32 Particularmente, en los enunciados (9) y (10)27 se puede evidenciar la perspectiva animista aymara. En efecto, cuidar y criar la vida, uywa, tiene que ver con la atención a todas las formas de vida: la humana, la animal, la vida del agua, de los bofedales, las montañas, etc. Es decir, no hay “naturaleza y cultura”. Ni siquiera “naturaleza”; hay un todo permanente en constante interacción cuyo equilibrio debe cuidarse día a día. En el mismo texto se menciona que uno de los nombres dado al Lago Titicaca era Titi-Tota: “padre de estaño, siempre viviente y vivificante”; a los cerros, Mallcu-Auki: “aguas del cóndor, imperial, hijo del sol y nuestro padre”; a la Isla de la Luna, Marmi-Sisa Ojjllata: “mujer madre y virgen adorada por el rey y los astros” (Medina, 2016) y así con otras manifestaciones divinas -o divinizadas- de la existencia como ríos y estrellas. En “La guerra de las denominaciones”28 , el pensador quilombola Antonio Bispo (2015) sostiene que ante la amenaza del politeísmo presente entre las comunidades afrodescendientes e indígenas, que vinculaba su ser y hacer en el mundo con los elementos de la naturaleza, el colonizador, en su búsqueda de dominación, redujo y encapsuló sus formas, símbolos y creencias en vagos conceptos. A pesar de que todos los pueblos tenían autodenominaciones a la llegada de los europeos, estos los llamaron a todos como indios, ya que “al substituir las diversas autodenominaciones de esos pueblos, imponiéndoles una denominación generalizada, estaban tratando de romper sus identidades, con el objetivo de cosificarlos y deshumanizarlos”29 (Bispo, 2015, p. 27). Así, el modelo introducido violentamente desde Europa obliga a reconfigurar la ontología aymara. Esto es: la forma de entender y vincularse con el mundo. En un análisis sobre los usos y concepciones del agua en Chile, Cantillana (2020) sostiene que esta corresponde “desde la cosmovisión andina, [a] un elemento indisociable de la cultura, y en la actual práctica productiva, [a] una mercancía transable”. Esa fragmentación ontológica se replica en cada ámbito de acción, relación, y comprensión que previamente los pueblos originarios habitaron para desenvolverse en su entorno.30 En 1885 comienza en Chile el proceso de inscripción de títulos de dominio a través de la fijación de carteles y publicaciones, lo que provoca un quiebre irreparable dentro de la organización tradicional aymara. El sistema jurídico chileno no considera la posibilidad de la propiedad colectiva de tierras -se tiene documentación de que, durante este periodo, el Estado hace caso omiso de una solicitud presentada por una comunidad de Isluga relacionada con dicha materia-, transformando las antiguas comunidades en familias aglutinadas en torno a los centros políticos, o bien, en comunidades sucesoriales (González, Gundermann e Hidalgo, 2014). 27. Y con el recato de mantener en vista que esto es una traducción -y, por ende, una interpretación- del fraile Baltasar de Salas, posteriormente editada por Jesús Viscarra Fabre (Medina, 2016). 28. Segundo capítulo del libro “Colonización, Quilombos: modos y significados” (Colonização, quilombos: modos e significados): guerras de la colonización. 29. Traducción personal. Fragmento original citado: (...) ao substituírem as diversas autodenominações desses povos, impondo-os uma denominação generalizada, estavam tentando quebrar as suas identidades com o intuito de os coisificar/ desumanizar. 30. El mismo autor, 2 años después, entrevista al académico e investigador de la Universidad de Tarapacá, Manuel Prieto, quien sostendrá una crítica postura en cuanto a los y las investigadoras que realizan una especie de idealización de los pueblos originarios, interpretando el estado previo a la relación con Europa y el sustrato del capitalismo como un estado de paz y ausente de conflictos. No es lo que se pretende sostener aquí. La oposición de ontologías entre pueblos originarios y lo que se entiende por occidente no solamente sucedió, sino que sucede aún hoy. Expresar esto no se entrelaza lógicamente ni de modo causal con juicio de valor alguno en relación a lo que sucedía previamente en el entramado social aymara.
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