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79 El dueño, mi tío, ya está enfermo… está en Arica, ya no da más. Tiene alpacos en Ancolacane, pero ya eliminó los llamos, porque los llamos hacen caminar mucho al cerro. Y hay que ser joven para caminar de aquí hasta allá [apunta una zona alejada del cerro]. Los alpacos salen al bofedal, no más. Yo igual; tengo puros alpaquitos no más. El último techo yo lo debo haber hecho con 18 años. Y se necesita harta gente, tal como te digo yo: escarmenar. Porque todas las pajas hay que dejarlas todas sueltitas ahí, como pelo suelto. Y para eso se necesitaba gente. Todas las señoras ayudaban, especialmente, todas las señoras venían a ayudar. Y hay que atender, po’: almuerzo, jugo, etc. Y de ahí ya hay que echar agua. Todas las mujeres hacían eso. Los hombres trabajábamos más arriba del techo, en el techado. Y con lazos se trabajaba, poniendo primero la paja más grande, más bonita. Yo aprendí a techar con paja brava mirando, ayudando. Porque en Chapoco mis tíos techaban casa con paja. Mis tíos eran de bajos recursos también. Eran varias familias ahí. Entre más familias, estaban más apretados. Pura casa de paja Acercamiento a pared y techo de construcción tradicional. Registro personal.

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