12 El Mandinga HISTORIAS DEL DIABLO EN LA ZONA CENTRAL DE CHILE Todos estos nombres —y muchos más— son útiles para caracterizar al “Maligno”, el terrorífico personaje con que la tradición judeocristiana ha amedrentado a diferentes generaciones en occidente. Se trata del personaje que, por medio de tentaciones, lleva a las personas por el mal camino del pecado, y que termina condenando a sus almas para transformarse en el combustible que hace arder las llamas del infierno por toda la eternidad. En la cita del Nuevo Testamento que encabeza esta introducción, se describe una escena en la que Jesús visita un endemoniado. Antes de exorcizarlo, le pregunta su nombre y el demonio le responde: “Mi nombre es legión, pues somos muchos”. Y así como ese endemoniado afirmaba estar poseído por muchas entidades malignas, también podemos afirmar que el diablo chileno es una “legión” de muchos diablos, dependiendo del territorio, y también son muchos los nombres que recibe, que hablan de nuestra capacidad de poner sobrenombres, pero también de la reticencia de las personas por pronunciar la palabra diablo, como si el solo hecho de mencionar su nombre fuera una manera de invocarlo. En su libro “Folclor chileno”, Oreste Plath recopila un extenso listado de nombres utilizados a lo largo de nuestro territorio para designar al diablo o, por el contrario, para evitar mencionar su nombre: Azufrado, Cachos de Palo, Cachudo, Caifás, Chambeco, Cola de Ballico, Cola de Flecha, Coludo, Colulo, Cuco, Demontre, Destalonado, Diacho, Diantre, Empelotado, Enemigo, Enemigo Capital, Faramalla, Garrúo, Grandote, Lucifer, Malo, Maldito, Maligno, Malulo, Malvado, Mandinga, Matoco, Maulino, Mekola, Mentao, Patas de Hilo, Patas Largas, Patas Verdes, Patetas, Patillas, Pedro Botero, Perverso, Racucho, Rey o Señor de los Infiernos, Rey o Señor de las Tinieblas, Siete Pecheras, Siete Cruces, Tapatarros, Tentación y Tiznado. A este largo listado, podemos añadir tres que descubrimos durante esta investigación: el Caballero, el Discreto y el Pije. De este diablo chileno se dice que es un huaso elegante y de buen porte, patrón de fundo; que siempre viste de negro, con mantas de castilla o chamantos de Doñihue; que cuando sonríe reluce un brillante diente de oro; que monta un corcel negro, como la noche, y que siempre calza una sola espuela en la bota izquierda. Así lo testimonia la tonada “El diablo”, de autor desconocido:
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