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28 Ahí, ya, tuve que trabajar. Justo ese tiempo había una fiesta que se celebra allá: San Santiago. Y pasó un ventarrón justo el 28 de julio. Y se llevó todo el techo de la iglesia, que es tan querida del pueblo. Y yo justo me había venido para Chapoco un rato. Volví. Pero corrió cualquier viento y se llevó todo el techo. Y ahí aprendí de buscar soluciones, dinero para reparar, porque ¿de dónde íbamos a sacar, po’? Los abuelos de ahí tampoco tenían plata. Bueno, hablé con obispos. Por allá me conseguí unos materiales. Y, a la final, me ayudaron con la mitad de material, como: vigas, calaminas, y nosotros teníamos que aportar la otra mitad más los fletes, que teníamos que traer de Arica. Frontis de la Iglesia de Ancolacane. Registro personal. Un familiar mío, un tío tenía una camioneta. Entonces ¡cargamos mucho! Teníamos todo el material y se quemó un disco, quedó botado en Colpita…¡Una historia! Teníamos que ir después en caballo; Ancolacane tenía hartos caballos en ese tiempo. Mi abuelo en caballo pastoreaba. Íbamos en caballo a buscar, porque la camioneta estaba botada en Colpita, entonces teníamos que llevar a hacer un injerto… Bueno, buscamos un disco antiguo, de esos camiones antiguos que trabajaban azufrero: había un disco viejo. Pero tiene la lata, po’; es grande. La camioneta es más chica. Entonces qué hicimos: Ah, se corta esta. Le dibujamos; a la medida que era. La remachamos en 4 partes y le armamos [la pieza]…. Techamos… hasta ahora tiene ese techo en Ancolacane.

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