EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

152 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE —Amigo, dígame las nueve. —Amigo, no soy su amigo, pero se las diré: Nueve son los nueve meses; ocho son los ocho planetas; siete son los siete sacramentos; seis son las seis candelas; cinco son las cinco llagas; cuatro son los cuatro evangelistas; tres son las tres Marías; dos son las dos tablas de la ley por donde pasó Moisés por la casa santa de Jerusalén; una no es ninguna y siempre la Virgen pura. —Amigo, dígame las diez. —Amigo, no soy su amigo, pero se las diré: Diez son los diez mandamientos; nueve son los nueve meses; ocho son los ocho planetas; siete son los siete sacramentos; seis son las seis candelas; cinco son las cinco llagas; cuatro son los cuatro evangelistas; tres son las tres Marías; dos son las dos tablas de la ley por donde pasó Moisés por la casa santa de Jerusalén; una no es ninguna y siempre la Virgen pura. —Amigo, dígame las once. —Amigo, no soy su amigo, pero se las diré: Once son las once mil vírgenes; diez son los diez mandamientos; nueve son los nueve meses; ocho son los ocho planetas; siete son los siete sacramentos; seis son las seis candelas; cinco son las cinco llagas; cuatro son los cuatro evangelistas; tres son las tres Marías; dos son las dos tablas de la ley por donde pasó Moisés por la casa santa de Jerusalén; una no es ninguna y siempre la Virgen pura. —Amigo, dígame las doce. —Amigo, no soy su amigo, pero se las diré: Doce los doce apóstoles; once son las once mil vírgenes; diez son los diez mandamientos; nueve son los nueve meses; ocho son los ocho planetas; siete son los siete sacramentos; seis son las seis candelas; cinco son las cinco llagas; cuatro son los cuatro evangelistas; tres son las tres Marías; dos son las dos tablas de la ley por donde pasó Moisés por la casa santa de Jerusalén; una no es ninguna y siempre la Virgen pura. —Amigo, dígame las trece. —Amigo, no soy su amigo, pero se las diré: Quien de doce pasa a trece solo el infierno merece… ¡Reviéntate, diablo!

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