EL MANDINGA :: Historias del diablo en la zona central de Chile

73 Ubicado a 21,3 km del corazón de Santiago, Pirque (del quechua, “trabajo de mineros”) es destino frecuente para ciclistas de ruta durante los fines de semana, quienes aprovechan sus caminos que combinan curvas, desafiantes subidas y vertiginosas bajadas en un espectacular entorno natural, además de representar un atractivo turístico cercano a la capital. Aquí las viñas constituyen un imán que, hasta antes de la pandemia de COVID-19, atraía a una importante cantidad de visitantes nacionales y extranjeros. No obstante, se trata de una comuna con evidentes dificultades de acceso; en la actualidad, en horas punta, el trayecto entre Santiago y Pirque puede llegar a demorar más de noventa minutos. Si esto ocurre hoy, es cosa de imaginar su impenetrabilidad hace ciento cincuenta o ciento ochenta años. El río Maipo es el límite natural que separa Pirque de Santiago y su principal entrada lo constituye el puente San Ramón. Luego de atravesarlo, los visitantes ingresan a una localidad donde pareciera que el tiempo transcurre a una velocidad propia, ralentizada, en una suerte de “microclima” donde la tranquilidad y el silencio son las fuerzas que gobiernan. Esa condición de aislamiento ha generado en su entorno y sus habitantes una cierta consciencia de isla y, como consecuencia de ello, a lo largo de su historia, desarrolló una mitología propia, encapsulada en el territorio, donde el diablo es actor protagónico y sus leyendas reverberan hasta en el más recóndito callejón de la comuna y crecen con el transcurso de los años. En nuestro país, particularmente en la zona central, existen varios pueblos y ciudades donde las leyendas asociadas al diablo forman parte de una herencia que se ha ido traspasando oralmente, de generación en generación; sin embargo, su origen es difuso y se extravía en la niebla del olvido. En el caso de Pirque, las historias protagonizadas por el Cola de Flecha dicen relación con un hito que está marcado a fuego en la historia y la memoria de la comuna: la construcción del canal La Sirena, que transformó la actividad agrícola, modificó la relación del ser humano con la tierra y también dio origen a múltiples mitos asociados con el Mandinga, que prendieron como un reguero de pólvora. Hasta antes de la canalización del río, Pirque era un territorio de carácter desértico, de solana, en nada similar al verdor que lo caracteriza actualmente. El principal medio de subsistencia era la agricultura tradicional campesina, de chacarería, que obligaba a sus habitantes a descender a la orilla del río y subir con contenedores con agua para irrigar la tierra. DONDE EL DIABLO PERDIÓ EL PONCHO

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