41 Productos y preparaciones de la Región del Maule TRADICIÓN TRIGUERA E IMPACTO SOCIOCULTURAL: FIESTA DE LA TRILLA Y TORTAS CURICANAS El trigo ha sido uno de los pilares fundamentales de la alimentación maulina desde el siglo XVII, con un largo ciclo productivo que tuvo su apogeo a fines del XIX. “El ciclo del trigo fue para Talca, Constitución, y en general la zona del Maule, quizá el periodo de mayor progreso y opulencia. La segunda mitad del siglo XIX fue la época de oro de las haciendas maulinas, el tiempo en que se constituyó una cultura agrícola y campesina (Bengoa, 2015, 93). En general se trataba de pequeñas producciones. El fundo Flor del Maule, de Eusebio Sotomayor hacia 1904, situado entre San Javier y Yerbas Buenas, tenía una plantación anual de 50 hectáreas de trigo (Bengoa, 2015). Este tipo de pequeña explotación era muy menor, considerando los estándares internacionales, basta considerar las estancias de la pampa rioplatense, con decenas de miles de hectáreas de extensión en promedio. El trigo en Maule no fue una actividad meramente extensiva, sino que estuvo articulada con la cadena de producción agroindustrial a través de la extensa red de molinos hidráulicos harineros de rodezno para moler el grano y producir harina (Montoya, 2024). A su vez, esos molinos se articularon con los hornos de barro y la pastelería y la repostería. La alianza de molineros, horneros y reposteros generó una gastronomía especial en torno al pan, la empanada, los pasteles y las tortas. Hacia mediados del siglo XX, en Talca se vendían diversos tipos de panes, como “pan francés, coliza, chocoso, redondo, pan de grasa o de mujer o amasado, pan de molde, tortilla y hallulla”, y en Constitución, “churrasca, pan amasado y tortillas de rescoldo” (Plath, 2018, 246). También surgió una vigorosa repostería, que logró crear productos típicos que dieron renombre a las localidades, “como Curicó con las tortas” y “Constitución con sus dulces llamados margarita” (Plath, 2018, 38). Con el progreso del ferrocarril, en las estaciones se comercializaron estas especialidades regionales, como “las tortas de la familia Montero en Curicó” (Pereira Salas, 2007, 115). En esta comuna, además de “las tortas Montero, rellenas con manjar blanco o dulce de alcayota” se elaboraban y vendían “los merengues y los bizcochuelos” (Plath, 2018, 71). La centralidad del trigo como pilar socioeconómico regional se proyectó también hacia la cultura, la artesanía y la fiesta. Los campesinos más hábiles aprovecharon la paja de trigo para tejerla y obtener sombreros, base de otro producto típico chileno, la chupalla (Núñez, 2017). Y los artistas, para alegrar el corazón del pueblo, se pusieron de acuerdo para realizar fiestas de fin de cosecha, particularmente para celebrar la trilla. En efecto, en los trigales, la siega se hacía con echonas, mientras que la trilla aún se llevaba a cabo con yeguas. Cada trabajador segaba una cuadra de trigo en diez días aproximadamente (Bengoa, 2015). Sobre la base de estas costumbres se construyó la tradición de la fiesta de la trilla. “Como la más acrisolada trilla a yeguas florece en Linares, por / Longaví, Colbún, San Javier, Yerbas Buenas, Curanipe, / Loncomilla, / cuando los huasos chapados a la manera de antes, con arreos de plata / y aperos de resonante correaje formidable, trenzado en Pelarco, / galopan por El Callejón de las Diucas, levantando un cataclismo / de polvo / están las Bodegas en Río Bueno y el Vapor Maule, 1893, colección Archivo Enterreno. Dominio Público
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