Patrimonio Alimentario Maule

220 PREPARACIONES DULCES Tortas curicanas La menor de tres hermanas, destinada al cuidado de sus padres, no imaginaba que al introducirse en el mundo de la pastelería para sortear las adversidades económicas —provocadas por la enfermedad y postración de su padre—, se convertiría en una empresaria reconocida y dejaría un legado imborrable en la memoria gastronómica de Curicó y de toda la Región del Maule. Cristobalina Montero comenzó elaborando tortas con los elementos disponibles en su despensa y en el campo. Según palabras de su bisnieto Juan Pablo Asenjo, su originalidad consistió en que “ella hizo un dulce, una torta, que tú lo relacionas con aniversario, con cumpleaños, con darle alegría a un niño, a cualquier persona, pero lo hizo portable. Que tú lo vayas a echar en un bolso, en tu terno, en una maleta” (Curicó). Esta innovación tiene estrecha relación con la inauguración de la línea férrea de Santiago al sur de Chile en 1866, conocida como el Ferrocarril del Sur, que incluía una estación en Curicó y posteriormente, con la incorporación del ramal Curicó-Hualañé. De hecho, tras el terremoto de 1906, la segunda ubicación de la fábrica quedó a tan solo dos cuadras de la estación, facilitando así la venta de tortas a los pasajeros del tren. La popularidad de estas tortas fue tal que las vendedoras, conocidas como "palomitas" —mujeres de delantal blanco y canasto de mimbre—, hicieron que la estación de trenes de Curicó fuera conocida como "la estación de las tortas". Hasta el día de hoy, las tortas curicanas siguen siendo parte de la memoria colectiva de la ciudad. El inicio formal de esta empresa fue en 1891 con su inscripción en el Registro de Comercio de Chile bajo el nombre Cristobalina Montero y Cía. Ltda., aunque las primeras tortas comercializadas datan de 1870. Actualmente, aunque algunos procesos han sido modernizados e industrializados para optimizar tiempos y cumplir con normas sanitarias, se mantiene la esencia de la receta original. Como explica Juan Pablo Asenjo: “Obviamente tú sabes que han cambiado las materias grasas. Antiguamente era manteca, manteca y cerdo. Era grasa, grasa y vacuno. No había margarina. Los emulsionantes eran otros. Las harinas eran otras” (Curicó). Respecto a su composición, la torta curicana es descrita por Juan Pablo Asenjo como una “hojarasca en capa, manjar con diferentes sabores [...] por fuera revocado, prácticamente lo mismo: almendra, nueces, coco rallado y azúcar, por supuesto”. Para su preparación no se requieren muchos ingredientes, pero la clave está en utilizar un buen manjar y huevos de calidad. Para las hojarascas, se mezclan yemas, vinagre y mantequilla blanda hasta formar una masa homogénea y no pegajosa. Esta masa debe reposar al menos media hora, tapada sobre una superficie limpia. Luego se divide en varias partes y se uslerea hasta conseguir una masa delgada; se corta en círculos y se hornea en un horno precalentado por aproximadamente 10 minutos. Este proceso se repite hasta utilizar toda la masa. Una vez frías las hojarascas, se arma la torta intercalando capas de hojarasca con capas generosas de manjar. Para finalizar, se puede espolvorear por encima y los costados con azúcar y nueces.

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