31 en relación a individuos y no a comunidades, son reducidas, quedando los predios sin dueño como tierras fiscales. Cabe notar que aquí no dialogan dos culturas. Mucho menos que eso: se contraponen dos cosmovisiones. La asimetría en ese intento de conversación es radical; no sólo porque un grupo impone persistentemente al otro su cultura y lo somete, sino que además porque las concepciones de tierra como un bien inmueble que puede ser apropiado, mercantilizado, vendido, etc., es una visión exclusiva del mundo edificado desde la Grecia clásica, potenciado por la Roma Imperial y exacerbado luego de la llamada Revolución Industrial. Esa separación fundamental, la bifurcación entre ser humano y naturaleza, se rige por un modelo antropocéntrico que ve al ser humano -a la civilización y a la tecnología- como el último estadio evolutivo y proviene de la tradición europea, pero no es propia de la historia de este continente -ni, por lo demás, tampoco de muchos otros territorios-, que se ciñe a una visión cosmocéntrica. Sin caer en esencialismos ni pretendiendo cristalizar las dinámicas culturales, que están siempre en movimiento y, por lo tanto, en transformación, desde una perspectiva antropológica clásica, el pueblo aymara es considerado animista.25 Esto quiere decir que comprende que cada ser comparte una misma esencia, alma o espíritu: la misma energía vital. Aquello, aunque bajo una categoría bastante inexacta, puede verse reflejado en algunos de los principios de la cosmovisión 25. De la mano de lo anterior, se recalca que gran parte del pueblo aymara hoy en día es practicante de la religión católica o evangélica. En dichos casos -que no son pocos- la explicación a continuación no aplicaría a una gran cantidad de aymara, tanto de las ciudades como de zonas rurales. 26. Es importante tomar en cuenta que la cultura andina integra las cosmovisiones aymara y quechua -comúnmente conocida como inca o incaica- como parte de un proceso aún previo a la llegada de España. andina26 -sociedad tradicionalmente oral y ágrafa, cuyos registros fueron escritos y traducidos por Baltasar de Salas en el S. XVII-, y que dan sustento al buen vivir o suma qamaña: (1) Nútrete siempre de la energía del misterio, (2) Reflexiona siempre, (3) Vive siempre en red, (4) Semanalmente mueve las energías paritarias de la comunidad y recuérdale el camino de la mutua compasión y de la conveniencia de ser entrañables en el trato mutuo, (5) Semanalmente haz que circulen las palabras y las emociones de la comunidad, e infórmate bien para tomar decisiones sabias, (6) Sé entrañable siempre, (7) Rumia las palabras, (8) Jamás llegues a la saciedad, (9) Jamás abuses de tus iguales ni de la biodiversidad del bosque ni de las energías de la tierra, (10) Jamás dejes de criar la vida, (11) No seas chulla; deja que circule la energía del ayni, (12) Quien vuelta o flojea, que muera, (13) Quien mienta, que muera, (14) Quien robe, que muera, (15) Quien tire sin discreción, que muera. Extraído de Medina (2016): “Copacabana de los incas: Aymaru o aymara”.
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