Patrimonio Alimentario Maule

28 Patrimonio Alimentario de Chile EL MAULE PRECOLOMBINO Y SU REGISTRO ARQUEOLÓGICO La arqueología ha identificado dos períodos de ocupación humana en la Región del Maule. El primero, conocido como período Arcaico, abarca desde el año 10.000 a. C. hasta el 300 a. C., mientras que el segundo, denominado período Alfarero, se extiende desde el año 300 a. C. hasta el siglo XVIII. Los primeros indicios de la presencia humana por las tierras del Maule se remontan hacia el año 8.000 a. C., durante el cambio climático en la zona central de Chile (Valparaíso, Santiago, O’Higgins y Maule), caracterizado por un clima más cálido y húmedo, la pérdida gradual de hábitats como bosques, praderas y grandes lagos, y el fin de la megafauna, como el caballo americano, el ciervo antifer y el mastodonte. El sitio de Tutuquén, cerca de Curicó, proporciona la evidencia arqueológica más antigua de la Región del Maule. Los estudios arqueológicos indican que fue ocupado alrededor del año 8.000 a. C. por bandas de cazadores recolectores y que continuó siendo habitado hasta el año 800 d. C. por grupos de cultura alfarera. Tutuquén desempeñó un papel central en la vida cotidiana de estas comunidades y también sirvió como sitio de entierro. Las bandas de cazadoresrecolectores se distinguieron por su movilidad y el uso predominante de la piedra para la elaboración de herramientas, complementada con la concha, el hueso y la madera (Correa Girrulat y Carrasco Lagos, 2017). Además de Tutuquén, se hallaron restos arqueológicos en localidades costeras como Cardonal, Loanco, Pahuil, Pelluhue y Reloca, donde estas bandas habitaron aproximadamente entre el año 7.000 a. C. y el año 0. Se evidencia una complementación entre los recursos marinos y la variada fauna y flora de lagunas y vegas estacionales asociadas a las desembocaduras de esteros y ríos. Estas comunidades se dedicaron a la caza, pesca y recolección, estableciendo asentamientos, áreas de molienda y talleres líticos. El repertorio de herramientas incluyó afiladores, anzuelos, cuchillos, manos de moler, pendientes, pesas de red, puntas de proyectil, punzones, raspadores y sobadores, adecuados para la fabricación de utensilios, el faenamiento de animales, la molienda, la pesca, y la preparación de cueros, entre otras actividades. Durante el período Arcaico, también se evidencia la ocupación humana en la zona cordillerana. Hacia el año 4.500 a. C., grupos dedicados a la caza y la recolección ocuparon el Radal Siete Tazas, particularmente las zonas boscosas, pastizales y vegas. Estos grupos utilizaron grandes bloques de piedra —conocidos como piedras tacitas debido a los característicos orificios que dejaron—, como los hallados en Vilches Alto, para llevar a cabo actividades de molienda, procesamiento de granos, semillas y otras partes de plantas comestibles. Este hecho indica una mayor relevancia de los recursos vegetales en la dieta y la economía de estos grupos humanos (Arenas González et al, 2014, Correa Girrulat y Carrasco Lagos, 2017). El período Alfarero se distingue por la fabricación y uso de objetos cerámicos a partir del año 300 a. C., como lo evidencia el hallazgo arqueológico en las cuevas de Quivolgo. A diferencia del Arcaico, este período abarca a sociedades con diversas características, incluyendo tanto jerarquizadas como no jerarquizadas, así como comunidades nómadas y sedentarias. La introducción de la cerámica como una tecnología emergente sugiere un avance en las habilidades de fabricación y una posible intensificación en la producción y almacenamiento de alimentos. Este cambio marcó un hito importante en las prácticas culturales y tecnológicas de las comunidades, con implicaciones significativas en su estilo de vida y su relación con el entorno. Estos grupos humanos aprovecharon recursos vegetales como la palma chilena y el peumo,

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