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112 Transitar por las memorias y profundos saberes que don Jorge Quelca Flores anida, tan humildemente, como parte de sí, fue un viaje intenso, conmovedor y, también, muy inspirador. La búsqueda de Markas Layku por acceder a estos valiosos saberes y resguardarlos, ante el frenético paso del tiempo y los cambios que este trae consigo, responde a una necesidad que en variadas ocasiones han expresado ganaderos y ganaderas de la comuna: los abuelos y abuelas se están yendo, las generaciones jóvenes han emigrado, los pueblos están envejeciendo y vaciándose, las tradiciones poco a poco desaparecen. Desde la voz de don Jorge Quelca emergen certezas que alumbran el camino de quienes vienen: la importancia de las rogativas, de agradecer, de respetar la tradición, de congregarse y de apoyarse. Pero también su historia es un crudo testimonio de los procesos de escolarización que vivieron miles de infancias de pueblos originarios en el continente. Los procesos de asimilación cultural impulsados por los estados-naciones de cada rincón del mundo no fueron otra cosa que la colonización amplificada. La empresa colonizadora arrasó todos y cada uno de los continentes que no eran Europa. Y el neo-colonialismo se encargó de aniquilar los últimos atisbos de humanidad y cohesión que, en algún momento, se mantuvieron fuertes como un roble entre los pueblos originarios y que hoy, de tanto en tanto, se asoman como maleza entre la patria y la bandera. Parte de la desintegración de los pueblos originarios y, en este caso particular, del seraymara, lo provocó la migración forzada por ver las fuentes laborales desplazadas de sus territorios de origen y, claro está, por dinamitar previamente -y a través de distintas estrategias- sus fuentes originarias de subsistencia. Los Estados se han preocupado de empobrecer a quienes fueron dueños y dueñas legítimas de estas tierras que hoy los primeros se han esmerado en demarcar: quien no tiene poder, ya no puede reclamar lo que es suyo por derecho. Y así el ladrón, perfumado y adornado de brillos y sedas, destroza las fértiles entrañas de la tierra, que es sagrada, quema los pulmones de bosques y selvas, dinamita cerros, inunda vertientes y derrama petróleo en cauces de agua pura, que vienen del deshielo de Los Andes. Por eso la dirigencia, aún siendo tan difícil y precarizada, fue tan importante en la vida de don Jorge. Al igual que él, un sinnúmero de ganaderos y ganaderas aymara han debido levantarse para retornar a la organización que alguna vez mantuvo a las familias en prosperidad y cohesión. Pero la desarticulación de las organizaciones comunales es otra consecuencia inevitable del modelo económico que ha abrazado este Estado que, a su vez, nos abraza casi al punto de estrangularnos. El capitalismo no admite el ayni. Tampoco le son familiares a este sistema de intercambio y acumulación de papel-dinero los modelos de subsistencia que solamente dependen del entorno: construir con los materiales que tengo a disposición naturalmente, alimentarme y alimentar al ganado con los frutos y pastos que naturalmente crecen en este territorio. La vida de don Jorge Quelca es, en su totalidad, un acto de resiliencia: desde las dificultades que le tocó sortear hasta los invaluables conocimientos PALABRAS FINALES

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