. Iba a comprar medio uso de cajones que venían a Montenegro. Antes venían cajones como latones, como listones. Compraba viga no más. Buscaba lo que yo pensaba amplio, que alcanzaba para todo; todos necesitaban. Y tenía 4; hice 8. Y alcanzó. Así que todos teníamos corrales y por acá me admiraban de que, ¿por qué usted, en Ancolacane no más tenían, po’? Porque, por eso, tal como dije yo: si uno toma cargo, tiene que ponerse firme para buscar proyectos y olvidarse de su fuente laboral. Si no, no se puede, porque… Y ya, de ahí, dejarlo. Material consultado Gundermann, H., & Vergara, J. I. (2009). Comunidad, organización y complejidad social andinas en el norte de Chile. Estudios atacameños, (38), 107-126. Román García, A. (2014). Hacia el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas en Chile. Vergara, J. I., Foerster, R., & Gundermann, H. (2005). Instituciones mediadoras, legislación y movimiento indígena de DASIN a CONADI (1953-1994). Atenea (Concepción), (491), 71-85.

31 Proyectos desarrollados El primero fue un proyecto de invernadero y después nos fuimos a piscicultura. Quería tener una fuente laboral. Aprendimos en el curso con Apacheta [Organización], haciendo unos invernaderos chiquititos de 3x3, de 1 m, para todas las familias. Todos teníamos; todos comíamos verduras ya, fresquitos. Era bonito. Y [con el sol] se quemaban los plásticos. Ahí quedaba… había un viento. Ventarrón que venía, se llevaba toda la tapa: lo hacía tira. Pero igual también faltaba más experiencia, de asegurar bien, amarrar bien. Y también era por eso de hacer… como era tan bajito, teníamos que levantar la tapa para ver, regar, para sacar la maleza. Entonces, de tanto abrir, cerrar; se va soltando no más. Y así empezamos. Después, de piscicultura hemos trabajado ya… la piscicultura la seguimos trabajando en Ancolacane, Colpita, Caquena, Cosapilla y Guacoyo fue el último. Y ahí comprobamos el resultado; había como una competencia. Yo criaba en Ancolacane y otros en Surapalca (chico), en un lugar de Colpita. Y Cosapilla también tenía buen… ahí me di cuenta yo, porque, pucha, necesitaba buen oxígeno. En Ancolacane es río puro piedra: el agua rebota mucho, entonces crea oxígeno. Entonces, la competencia era: sacábamos las truchas, anestesiábamos y medíamos. Teníamos que pesar y el crecimiento dar: cuánto. Ese era el manejo. Y cuando ya tiene sus 25 cm, ya estaba listo para la venta. Ahí llevábamos en un… traían hielo. Apacheta traía hielo. Y aquí sacábamos trucha y cargábamos como 1000 kilos. Una capa de trucha, una capa de hielo, una capa de trucha, una capa de hielo. Y de ahí, sacaban del hielo y entregaban al supermercado, en Azolas con Lastarria… me olvidé del nombre… pero ahí arrendaban un… Y ahí se vendían las truchas. Íbamos creciendo de a poquito: vamos, vamos, vamos. Y, a la final, ¿qué pasa aquí? La comuna fue a… con problemas familiares… del terreno, especialmente. Que me corresponde a mí… porque, bueno, ellos querían que, ya: toda la plata la pasaran a ellos, cuando ¡nosotros estábamos trabajando! Entonces ¿cómo? Bueno, si es que tuviera esta cosa más grande… Después yo he pensado… ya, dije: “Ya, entonces le dejo esta piscicultura para que ellos trabajen y yo me voy a hacer uno propio, aquí en río Putani”. Porque como yo vivo en Chapoco, mi abuelo tiene todos esos papeles de los ríos. Ahí iba con mis familiares. Hice ya por mis propios medios; no proyectos. Hicimos, trabajamos en comunitario: juntamos piedra, yo compraba cemento, hicimos emboquillado.

