DE PASTORAS, PASTORES Y MEMORIA | LA GANADERÍA CAMÉLIDA EN LA REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA

40 En un texto recogido del estudio historiográfico del historiador y antropólogo Alberto Díaz, se describe que el párroco de Belén registró todas las pertenencias de las capillas. En lo siguiente, el texto reproducido tal cual está en el documento original: Finalizado el inventario, el cura encomendó el cuidado de la capilla a Miguel Pacci quien asumió por 3 años como mayordomo; fueron testigos los caciques Justo Ramos y Manuel Colque. En 1783 se actualizaron los datos de las alhajas de la iglesia. Aquel año asumió como mayordomo Fausto Mamani y se apuntaron una alfombra donada por Miguel Mollo y “una arpa nueva con clabijas de fierro que dio de limosna Francisco Ocharán” (ALP, ARI-2, legajo 416, año 1779-1793, fs. 2). No es menor el hecho que el párroco se hiciera acompañar por uno de los “principales” del pueblo de Belén, con una reconocida trayectoria política en el cabildo indígena como lo era Francisco Ocharán; comerciante y arriero con redes de influencia étnica en toda la zona, lo cual se condice con el advenimiento de líderes locales asumiendo en este periodo ciertos protagonismos (Inostroza, 2013). La donación de un arpa es coherente con la circulación de instrumentos musicales como violines y arpas traídos desde Arequipa, lo que podría ser considerado como una estrategia de prestigio en los círculos religiosos. Díaz, p. 153, 2022. Un proceso similar se vivió en todos los poblados y caseríos del altiplano, donde no solamente las autoridades político-administrativas antiguas tomaban nuevos cargos o diversificaron su rol, sino que, adicionalmente, comienza a producirse un profundo sincretismo debido a las celebraciones católicas que los párrocos establecen en los pueblos según el calendario religioso, especialmente en torno a los santos patronos (fiestas fuertemente recordadas en la dinámica realizada con la asociación de Caquena). Por otra parte, a partir de los procesos de reforma agraria y de las crecientes migraciones campociudad, los gobiernos comienzan a entregar más herramientas a las comunidades. La organización se articulaba, en su gran mayoría, desde las juntas vecinales, ya que a través de estas, los pueblos podían acceder a recursos provenientes del Estado. Sin embargo, el veterinario Ignacio Briones asevera que, durante la década de los 80’, cuando hace sus primeras visitas al altiplano, “la verdadera organización no tenía nombre y se apilaba detrás de un líder. Era ese liderazgo el que entregaba los lineamientos de lo que era su comunidad” (Ignacio Briones. Conversación personal, 10/11/2023). En cuanto a las autoridades tradicionales, un reconocido dirigente se referirá a esto41 cuando se le pregunta cómo se acercaba a las comunidades -durante su periodo como concejal- para lograr establecer diálogos con los distintos poblados de la comuna. Dice: “bueno, uno siempre trata de vincularse primero con los dirigentes, los representantes del pueblo. Y si no fuera así, uno ya va a la familia directo”. En conversación con otro destacado dirigente, este le pregunta: “pero tío, ¿el representante del pueblo no siempre es el presidente de la comunidad indígena, no siempre es el presidente de la junta de vecinos, o siempre es el mismo?”. Da un ejemplo de una comunidad en particular, preguntando quién es el representante del pueblo para él, a lo que el dirigente nombra a una persona, mencionando que esta siempre ha sido la representante del pueblo, y agrega: “años que también lleva como dirigente, entonces como es reconocido ahí…y, de alguna manera, también como que se hace respetar”. Termina diciendo 41. Estos relatos se recogen de la conversación en torno a la confección del sociograma detallada en el próximo apartado (General Lagos).

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