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53 Febrero Entre los meses de enero y marzo, se realiza la ceremonia de marcaje de ganado, k’illpa. En ella, cada familia florea a los animales, se sahuman, se les cantan canciones y se honran. Al mismo tiempo, se hacen ofrendas y se hacen rogativas para que la producción sea abundante. Desde diversos autores (Mamani, 2017, es el principal referente), se considera que la k’illpa -vocablo que alude al acto de marcar al animal a través de un corte- tiene por gran finalidad legitimar la propiedad colectiva a la vez que reafirmar el sistema de creencias, símbolos y significados dentro del mundo andino. Esto puede verse reflejado en lo siguiente: la propiedad colectiva en la k’illpa es familiar, ya que siempre es una familia nuclear la que florea y marca a los animales con características distintivas para esa tropa, mientras que los corrales colectivos suelen ser propiedad de la familia extensa. Niños y niñas tienen animales, porque es tradición regalárselos. Año a año, esos animales se van reproduciendo, llegando a mayores con una pequeña tropa ya conformada. La importancia de tener una tropa -por pequeña que sea- en el altiplano, es radical. De las llamas y las alpacas se sacó ancestralmente la lana para vestir y se consiguió el alimento. También la compañía y guía para transitar prósperamente por tierras de un frío extremo, gran sequedad y una amplitud considerable en la escala térmica. Por otra parte, los elementos dentro del ritual de la k’illpa materializan la cosmovisión andina. A través del titi -del que su padre le decía que se le aparecía porque iba a ser ganadero-, las hierbas medicinales, las canciones -siempre cantadas en aymara- y las danzas, se reafirma un sistema de culto y creencias asociado a los elementos de la naturaleza y a la conexión que con ellos cultiva la Imágenes del antiguo corral para monta dirigida, Ancara. Registro personal.

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