16 Bueno, después, ¿por qué no terminé el curso yo? Por motivos que no tenía qué comer… sufría no más. Y había… don Germán Flores y la Mauricia Valdés era manipuladora del internado. Y también atendía el rancho del ferrocarril. De tanto esto, Germán me decía: Jorge, me decía, ¿por qué no trabajái conmigo? Me falta quien acarree agua para los hogares, ¡hay tantos hogares de los maquinistas! Y, a la tarde, te vas a la escuela. Acá tenís comida, tenís pan. Ah, ya po’, me fui para allá. Empezamos con eso. El caso canadiense Durante 1880 y 1996, el gobierno canadiense aplicó políticas asimilacionistas dentro de las familias de los pueblos originarios con el fin de integrar a las comunidades indígenas al proyecto nacional. Fueron más de 150 mil niños y niñas quienes debieron asistir obligadamente a los internados de escolarización donde eran prohibidas las lenguas y costumbres propias de sus comunidades. La finalidad era occidentalizar a una población que no formaba parte del ideal civilizatorio de la nación emergente. Alrededor del 70% de estos internados estaban a cargo de la institución eclesiástica. A medida que una mayor cantidad de tierras era confiscada por el Estado y dedicada a labores agrarias y ganaderas VISVIRI En este apartado, don Jorge relata el periodo en el que estuvo de interno en Visviri (1970 a 1975): cómo era la vida ahí, cómo se sintió y, posteriormente, cómo debió empezar a trabajar para poder alimentarse. Además, se comentan otros casos de internados para niños y niñas de pueblos originarios que funcionaron en el continente durante la época de expansión, delimitación fronteriza e instalación de discursos patrios desde los Estados-Naciones. Cuando fui al internado de Visviri, tenía como 7 años. Gracias a mi abuelo: porque si no hubiera venido aquí, no hubiera aprendido nada, po’. Aquí quedé internado. Aquí solamente te entregaban un casillero y una litera. Y una salamandra. Nada más. Y todo el resto tenías que traerte tú. Tenías que traerte tu mercadería para cocinarte…y no había leña. Salamandra: prendía un rato y consumía cualquier leña… no hervía ni té. Bueno, de tanto, por lo menos, podíamos tomar tecito. Pero ya, prepararse una cena: no podíamos. Porque se necesitaba mucha leña y…Entonces la salamandra es otra cosa: te chupa, te quema un rato. No es como cocina que nosotros tenemos a leña. La salamandra no. Es como una estufa y tiene sólo para poner una teterita. Pasa esto. Claro que calienta la pieza, pero consume harta leña. No hervía nada de agua, po’.
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy