HISTORIAS, MEMORIA RURAL Y FUTURO: a 50 años del Golpe de Estado

HISTORIAS, MEMORIA RURAL Y FUTURO: A 50 años del Golpe de Estado ~201~ Jaime Ortiz, hijo de una de las víctimas de Paine recuerda que “mi mamá tuvo que repartirnos por todas partes para que nosotros pudiéramos vivir… y eso sí, recordarme que a mi papá se lo llevaron, que tenía siete años yo cuando lo fueron a buscar en un camión”299. Celinda Silva, hija de Luis Silva Carreño, desaparecido, recuerda: “yo tenía catorce años cuando se llevaron a papá. ¿Cómo sobrevivimos? Mi hermano de trece años tuvo que tomar el mando de la casa, salir a trabajar por la casa, y preocuparse un poco, porque le había quedado cosecha, animales, esas cosas, y por la inexperiencia, se murieron los animales, se murieron todos… Después, mi mamá tuvo que salir a trabajar al campo, cortar porotos, rastrojos de papas, donde había algo para poder sobrevivir. Y lo que más me marcó que mi mamá nunca quiso repartir los hijos, no, mi mami dijo si piedras tendré que comer, piedras voy a comer con mis siete hijos”300. 299 Focus Group con la Agrupación de Ejecutados y Detenidos Desaparecidos de Paine. Paine, 3 de mayo de 2023. 300 Id. Uno tuvo que buscárselas para sobrevivir, arar la tierra, sembrar, picar leña, sacar corteza de ulmo… Sentada en la cama me amanecía tejiendo chombas. Lo esperaba siempre pensando que iba a llegar. Hice lo que pude para no tener que vender los pocos animales que tenía. Pero después de a uno los fui vendiendo. ¿Qué iba a hacer? Mis hijos tenían que estudiar y comer. Ana Vergara Montoya. Patricia Molina, presidenta de Confederación La Voz del Campo, reiteró el rol de las mujeres sobrevivientes luego del golpe: “la primera denuncia que se hizo sobre fusilamientos masivos fue la de Mulchén. Y esa la hizo mi madre, que era la única persona que se podía desplazar hasta un cierto punto desde nuestra casa a algún lugar porque todos estábamos, digamos, bajo detención. Ella pudo hacer eso, porque ella era evangélica y manejaba su biblia bajo el brazo y con esa biblia iba a la Fiscalía, iba a ver los presos, iba a constatar quienes caían detenidos, le predicaba al capitán, al teniente, a todos los que pillaba”. Alicia Martínez, evangélica, lideró un capítulo épico que protagonizaron las viudas de los dieciocho campesinos asesinados en El Morro, El Carmen y Maitenes, y Pemehue, localidades de la Reserva Malleco. Rompieron el cerco impuesto por los uniformados, que las mantenían cautivas de hecho en sus casas, y se presentaron en la Fiscalía del Regimiento de Los Ángeles, exigiendo investigación y

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