DE PASTORAS, PASTORES Y MEMORIA | LA GANADERÍA CAMÉLIDA EN LA REGIÓN DE ARICA Y PARINACOTA

13 A partir de la revisión bibliográfica sobre la historia de la ganadería en la región, las etnografías publicadas, las voces involucradas en las dinámicas participativas mencionadas3 y las entrevistas semi-estructuradas, se establecieron categorías relevantes -según su recurrencia- a partir de las cuales se plantea y presenta el texto a continuación. Tenemos conciencia, sin embargo, de que esta iniciativa es una primera aproximación a la gran labor de levantar una narración de carácter comunitario en torno a la práctica ganadera, focalizada en las memorias compartidas y los significados colectivos que a estas se atribuyen. Se anima a quienes tomen esta posta a que, en trabajos posteriores, este material pueda ser reflexionado entre los ganaderos y ganaderas, quienes tienen la labor y el derecho de realizar un diagnóstico con esta nueva información de la que disponen, profundizando así en lo que estimen pertinente y modificando lo que consideren deba ser replanteado. Ahora bien, ¿cómo narrar la historia? El abordaje de esta cuestión fue hecho desde dos lentes: uno que consideró lo instituido y, otro, que consideró lo instituyente (Dardot, 2019). Los conceptos hacen referencia, por una parte, al armazón construido y edificado por los poderes de sujeción que, a fin de cuentas, son principalmente dos: Estado-Nación e Iglesia. A partir de estos dos gigantes, se despliegan otros miles de poderes, al día de hoy, ya completamente instituidos como lo son: la moral judeo-cristiana, la escolarización 3. Siendo estas transcritas y analizadas a través de un software con el cual fueron generadas nubes de palabras. No sucedió así con el resto del material que fue, más bien, utilizado como apoyo para dialogar o sostener esa conversación que, consideramos, es la más relevante: esa que se dio entre ganaderos y ganaderas durante las construcciones de líneas temporales. 4. Los nudos críticos son, por regla general, la acumulación de poder o de riquezas por parte de una porción del grupo en desmedro del resto, que suele ser la mayoría. Cuando pocas personas se benefician de muchas, es improbable pensar que esa situación pueda mantenerse por demasiado tiempo. Esto, debido a que es una situación de desequilibrio e inestabilidad. grafa y eurocéntrica, el cuerpo normativo de corte francés, la militarización de corte prusiano, las dinámicas de consumo neoliberales, el extractivismo, la medicina farmacológica, etc. Por otra parte, está lo instituyente: aquello que permite el escape del vapor en una olla a presión (Turner, 1969). Si se piensa en la imagen de la olla a presión, los momentos extracotidianos o de excepción dentro de un grupo humano son aquellos que permitirían canalizar tensiones -el vapor de la olla- a través de fugas instituidas como: inversión de roles, supresión de las normas morales, sacrificio del chivo expiatorio, etc. Puede verse esto, por ejemplo, durante los periodos de carnavales, comunes a demasiadas culturas -y presentes en la región-, o en la inmolación de un ser al que se hace cargar con la responsabilidad del problema que aqueja a un grupo disipando, a través de su sacrificio, la sensación de injusticia o bien satisfaciendo la necesidad de atribuir a alguien la culpa de ese mal. Cuando la distensión de estos nudos críticos4 no se produce, sino que se acumula y rigidiza más, entonces la sociedad se vuelve porosa y esta molestia, necesidad o exigencia, emana por cada rincón del cuerpo social, el que desgastado, cansado, explotado, vulnerado, etc., suele dar paso a las revoluciones y grandes transformaciones sociales. Lo instituyente, entonces, es eso que aún no ha sido instituido: lo que es movilizado por las intenciones, los deseos y la organización de las comunidades; es lo subalterno, lo que no posee el poder ni tampoco, siquiera, la definición de lo que es. Pero, aún invisible: está ahí.

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