11 PRÓLOGO El diablo chileno : Caracterizando al personaje “Y Jesús le preguntó: ‘¿Cómo te llamas?’. Y él le dijo: ‘Mi nombre es Legión, pues somos muchos’”. (Marcos 5:9) Antes de empezar a hablar del diablo y su presencia en distintas tradiciones materiales e inmateriales de nuestro país, creemos que es fundamental caracterizar al personaje protagónico, de quien se han tejido tantas historias. Cabe señalar que tiene múltiples nombres y denominaciones, que pueden dividirse entre lo formal y religioso, y entre lo coloquial e informal, que corresponden a la manera en que las personas, a lo largo de la historia, se han ido relacionando con este misterioso personaje. La palabra diablo proviene del latín diabŏlus, que fue adoptada del griegoδιάβολος (diábolos), que significa el que separa o divide, y crea odios, envidia o cólera. Otra interpretación es “el calumniador”. Esta palabra ya era utilizada en textos griegos en el siglo V a. C. y, posteriormente, fue adoptada por los padres del cristianismo para nombrar al espíritu del mal. Al igual que en el caso anterior, la palabra demonio proviene del latín daemonĭum, y esta del griegoδαιμόνιον (daimónion), variante deδαίμων (dáimôn), que originariamente significaba espíritu o deidad, pero no necesariamente de carácter maligno. Con el advenimiento del cristianismo, la palabra δαίµων empezó relacionarse con la máxima encarnación del mal. Por su parte, el vocablo nace del arameo ןָטָּׂשַה , (ha-shatán), que significa adversario, enemigo, acusador, y del árabe ناطيش (shaitán), que es el nombre con el que las religiones abrahámicas designaban a una entidad que representa la máxima personificación del mal. Se cree que la Iglesia adoptó esta palabra para designar al diablo por provenir de una lengua considerada “sucia”, como el árabe. PRÓLOGO
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