76 y cientos de petroglifos, como los de los valles de Camarones y Codpa, con representaciones visuales de la ganadería y el tráfico caravanero (Conversación personal. Rolando Manzano Rada y Magdalena García). De esta manera, la crianza de llamas y alpacas y la consolidación de la movilidad a larga distancia permitieron ir integrando las distintas regiones y el mosaico cultural que caracteriza el mundo andino con pueblos que tenían, y aún tienen, diferentes lenguas y costumbres, preparando el camino de lo que fue posteriormente la expansión del imperio incaico o Tawantinsuyu durante el siglo XV y XVI, proceso que vio llegar su final con la invasión hispana. Estas conexiones se ven reflejadas en la imagen de la siguiente página, donde se da cuenta de las rutas que unían a la región de mar a cordillera. En el artículo de la investigadora citada, “Arqueología y memoria de los caminantes de la precordillera de Camarones, Sierra de Arica”, se puede leer en las conclusiones que Finalmente, la memoria vinculada con estas modalidades permite comenzar a identificar y documentar a quienes transitaron por estas rutas durante la segunda mitad del siglo XX. A estos actores nos referimos genéricamente como agricultores de Camarones, agricultores de Codpa, pastores de Mulluri, pastores de otras comunidades del altiplano Carangas y marchantes de Bolivia. Cada uno de ellos hacía usos distintos de los caminos, con sus propios tiempos y circuitos, todo lo cual nos permite concluir que hasta por lo menos la década del setenta, cuando se cerraron las fronteras con Bolivia, coexistían distintos sistemas y modalidades de tránsito y tráfico que generaron movimientos en distintas direcciones, verticales y longitudinales, los que en última instancia permiten relativizar la visión altiplanocéntrica de la movilidad. (p. 246, García y Ajata, 2016) Solamente en la comuna de Arica habita más de ⅓ de la población nacional que se identifica como aymara (González Carrasco y Gónzalez Cortéz, 2019). La relevancia de esta comuna es notable si se la entiende como sector estratégico -en el que la habitabilidad se suele articular en un sistema que comprende la residencia múltiple, la tenencia de tierras, de animales, de familiares o a través del vínculo con festividades en zonas rurales- a partir del cual las organizaciones canalizan sus demandas o, incluso, se organizan con agrupaciones de pueblos originarios de otros territorios para perseguir fines comunes. Considerando la importancia de Arica por las razones mencionadas, un hito relevante es la creación de ARUPACHA (Comunidad cultural aymara para el desarrollo andino) en 1983 desde los movimientos estudiantiles organizados que, al poco tiempo, se abren a la comunidad en general. Entre sus preceptos, se lee: La fe cósmica de nuestros abuelos se manifestaba considerándose dentro de la naturaleza: como todos nacemos de la tierra que es Pachamama, todos somos hermanos, para vivir en armonía (...) es necesario una distribución equitativa de los bienes y servicios y el trabajo; en consecuencia, la situación económica es el cultivo de las buenas relaciones sociales (...) Para todo aymara no existe la cesantía (categoría impuesta colonial y dependiente). El trabajo lo crea el deber, porque la vida adquiere categorías con las actividades diarias. Por ello el trabajo es felicidad y vida. Chipana, 1985, p. 447 En el mismo texto citado (Chipana, 1985) se hace mención a otras dos agrupaciones sumamente relevantes dentro de la ciudad de Arica que, en conversación con diversos ganaderos, han sido identificadas como fundamentales dentro de
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