212 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE Algunos de estos meicos se han hecho muy famosos. “Yo pude conocer a uno de ellos. Donde yo vivía cuando niño estaba el meico Soto, un hombre de campo que, pala en mano, trabajaba la tierra y tenía su huerta, pero cada cierto tiempo llegaba gente a visitarlo con enfermedades incurables, en búsqueda de sanación”, relata el profesor Trujillos. “Antes de la Reforma Agraria, mi papá era inquilino del fundo de Don Bernardo Pavez o Don Beño, que era un conocido meico de la zona”. Cuando el profesor tenía 13 o 14 años, recuerda haber estado jugando en la tierra cuando llegó una familia de afuerinos preguntando por el meico Soto. Los recién llegados traían a una guagüita de pocos meses de vida que había sido picada por una abeja en uno de sus ojos, que estaba extremadamente hinchado. Los padres habían visitado a diferentes médicos y todos concordaban con el mismo diagnóstico: no había nada por hacer, era cuestión de tiempo que el pequeño paciente perdiera ese globo ocular. El profesor los guió hacia donde estaba el curandero, quien fue a lavarse las manos y se dispuso a escucharlos. “Yo cobro caro por esto”, advirtió, y luego de que los padres confirmaron que el dinero no era obstáculo, procedió a observar con ojos sabios al lactante por largos y silenciosos minutos. Fue el propio meico quien rompió el silencio, indicándoles a los padres
RkJQdWJsaXNoZXIy MjA1NTIy