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27 Don Jorge Quelca se asienta en Ancolacane en 1977, donde asume la presidencia del comité vecinal. En este apartado enumera algunos de los proyectos desarrollados y comenta la exigencia de asumir un cargo dirigencial. Se entrega información adicional sobre las juntas vecinales y la organización de pueblos originarios desde DASIN a CONADI. ANCOLACANE Y, a la final, conocí a mi esposa y me quedé en Ancolacane. Y me quedé ahí como con 16 años. No, con 17. Sí. Después me tocó ir a militar. Me casé a los 17. Mi esposa se llama Leandrina Flores Flores. A los 18 fui al servicio. Me llamaron, me tocó. Y justo en esa fecha había muchos soldados. Y como yo era “Q” -porque por abecedario te llaman-, y como éramos varios, entonces quedamos como reservistas no más, porque estábamos sobrando. Y como yo era “Q”, era último. Estábamos como reservistas, íbamos semanal no más. Más encima, que tenía señora yo. Y había en el municipio un asistente social y le pedí una cartita, porque ya tenía un hijo, entonces… Quedé, eso: haciendo trabajo… el fin de semana iba a la defensa civil. Ahí quedó. Y seguir trabajando. Y, a la final, ya tuve que tomar un cargo en Ancolacane como presidente del comité vecinal número 1. Y ahí aprendí a buscar soluciones. COMITÉS VECINALES Aunque las juntas vecinales se imponen a partir de 1960 con el fin de dar una posibilidad de canalización de las demandas desde los poblados pequeños hacia los entornos urbanos, la mayoría de estas fueron creadas entre 1968 y 1973. Debido a que la CONADI no aparece sino hasta 1993 -y, por lo tanto, tampoco habían sido constituídas legalmente, en ese entonces, las comunidades indígenas-, las juntas vecinales fueron los principales dispositivos de articulación y organización dentro de las familias aymara de la comuna. Si bien las organizaciones comunitarias aymara nunca han desaparecido, sino que sólo han ido transformándose, es cierto que en las últimas décadas estas se localizan fuera de los territorios ancestrales y presentan un carácter mucho más abierto debido, en gran medida, a la enorme diversidad cultural que han experimentado las y los aymara migrantes en las ciudades. Los comités vecinales funcionaron como un dispositivo casi natural dentro de los pueblos del altiplano, ya que las familias siempre se basaron en la comunidad local para articular su organización.

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