168 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE su marido; sin embargo, en todas partes la respuesta fue negativa. Cerca del mediodía, don Juan de Dios llegó eufórico a la casa: “Mira, María, te lo dije, siempre te lo dije: un día iba a ser rico y aquí me tienes, lleno de plata”, tirando sobre la mesa un grueso fajo de billetes y monedas. “¿Y de dónde sacaste esa plata?”, le preguntó doña María, sospechando desconfiada. “De un socio que tengo, que me va a favorecer por largo tiempo”, respondió. “No me gusta nada ese socio tuyo”, contestó doña María. “¡Y a ti qué te importa! Querías plata y aquí hay plata”, zanjando la discusión don Juan de Dios, airado. Sospechando del dudoso origen del dinero que nunca le faltaba a su esposo, doña María jamás le pidió un solo peso y continuó ganándose la vida para sacar adelante a su familia. Por su parte, don Juan de Dios vivía y bebía con la tranquilidad de a quien siempre le tintinean las monedas en los bolsillos. “Sospechando del dudoso origen del dinero que nunca le faltaba a su esposo, Doña María jamás le pidió un solo peso y continuó ganándose la vida para sacar adelante a su familia”.
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