HISTORIAS, MEMORIA RURAL Y FUTURO: a 50 años del Golpe de Estado

HISTORIAS, MEMORIA RURAL Y FUTURO: A 50 años del Golpe de Estado ~200~ Como se relata en Chile la memoria prohibida, son mujeres las que salen a buscar a sus maridos una vez que estos han sido secuestrados por las patrullas de civiles, militares y carabineros. En el fundo El Carmen, Mulchén, se sabe que, luego de las ejecuciones, las patrullas permanecieron tres días. Cuando se van, son mujeres las que se atreven a salir de sus casas para iniciar la búsqueda: María Carrasco Rosales –cónyuge de Alberto Albornoz-, una mujer de nombre Gloria –cónyuge de Fernando Gutiérrez-, María Medina Bustamante y la esposa e hijos de Gerónimo Sandoval… se lanzaron a rastrear los parajes del fundo”295. Es que son ellas las que cargarán, sobre sus hombros, cuando ello sea posible, la responsabilidad de no solo buscar a sus esposos o padres, sino también de hacer sobrevivir a sus hijos. Marina, hija de una de las víctimas, José Rubilar Gutiérrez, del fundo El Carmen recuerda que su mamá tuvo que separar a sus hijos y entregarlos para poder sobrevivir. “Soy muy cercana a mi mamá y porque la he entendido de que no fue porque ella quiso hacerlo así, no había forma de alimentarnos y siendo nosotros muy chicos. Yo soy la segunda y de ahí vienen mis dos hermanos más chicos”296. Ana Jesús Vergara Montoya, buscó a su marido, Rosendo Rebolledo Méndez, trabajador del complejo Panguipulli, ejecutado. Lo buscó en Valdivia, Río Bueno, La Unión, y en la IV División del ejército en Valdivia, allí se enteró de que “había sido dado de baja”. Ella recuerda cómo fueron los tiempos después de la muerte de su esposo: “Uno tuvo que buscárselas para sobrevivir, arar la tierra, sembrar, picar leña, sacar corteza de ulmo… Sentada en la cama me amanecía tejiendo chombas. Lo esperaba siempre pensando que iba a llegar. Hice lo que pude para no tener que vender los pocos animales que tenía. Pero después de a uno los fui vendiendo. ¿Qué iba a hacer? Mis hijos tenían que estudiar y comer”297. Mirta Torres, esposa de Ricardo Ruiz Rodríguez, ejecutado del Complejo Maderero, recuerda que “mis hijos crecían entre la pena y la marginación, nadie los saludaba por ser hijos de Ricardo, todos se habían vuelto anticomunistas, a mí no me decían ni buenos días. Me daba rabia, se les había olvidado todo, todos guardaban silencio. Nadie me decía "te vamos a ayudar con los hijos”298. 295 Eugenio Ahumada et als., Chile: la memoria prohibida: las violaciones a los derechos humanos 1973-1983; Pehuén, 1989, pág. 252. 296 Conversación citada con Marina Rubilar. 297 Hugo Araya, Las matanzas del complejo maderero y forestal Panguipulli, op, cit., pág. 167. 298 Id, pág. 173. ¿Y qué pasó cuando los campesinos ya no estuvieron? El destacado rol de las mujeres

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