DE PASTORAS, PASTORES Y MEMORIA | LA GANADERÍA CAMÉLIDA EN LA REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA

62 Pirca. Imagen proporcionada por Jesús Mellado. Don Marcos Jiménez, criado en Guallatire con su familia, considera que el Estado está en deuda con los pueblos originarios, afirmando que la burocracia es tanta para acceder a algún tipo de ayuda que, finalmente, se termina “chocando”, dice, “y no se realiza nada”. Mientras don Marcos hablaba, se veían pasar detrás de él los camiones de empresas extractivistas que operan cerca de los corrales. En particular, el corral en el que trabajamos -de la familia Jiménez Mamani- se sitúa junto al camino, razón por la cual el polvo que levantan los camiones le llega permanentemente al corral, al ganado, a las y los ganaderos. El presidente de la comunidad indígena de Guallatire habla de una nube de polvo que produce el paso de 100 camiones solo en la mañana, y que contamina a los animales y a los adultos mayores: “estamos matando el ecosistema”, dice. Ni el Estado ni las empresas, sin embargo, se responsabilizan para mejorar el camino. Don Marcos considera que eso no les permite avanzar y, por lo mismo, se organizan de modo autogestionado y comunitario para mejorar ellos y ellas mismas las condiciones de su poblado. La estructura del ayni consiste en una familia, que es la que recibe, prepara comida y refrescos para las y los convidados y, por otra parte, están quienes asisten, que aportan a esa familia con su trabajo. Cada vez le corresponde a un vecino o vecina de Guallatire. Don Marcos comenta que en la asociación de Guallatire son alrededor de 25 personas. Siendo los ayni una vez al mes, resulta imposible ayudar a todas las familias en un año. Por esto, hacen un sorteo y se decide a qué 5 o 6 familias se

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