32 Hicimos 2 piscinas de 16 mil litros de agua, porque yo ya sabía qué necesitaba la trucha. Una piscina redonda iba mejor; cuadrado, no. Porque las truchas circulaban; se desarrollaban mejor. Y, a la final, ahí, porque, bueno, yo tampoco tenía mucha plata y no compramos cemento. Faltó ahí revestir, “estucar”, que se dice. A la final, traje 1.500 truchas de Surapalca: hacíamos nacer las truchas allá. 1.500 me traje a río Putani, en esa piscina. Traje muy chicas: estaban recién con una alita, recién estaban todavía con la guatita roja. Y de tanto se me abrió el estanque po’, porque no estaba revestido. Eso le faltaba. Se hizo una grieta. Y como las truchas eran tan chiquititas, se fueron todos al río. Hasta ahora hay truchas en el río Putani, porque antes no había nunca. Por eso hay ahora truchas: de 3 kilos, 3 kilos y medio. Ahí estábamos… Últimos cargos dirigenciales Bueno, después ya empecé a trabajar. A trabajar no más. Porque asumir cargos ya era más gastos. Ya, qué se yo, un tiempo era, tal como te dije, hace 10 años, yo iba a reunión a Putre, y [cuando] llegaba de allá [de regreso a Ancolacane], porque no tenía plata, no compraba ni un esto ni nada para mis hijos de regalo. Entonces era triste eso, porque mis hijos mismos me decían: papá, y cómo y el tío tal que se fue contigo, le trajo un chupete de regalo y tú no trajiste nada. Porque no hay, po’. Entonces, pasa eso. De ahí dije: ya no, ya no quiero cargos, mejor trabajo. Trabajar no más, tranquilamente, las cosas mías no más. Me dedico con cosas mías, no otras cosas. Organizaciones, no, es para puro perder tiempo para mí. También estuve con comunidad indígena. Después tuve que dejar también. Pero ya no, ya no ya. Ahora están mis… no, no, déjenme tranquilo, ahí no más. Está bueno ya. Total, hay trabajadores. Ahí están mis recuerdos, lo que he hecho. Los abuelitos saben, preguntan: ¿quién hizo esto? Todos me quieren a mí. Quieren que les repita cargos; dije: no, está bueno. Así estamos. Así que yo me dedico a mi trabajo, no más. Me ofrecen trabajo. Todos me ofrecen para allá, para acá. No, no puedo abastecer tampoco, porque: mucho compromiso, a la final, uno queda mal también. Así que ahora hay que cumplir. Así estoy entre 2, 3 municipios haciendo unas cosas: gasfitería, carpintería, albañilería. Bueno, cuando tengo tiempo, puedo; cuando no tengo, no puedo. Y así, ya no. Trabajo solo no más. Cosas mías. Ya no pienso trabajar así como juntas de vecinos ni de organizaciones, no, no, no.

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34 BOFEDALES Nosotros tenemos aquí otro tipo de bofedal, que necesita más riego esparcido: en el tiempo de junio, especialmente. Nosotros teníamos que esparcir con agua. Y derrite, y abajo está verde. Y eso es lo que los animales comen. Es bonito manejar bofedal.

35 En este capítulo, don Jorge describe cómo se sostiene el manejo de bofedales, además de hacer un repaso por los frutos silvestres de los distintos tipos de bofedales, comestibles tanto para humanos como para animales. Para este apartado se escoge presentar las imágenes a través de fotos tomadas en terreno, reflejo honesto de una realidad que no depende de los recuerdos de los mayores, sino que está viva en Los Andes. Nosotros le decimos a todo bofedales. Y, al final, todos los bofedales florean. Pero dentro del bofedal hay distintos tipos de bofedal. El bofedal esparcido es más dulce que todos, y parece que el alpaco más pasta en ese. Porque es más blando, parece. Los otros son ya más duros, entonces los más jovencitos, comen po’. Tienen buenos dientes. Lo sacan. Pero el esparcido es más blandito, entonces las viejitas comen igual. Nosotros teníamos que esparcir con agua. Y derrite, y abajo está verde. Y eso es lo que los animales comen. Es bonito manejar bofedal. Hay varias [alarga la primera “a”]. Bueno, en partes también, porque hay varias frutas… como 20 variedades de fruta en todas estas tierras. A veces [como de esas frutas aún]. Amañoco, especialmente. Es más grande esa. La tola bota eso. La tola verde eso, eso bota fruta amañoco. En el cerro hay varias po’: hay amañocos, hay chijuras… chijura es como papitas chiquititas. Tiene una florcita chiquitita. [No hay que cocinarla]: se sacan, se pelan y lo comes. Tunas silvestres también hay ahí, pero esas son de mes de junio, de julio, las tunas. Phusq’alla, les decía mi abuela, esa es tuna, po’, esa es tuna silvestre. En este tiempo se come… Misk’i también se come. Ese es dulce como miel. Ese bota el otro… burro t’ula, le dicen. Porque más consume el burro esa leña. Por eso las abuelitas le decían burro t’ula. Todo lo que es esto verde, es t’ula. Pero tiene tantos otros nombres, también. Para que el zorro no se acerque de noche, hacemos monolitos cerca de los corrales, como espantapájaros. Siempre lo hacían antes los tatarabuelos.

