EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

75 vitivinícola. De hecho, en la actualidad, el valle del Maipo es generoso en el cultivo de vides que los procesos químicos y el tiempo se encargan de transformar en vinos de renombre internacional, sobre todo de cepas tintas, como Cabernet Sauvignon o Carménère. También convirtió a Pirque en terreno fecundo en historias y leyendas relacionadas con el diablo, y lo sorprendente es que ambos aspectos son como una trenza que se va entrelazando con el transcurso del tiempo. Cabe preguntarse por qué se asumió el canal La Sirena como una obra del diablo, siendo que muchos habitantes de Pirque deben haber participado en su construcción y lo más probable que en las mañanas no hayan notado ningún avance manifiesto realizado durante la noche anterior. No obstante, hay al menos cuatro razones para que los pircanos interpretaran la construcción del canal como un proyecto en el que el diablo metió su cola. En primer término, por las dimensiones y alcances del proyecto; para esa época, la construcción del canal La Sirena debe haber representado una empresa inimaginable, casi imposible, únicamente factible con la intervención de un poder superior, el del diablo, en este caso. En este sentido, la leyenda del canal La Sirena es coherente con otras obras de ingeniería de grandes proporciones realizadas a lo largo de nuestra historia que también han sido vinculadas a la intervención diabólica. Este es el caso de la leyenda del puente de Cal y Canto, en 1780, en Santiago, donde el diablo tuvo que terminar su construcción luego de perder una apuesta con el corregidor Luis Zañartu. Otra situación similar ocurrió con el canal Mallarauco, en Peñaflor, que desvía las aguas del río Mapocho para irrigar el valle de Mallarauco en Melipilla que, hasta antes de su construcción, también era un terreno de secano. Hasta el día de hoy en Peñaflor circula la leyenda que relaciona la construcción de este canal con un pacto entre Patricio Larraín Gandarillas con el diablo. Volviendo a Pirque, muchos habrán interpretado la construcción de una obra de esa envergadura en 1830 como una locura o tal vez como el capricho de un millonario, pues exigía inferir profundas heridas a la montaña sin la maquinaria ni las herramientas especializadas y careciendo de las más mínimas medidas de seguridad laboral para los obreros. ¿Cuál habrá sido el saldo de víctimas olvidadas que dejó la construcción del canal? ¿Cuántas familias habrán perdido un padre, un marido, un hermano o un hijo en la faena? ¿Cuántos los mutilados? Toda la sangre derramada durante la ejecución del proceso debe haber representado una razón más para que los pircanos consideraran el canal La Sirena como una obra maldita y diabólica. DONDE EL DIABLO PERDIÓ EL PONCHO

RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy