213 CON EL DIABLO EN EL CUERPO que debían comprar un par de remedios en la farmacia y aplicárselos al pequeñito en su ojo durante dos semanas. Cumplida la quincena, los padres debían regresar para mostrarle si el tratamiento había dado resultado. “Yo no estuve presente cuando regresó la familia con el pequeñito, pero fue un hecho que se comentó en toda la comunidad: a la guagüita se le había desinflamado el ojo y había recuperado la visión, pero ese milagro no fue suficiente para ocultar lo que era vox populien toda la localidad: que el meico Soto había recibido su poder a través de un pacto con el diablo”, concluye el profesor Trujillos. De esta manera, el don de los meicos demuestra que no todas las personas que entregan su alma al diablo lo hacen a cambio de fortuna. A algunos les basta con el poder, como un medio para conseguir respeto, autoridad y también riquezas. Las calaveras de vaca sirven como protección para espantar diablos y hechiceros.
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