Productos agrícolas FRUTOS 94 Una de las características inconfundibles del secano costero de la Región del Maule son sus paisajes vitivinícolas: “es fruto del trabajo del viñador, que es el territorio de la arquitectura tradicional y que nos cuenta una historia de una suma de personas que han pasado en el tiempo. Es la unión de la naturaleza y cultura” (Soto, 2015, 71). En el siglo XVII “los valles vinícolas de Cauquenes, Linares e Itata formaron parte integral de lo que los cronistas y viajeros llamaron ‘el vino de Concepción’. Las denominaciones por provincias o valles son posteriores” (Díaz, 2020, 12). En la primera mitad del siglo XVIII la industria vitivinícola en el Maule fue la principal actividad económica (Lacoste, 2006, 23). Con el pasar de los siglos, varios viñedos fueron desapareciendo o cambiando su uso de suelo. “[Antiguamente] casi todos tenían una pequeña plantación de viñas, donde sacaban como la materia prima para la producción de lo demás porque la gente antes utilizaba mucho el sistema de trabajo colectivo, que era a través de los mingacos, la trilla, bueno, todo se hacía de forma colectiva y la forma de retribuir era con una buena comida y con harto vino” (Eduardo Cancino Bravo, Name, Empedrado). Vino Eduardo Cancino Bravo, originario de la localidad de Name en la comuna de Empedrado, continúa manteniendo el paisaje vitivinícola con parras rústicas de uva negra variedad país, “de un metro de altura, de racimos homogéneos, granos de piel negra, suave y pulpa lila verdosa de sabor dulce. Se usa para vinos tintos corrientes, chicha y consumo fresco” (Manzur, 2012, 261). Uno de los vinos que se produce de forma artesanal y a baja escala es el que se ha denominado “name chusco”, un vino seco. La cosecha parte en marzo y fines de abril y se realiza a mano. Posteriormente la uva pasa por la zaranda: “Es de un tipo de coligüe, nosotros le llamamos quila. Acá se muele la uva, se saca el escobajo que es la ramita del racimo y cae dentro la uva semimolida. [...] se va restregando, cae abajo y eso se deja fermentar. Cada uno tiene su receta, yo lo dejo más o menos, por lo menos de 15 días [...] hay otras personas en el sector que lo dejan un mes. Hago la mezcla [...] a veces asoleo la uva 15 días y al molerla la mezclo con uva recién cortada. Y eso hace que quede con un pequeño dulzor, pero fundamentalmente porque uno se lo toma en cualquier ocasión, si le van a acompañar algunas comidas o tomarlo así solito”.
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