48 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE valle del Elqui, que después se lleva al infierno y siempre se aloja en esta misma habitación”. Ante la perplejidad de los recién casados, la señora agregó que las tareas de aseo, además de aspirar o cambiar sábanas, incluían colgar ramas de ruda para limpiar la oscura energía con que quedaba cargada la habitación, tras la visita del supuesto demonio. Sin dudarlo un segundo, Claudio rompió en pedacitos la tarjeta de visita que le había entregado el enigmático personaje y trató de olvidar este encuentro para gozar los últimos días de unas inolvidables vacaciones. A la semana siguiente de haber regresado, la tragedia hizo olvidar los buenos momentos disfrutados: el padre de Paula falleció de forma inesperada y casi ochomeses más tarde, ocurrió lo mismo con su madre. Aún, ante tan triste escenario, fue inevitable recordar al supuesto diablo con que habían compartido esa noche en Pisco Elqui, que había tirado las cartas del tarot y pensaron que quizás había sido capaz de leer las desgracias que sobrevendrían en el futuro cercano de Paula y, por esa razón, no concluyó su lectura. Mucho tiempo después revelaron los rollos de todas las fotos que habían sacado durante la luna de miel y, entre ellas, apareció la fotografía que inmortalizó a las dos parejas que se habían conocido durante esa inolvidable jornada en el Hotel Elqui. La imagen también tenía una curiosidad: mientras los recién casados y la joven veinteañera salían con los ojos rojos, a causa del típico efecto de la luz del flash directo al rostro que provocaban las cámaras analógicas, el supuesto diablo era el único que no presentaba las consecuencias de ese efecto óptico: sus ojos aparecían de forma normal, como complemento a una enigmática sonrisa. Al ver la fotografía, recordaron la voz de la señora, advirtiéndoles respecto del personaje. No dudaron en romper la foto y la tiraron a la basura. Ya han transcurrido más de dos décadas desde entonces. Luego de escuchar esta historia, visitar Pisco Elqui se hacía mandatorio para conocer el hotel donde supuestamente se alojaba el diablo y, si había fortuna, conocer a algún testigo de su presencia. Para ello, conversamos con Julio Avilés, dueño y administrador del Hotel Elqui, le describimos la historia a grandes rasgos, pero lamentablemente no tenía mayores antecedentes respecto de esta historia. Eso sí que, por la naturaleza del relato, reconoció tener alguna idea de quién podría haber sido la señora que les advirtió a Claudio y a Paula de las periódicas visitas del diablo al valle del Elqui: se trataba de una funcionaria que había trabajado en el hotel hace mucho tiempo y que luego había renunciado, sin saber cuál sería su actual paradero. Y, si bien no nos aportó mayores pruebas que confirmaran al diablo como huésped del hotel, en cambio, nos compartió la sabrosa historia que relataremos a continuación.
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