20 Bueno, al final ya, ya después me fui a trabajar para el valle, pa’ Azapa. Trabajar ahí, haciendo… en ese tiempo no se regaba a goteo, se regaba a caracoles -decían los jefes ahí. Ya ahí tenía 12 años. Ahí trabajé un año y mi abuelo me fue a buscar, porque estaba triste y quería que lo acompañe. Me vine con mi abuelo a Chapoco otra vez… porque no había quien le ayude: quien le ayude a esquilar… acá se necesita gente po’. Pa esquilar en tiempo de lluvia, especialmente, hay que levantar las crías: que se están congelando, que están cayendo al río. Hay que estar o si no, no tendríamos animales. Mi abuelo duró como hasta los 95 años. Con 95 años se murió mi abuelo. Cuando empezó, me acuerdo, tenía sus llamos y alpacas: como 400. Después mi abuelo, como ya era viudo, no pudo pastear llamos. Tuve que eliminar los llamos; tuvimos que pastear pura alpaca no más. Migración y despoblamiento A mediados del S. XX se produce una masiva migración desde el altiplano a las zonas rurales aledañas a la ciudad de Arica. Aunque este proceso ya había comenzado décadas antes hacia los principales enclaves mineros, es a partir de la década del 70 que los poblados de Putre y General Lagos experimentan un fuerte descenso entre sus habitantes. Este fenómeno se advierte también en los pueblos-naciones mapuche y atacameño, donde sus integrantes vivían, principalmente, en entornos rurales. Poco a poco, se verá cómo las comunidades se hacen más pequeñas mientras crecen exponencialmente Santiago y Concepción en el sur, e Iquique y Arica en el norte. Para el caso aymara, la mayoría de quienes emigraron de sus localidades no volvieron a estas, lo que termina provocando un envejecimiento y alarmante descenso demográfico de los pueblos del altiplano y también de precordillera. En el último censo, se contaron en la comuna de General Lagos 684 personas. Del total, el 61% tiene más de 30 años.
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