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8 por las plantas y su gran maestría con el cuidado de ellas. Tienen en su vida un lugar esencial y asume la responsabilidad total en ese vínculo. Meses después de esa conversación, en nuestro último encuentro, antes de despedirnos, me comentó: El eucalipto sigue creciendo. No me creen de que en Ancolacane…”Noo”, me dicen, “en un valle, porque adónde va a haber eucalipto en la comuna de General Lagos”. Les dije: no, en mi casa. Esta es mi casa, mira. Cuando lo miran bien, bien, dicen: Ahh, de veras que dio. La dificultad de explicar a alguien el amor por una planta don Jorge la disipa con la práctica cotidiana; en saber leer los colores de sus hojas, su falta -o exceso- de agua o de sol, la fortaleza o debilidad de su tallo. La reciprocidad se materializa en el cuidado que don Jorge Quelca les da y en los frutos que estas, generosamente, le han ofrecido desde su infancia. Para el caso de las palabras en aymara, se optó por usar una transliteración según el Alfabeto Fonético Internacional, debido a que la escritura actual -en la mayoría de las publicaciones académicas y de difusión- suele representar la pronunciación del aymara hablado en el Estado Plurinacional de Bolivia, la que difiere -para ciertos términos- del aymara hablado en el altiplano chileno, específicamente, en la comuna de General Lagos. Por último, en lo que atañe a los aspectos formales, en el cuerpo del texto se demarca con corchetes [ ] aquello que no fue dicho por don Jorge Quelca, sino que fue agregado posteriormente a su relato; con cursiva las frases que fueron dichas por alguien (por ejemplo, en muchos casos don Jorge emula ser otra persona hablando), mientras que los diálogos extensos se presentan, directamente, enunciando los nombres de los interlocutores. En lo que atañe al fundamento teórico, el estilo que aquí se presenta y la vereda desde la que se formula esta propuesta, y a riesgo de parecer imparcial, admito desde ya la influencia de Eduardo Galeano, gran historiador -periodista de profesión- uruguayo, que ha dedicado su vida a denunciar la sordera crónica que este continente ha padecido por siglos. Su trabajo es una fuente de inspiración y, por lo tanto, fue una gran referencia para la confección de este libro. De “Patas arriba. La escuela del mundo al revés” surge la idea de los recuadros como paréntesis que se desarrollan en paralelo al relato de don Jorge. Se quiso poner la voz de don Jorge Quelca como el pilar fundamental del texto y no, en cambio, como una cita que alimenta el discurso del cientista social o del filósofo.

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