Patrimonio Alimentario Maule

30 Patrimonio Alimentario de Chile La guerra en Chile central, que abarcó desde la fundación de Santiago por Pedro de Valdivia en 1541 hasta la derrota y muerte de Lautaro a orillas del río Mataquito en 1557, provocó una notable disminución de la población picunche, agravada por el proceso de mestizaje. Los sobrevivientes fueron forzados a servir a los conquistadores españoles, contribuyendo con su trabajo a la generación de riqueza necesaria para la expansión hispana hacia las tierras mapuches del sur (León Solís, 1991). EL CICLO GANADERO Las encomiendas o repartimientos marcaron el inicio de la dominación hispana en el Maule. A través de ellas se colonizó el territorio, se impulsó la agricultura y se estableció una pequeña industria artesanal que elaboró productos como cáñamo, jarcias, lana y lino. Esto se hizo en base a la explotación de la población picunche, que fue obligada a adoptar la fe cristiana y vivir en pueblos de indios asociados a las encomiendas: Chanco, Gonza, Huenchullami, Loanco, Longomilla, Mataquito, Pequén, Peteroa, Pocoa y Vichuquén. Aunque los repartimientos fueron la base de las primeras fortunas generadas en el Maule, sus beneficiarios residían en Concepción y Santiago. La falta de lavaderos de oro y la menor población originaria en comparación con el sur del río Biobío llevaron a que los españoles mostraran poco interés en establecerse en las tierras maulinas durante el siglo XVI. Recién en 1593 fue constituido el corregimiento del Maule, con límites similares a los actuales, y cinco años después comenzó a intensificarse el poblamiento hispano, a partir de la victoria mapuche en Curalaba, que significó la destrucción de las ciudades levantadas al sur del río Biobío (Opazo Maturana, 1942). La fertilidad de las tierras en Chile central sostuvo a la hueste española. El extenso territorio se convirtió en una “aislada frontera militar de mayoría mestiza y marcada estratificación social en torno al latifundio” (Pinto Vallejos, 2019, 16). En la cima de la pirámide social se encontraban los conquistadores y sus descendientes, quienes concentraron el poder y formaron un “grupo endogámico de parientes y estrechas relaciones” (Pinedo, 2004, 22). El sector subalterno de la sociedad estaba compuesto por españoles pobres, indios, mestizos y negros, quienes formaron la mano de obra agrícola como inquilinos y peones. Estos grupos, caracterizados por su pobreza, estaban subordinados a los terratenientes. Los inquilinos carecían de tierras propias y arrendaban un pequeño pedazo de tierra a cambio de trabajo para los propietarios, mientras que los peones eran trabajadores temporales que se desplazaban en busca de empleo durante la temporada agrícola (Aránguiz Donoso, 2019). Desde fines del siglo XVI, la economía chilena se centró en la ganadería, con la exportación de charqui, cueros y sebo animal hacia Lima y el suministro al ejército en la frontera del Biobío. Esta actividad predominó en el siglo XVII, conocido como “el siglo del sebo”, y definió una economía agrícola de subsistencia ante la falta de mercados para otros productos. La tierra tuvo un bajo valor mientras el desarrollo comercial fue escaso debido al reducido número de habitantes, la dispersión geográfica y el escaso crecimiento urbano. Sin embargo, se consolidó una estructura territorial caracterizada por grandes propiedades de tierra, las haciendas, escasamente delimitadas y explotadas de manera deficiente, cuyos dueños pasaron a dominar los valles circundantes, con lo que se convirtieron en el centro económico, político y social de la región (Valenzuela Márquez, 1991). A partir del siglo XVIII, el corregimiento del Maule experimentó una transformación gracias al proceso fundacional de ciudades cercanas implementado por la monarquía como parte de un proyecto más amplio de reformas. Esta iniciativa tuvo como objetivos consolidar el control territorial, fomentar el comercio y controlar las amenazas indígenas y el bandidaje creciente que afectaba a la población rural.

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