19 Se abría el espacio con una conversación en torno a las situaciones que les hayan acercado a la ganadería. Siendo el rango etario de 50 a 65 años en la mayoría de los casos, la respuesta casi inmediata era: yo siempre he estado con el ganado. Fui criada con el ganado (Marcela Gómez, Camarones; tres ganaderas de Caquena). Si bien el llamado siempre fue abierto, la participación se remitió, salvo contadas excepciones,10 a una generación particular: aquella que tuvo que emigrar de sus territorios; esa que vive entre cemento, pero que nació entre los bofedales, pajonales y tolares. “Yo abrí los ojos viendo los ganaditos”, dijo un ganadero cuando iniciábamos la dinámica en Caquena. Luego, se invitó a los ganaderos y ganaderas a recordar una experiencia en su vida -relacionada con la ganadería- que les haya marcado. Estas memorias biográficas eran escritas en un papel y, luego, colgadas en el cordel que, a su vez, simbolizaba una línea de tiempo11 cuyos marcadores temporales fueron determinados por periodos de diez años. Siempre se dio la posibilidad de ir tan atrás en el tiempo como quisieran o tan adelante como estimaran conveniente proyectar. Al colgar sus papeles, compartían su recuerdo con el resto del grupo. Esto permitía que, al escuchar los relatos personales, otras memorias se activaran. La siguiente etapa se dirigió a la reconstrucción colectiva de memorias. En conjunto, elaboraron un punteo sobre los hitos más importantes dentro de la historia de la ganadería en sus territorios. Para evitar la influencia entre las respuestas, se pidió que primero escribieran12 en los papeles los momentos significativos en la historia ganadera. Estos segundos papeles incluyeron un espacio para anotar su nombre y edad. Finalmente, se les preguntó: ¿consideran que es importante preservar la memoria de las comunidades y, en particular, de la práctica ganadera? Esta última pregunta solía ser donde más se extendían las conversaciones entre ganaderos y ganaderas. También, en la mayoría de las ocasiones, fue en este momento cuando emergieron de la conversación los sentidos más profundos otorgados al recuerdo, la memoria y a sus ancestros y ancestras. 10. Hubo también, aunque en la minoría de los casos, asistencia de ganaderos y ganaderas que seguían viviendo en sus estancias con su ganado. 11. La cuestión de plantear el tiempo de forma lineal a través de un cordel también fue motivo de duda preliminar. Bien pudo ser representado el tiempo de modo circular o, más bien, como una red. Solamente se prefirió la opción escogida por una cuestión de recursos y de eficiencia: se consideró más simple de entender, trabajar y manipular. El llamado, de todos modos, es a complejizar este primer acercamiento a la línea temporal, problematizar la concepción de tiempo que se desarrolla en el altiplano y en la propia práctica ganadera: cómo sus ritmos, ciclos, redes familiares y de vínculos entre los seres que conviven en los tres planos, Manqha Pacha, Alax Pacha y Aka Pacha, configuran una dimensión única de la temporalidad aymara. 12. A pesar del carácter de estas dinámicas fuertemente enfocado y definido por la lecto-escritura, se considera esencial visibilizar, nombrar y normalizar la actividad ágrafa, entendiendo la dinámica institucional como parte más de un condicionamiento impuesto por quienes invadieron este territorio, quienes poco a poco fueron forjando un tipo de educación donde la lecto-escritura es un eje fundamental. La tradición oral tiene una radical importancia en la preservación de la memoria de los pueblos. Siempre se contempló asistir a quienes precisaran apoyo para poner en papel su memoria, así como también se dio la posibilidad de, simplemente, decir a viva voz cuál era su recuerdo (debido a que, siempre con el consentimiento de los y las participantes, fueron grabados los audios de los encuentros).
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