47 Cuando Paula y Claudio llegaron a su habitación, se apoderó de ellos un miedo opresivo e inexplicable. La noche estaba oscura como boca de lobo; el cielo, sin luna, casi no presentaba estrellas, como si un paño de oscuro terciopelo lo cubriera. La sensación de terror de la pareja se acrecentaba con los angustiosos aullidos de perros que desgarraban el silencio nocturno. El inexplicable terror que se respiraba en el ambiente impidió que pudieran conciliar el sueño. MÁS VALE DIABLO CONOCIDO Habitación del Hotel Elqui. A la mañana siguiente, cuando bajaron a desayunar, había una señora haciendo el aseo en la habitación que había abandonado la otra pareja. Con el ceño fruncido, les consultó si habían compartido con los huéspedes que se habían alojado en ese cuarto y si habían intercambiado datos de contacto. Claudio respondió afirmativamente a ambas preguntas. La reacción de la señora los sorprendió: “¡Quemen el papelito con los datos de ese señor! Si se sacaron fotos, ¡quémenlas también!”. Ante la extrañeza de la pareja y sin mediar pregunta, la señora continuó: “¡Ese señor es el mismísimo diablo! Viene todos los años a cobrar almas al
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