36 En lo siguiente, se muestran imágenes de un bofedal que cuando llegó don Jorge a Ancolacane -aproximadamente 40 años atrás- no existía. Era una zona negra, dice, porque estaba totalmente quemada por el sol y la sequedad. El agua no llegaba, debido a que el cauce del río pasaba un tramo más abajo. Don Jorge creó una acequia, abriendo ramificaciones del río para regar esa área. MANEJO DE BOFEDALES Ese bofedal4 que está negro [don Jorge apunta a una zona árida] falta por regar, po’. Por no haber echado agua. Si usted echa agua todos los años, todos los agostos, que no le falte, estaría amarillito. ¿Ve que está todo negro? Ya se perdió ese bofedal. Estos bofedales son verdes en noviembre, diciembre. Ahora, por invierno, ya no: todo se ve amarillo. Antiguamente, mi abuelo Roberto -en paz que descanse-, él andaba pasteando cargado de su palita. Tal como estamos caminando [ahora], se pastea animales: cargado de palas, principalmente de palas. Ahí lo ves así [al bofedal], tú miras: A ver, ¿dónde me falta agua? Uno se pregunta a uno mismo. Se da cuenta al tiro: ahí donde hay agua está más verde. Uno de aquí está amarillo total. No hay agua. Entonces: ah no, falta agua ahí. Entonces hay que buscar, aumentar un poquito más. Ahora viene agosto para septiembre: hay que regar ya. Arreglar todos los bofedales, para que esté verdecito. Y los animales ahí pastan: lleno de llamas. El manejo de bofedal se hace a pulso: con pala y picota. Hay algunas acequias que pude trabajar con máquina excavadora que nos presta el municipio. Aunque la máquina no llega a todos los sitios, la aprovechamos hasta donde se pueda. Esto es lo que yo le llamo acequia. Esto lo limpiamos nosotros. Aquí el manejo es dividir el agua, y tiene que ser así: bien esparcido con agua. Entonces, el alpaquito llega, más rato, y por debajo está verdecito. Eso es lo que comen los alpacos. Aunque esté congelado, esto va a derretir. 4. Vegetación que crece en el altiplano y que depende del riego por acequia.

37 5. Don Jorge Quelca define cada bofedal según la vegetación que este presenta. Es decir, no considera al bofedal como un todo, sino que lo caracteriza según el tipo de plantas que crecen en cada zona del mismo. El micro-ecosistema que cada cual presente estará determinado por la cantidad de agua que llegue (es decir: cuan cerca o lejos esté de la acequia o río), el clima de esa zona (muchas de las frutas silvestres que no pudo encontrar en Ancolacane dijo que estaban en Chapoco porque allá era más frío), entre múltiples otros factores. Don Jorge Quelca de pie junto a la acequia -cuya fuente es el río Ancolacane- que permitió revivir esa zona del bofedal. Se ven tolares y el agua aún congelada. Registro personal. Ahora, si acaso por allá me falta [apunta a una zona más o menos seca], tengo que hacer otro corte para regar. En este caso, ahí me falta, porque está amarillo. Entonces yo tengo que hacer un cortecito para que me mantenga esa parte, para que no se muera ese bofedal. Ese es el trabajo de riego que hacemos. El bofedal esparcido y el bofedal dulce son el mismo. Hay varios tipos de bofedales: hay paco, hay chillawa, hay q’eña, hay k’ole paco…5 Este es la acequia que hablaba endenantes, que lo hice a pulso solo, porque no había agua. Que esto se había muerto todo, estaba así negro, como allá. Es una lástima para el bofedal. Para recuperarse son entre 5 y hasta 10 años, depende. Una lástima el bofedal cuando no tienen agua; todo negro ¡Cuántos años era bofedal! Y a mí no me gustaba así, porque mi abuelo me ha enseñado mucho a manejar bofedal. Entonces dije: “¿Por qué no voy a sacar una acequia, saco del río?”. Ahí mi tío estaba consciente. Trabajamos con pura piedrita, tapando.

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